El Gobierno, el plan rescate y la idoneidad

El Gobierno, el plan rescate y la idoneidad

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De cal y de arena

La administración del presidente Solís Rivera desgastó imperdonablemente su capital político en los dos primeros años de su mandato. Quizás su tránsito no le hubiera sido tan accidentado de haber puesto ojos y oídos en el Plan Rescate, la hoja de ruta que se trazó este gobierno para guiar su marcha y orientar sus decisiones. No lo hizo y ello no solamente le deparó un choque a lo interno del partido en cuyos hombros obtuvo el triunfo electoral; también le dio a la oposición una inesperada cantera para golpearle.

En el mismo inicio del ejercicio presidencial despuntó como importante problema político la escogencia de los funcionarios que habrían de llenar las carteras de gobierno y las presidencias en el sector de las autónomas. Si se esmeró el presidente en llamar a elementos con carrera técnica y profesional, ello no se acompañó de la indispensable exigencia de experiencia política. No tardaron en aparecer las contradicciones en las decisiones de administración y política del gabinete, lo que atoró la marcha del gobierno y asentó la percepción de incapacidad en la sala de mando. El caso del escogido para el Ministerio de la Presidencia, clave en el conjunto de entidades de gobierno, fue patética y elocuente demostración de la pérdida de rumbo. Como lo fue la tozudez con que el mandatario negó la gravedad del desequilibrio fiscal y su resistencia a hundirle hondo el bisturí para sanearle.

Dicta el Plan Rescate que debía guiar al gobierno, que la designación de los funcionarios públicos se sujetaría al principio de idoneidad, entre otros. Se enfatiza ahí la necesidad de despolitizar la gestión y de respetar los principios de transparencia, legalidad y objetividad con el interés de “transparentar el sistema de reclutamiento, selección y contratación de los funcionarios públicos” y de “despolitizar los procesos de selección de personal en el sector público”.

Tan sanos principios que de haberse acatado hubiesen llevado a este gobierno por los caminos de una buena administración, evidentemente el Presidente Solís los olvidó o los envió al desván de lo inútil. ¡Cuántos nombramientos malos, cuántas designaciones inspiradas en el compadrazgo, cuántos funcionarios llamados para pagarles un favor, cuánta gente desesperadamente pegada a la ubre de los presupuestos públicos que pasan de un lado a otro sin modo de desprenderse de la teta!.

Sin norte, sin habilidad política, sin coherencia a lo interno del gabinete, prematuramente le llegó un oneroso desgaste político que le significó la pérdida de autoridad para convocar a la formación de las mayorías requeridas para gobernar con sentido nacional. Hoy, la administración Solís evidencia un propósito de recuperar terreno perdido. Evidentemente, ya es tarde.

Como tarde se le hizo para el prometido cierre del CONAVI, del Consejo de Concesiones y  del Consejo de Transporte Público.

(*) Álvaro Madrigal es Abogado y Periodista

 

2 Comments

  1. Es cierto todo eso, pero por lo menos no hemos tenido los terribles escándalos de corrupción y robo de recursos públicos habidos en los anteriores gobiernos, y sobre todo la impunidad y la falta de acción de nuestro poder judicial.
    Hay muchos problemas que no son de este gobierno, la pérdida de credibilidad del poder judicial y electoral, la idea de que todos estos poderes están copados por personas afines al PLN, y que están ahí para blindar a los sinverguenzas de esos partidos.

  2. Una opinión muy rebuscada. La generalidad de la opinión de la administración se LGS es muy positiva en muchos aspectos. Principalmente que la robadera se detuvo. Los casos de asalto al erario público que se dan siguen siendo de figuras de PLUSC y sus satélites pseudo-cristianos y libertinos.

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