Juristas de Costa Rica: ¿Qué están esperando para alzar su voz?

Juristas de Costa Rica: ¿Qué están esperando para alzar su voz?

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Columna Poliédrica

Hay una cita del constitucionalista Karl Loewenstein, que siempre me ha parecido importante tener presente y no olvidarla. Dice así:

“En virtud de la completa independencia de la función judicial frente a todos los otros detentadores del poder, tiene una importancia decisiva la forma de designación para el cargo judicial. La experiencia general socio-psicológica, según la cual el detentador de un cargo permanece obligado a la persona responsable de su nombramiento, contiene peligros específicos en el caso de la función judicial. Especialmente, cuando el nombramiento está determinado por consideraciones políticas, el favorecido está expuesto a la tentación humana de pagar su deuda desempeñando su cargo de forma condescendiente.” (Loewenstein, Teoría de la Constitución, Ariel, 1983, p.297)

Y es que la designación de los integrantes de la Corte Suprema de Justicia es vital para el funcionamiento de la democracia. Se trata de un procedimiento en que va estar presente la política, sin embargo, ello no implica que se desconozca los criterios mínimos que debe tener un funcionario cuyas decisiones influyen en la vida institucional de una sociedad.

Para empezar, el juez designado en cualquier Corte Suprema de Justicia debe tener claro por qué se pretende que haya independencia judicial. Aunque se trata de un principio al que se le puede cuestionar su eficacia, lo cierto es que constituye una guía para la actuación de los jueces, especialmente, cuando sus decisiones están relacionadas con otros poderes del Estado.

Uno de los problemas es que quienes designan y quien es designado, ni siquiera tienen noción del contenido e importancia de este principio constitucional y democrático. Para entender su trascendencia es necesario leer a los clásicos y dudo mucho que muchos Diputados se hayan tomado este trabajo; empero, alguien que ha sido nombrado Magistrado debe necesariamente hacerlo, ya que la comprensión de estos textos debería hacerle ver: por qué no puede ser condescendiente con las personas que lo designaron.

Voy a decir algo que he discutido con algunos abogados constitucionalistas y que ellos no dicen, probablemente, porque temen represalias a la hora de tramitar sus asuntos en la jurisdicción constitucional. En Costa Rica, en muchas Facultades de Derecho, se enseña algunas materias de Derecho Público (Constitucional, Administrativo, etc) con base en compendios de jurisprudencia de la Sala Cuarta y no leyendo a los autores clásicos de esas materias; en otras palabras, se adopta una especie de subordinación reverencial a una jurisdicción cuyas sentencias se tienen como santa palabra, ello en función de lo que algunos han llamado la dictadura del artículo 13 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional.

Alguien podría decir que para efectos prácticos eso es lo más adecuado, sin embargo, muchas de las sentencias de la jurisdicción constitucional presentan un manejo teórico, o de la doctrina (como dicen los abogados), que deja mucho que desear. En muchos casos quienes redactan las sentencias, Letrados o Magistrados, nunca han leído textos básicos como los de Hobbes, Locke o Rousseau y menos textos como los de André Hauriou, Maurice Duverger o Biscaretti Di Ruffia, por citar algunos ejemplos; es decir, muchas de sus decisiones carecen de un sólido fundamento teórico  y se dedican a repetirse a sí mismos en una especie de oda a la citación narcisista y al “copy-paste”.

La conciencia de la función que realizan debería surgir de entender los fundamentos del principio de independencia judicial, pero para ello es necesario leer y entender a los clásicos. Ello aplica también no solo para los Magistrados de la Sala Cuarta, sino para los demás Magistrados de las otras Salas de la Corte Suprema de Justicia.

Tal y como lo dije en otro artículo de esta columna, no se trata de que se elija como Magistrados de la Corte Suprema de Justicia a eruditos del Derecho. No obstante, quienes lleguen a esos puestos e incluso sus colaboradores, deberían tener un mínimo de formación en aspectos que son fundamentales para cualquiera que pretenda ejercer como Magistrado de la República.

Si los que eligen y son elegidos no tienen conocimiento de los fundamentos que dan sentido a la arquitectura democrática que ha llegado a nuestros días, difícilmente se van a comportar como se espera de ellos. Dicho en palabras sencillas, si seguimos por el camino de la ignorancia, no podemos esperar decisiones sabias que orienten un mejor devenir para nuestra sociedad.

Por eso, en esta hora, toca a los verdaderos juristas dar un paso al frente y alzar la voz. Se pueden inspirar en muchos que, en su día, tuvieron la valentía de denunciar lo que estaba pasando en sus sociedades.

En mi caso, que no soy jurista, hice mención de Loewenstein y quisiera terminar también con él. En el mismo texto que hemos referenciado, de una manera lapidaria, este autor manifiesta lo siguiente:

“La independencia de los jueces en el ejercicio de las funciones que les han sido asignadas y su libertad frente a todo tipo de interferencia de cualquier otro detentador del poder, constituye la piedra final en el edificio del Estado democrático constitucional de derecho. (…)” (Loewenstein, Teoría de la Constitución, p.294)

El que tenga ojos que lea y el que tenga oídos que escuche. Al buen entendedor …

(*) Andi Mirom es Filósofo

columnapoliedrica.blogspot.com

6 Comments

  1. Aristóteles.
    “Se piensa que lo justo es lo igual, y así es; pero no para todos, sino para los iguales. Se piensa por el contrario que lo justo es lo desigual, y así es, pero no para todos, sino para los desiguales.”

  2. José Luis Callaci

    Mientras los candidatos a Magistrados tengan que recurrir al lobby con los políticos que los tienen que nombrar para ser nombrados nada pasará de bueno. Cuando estos políticos forman parte de una nomenclatura inamovible y corrupta, entonces todo está dicho y nadie va a alzar su voz por temor a represalias. Un ex Ministro de la Presidencia por referirse a esta realidad en una conferencia de prensa en menos de 24 horas tuvo que irse para la casa. ¿En donde pasó esto? En Costa Rica. Hay que hablar más de lo concreto y a partir de lo concreto actuar si realmente queremos hacer algo. Cambiemos de actitud y Costa Rica cambiará.

  3. La proposicion de que haya “Completa independencia de la funcion judicial” es simplemente una aspiracion ideal, utopica. Sin duda es el objetivo que debe guiar la funcion publica. Pero ningun sistema puede alcanzar esa meta. Es como decir que es necesario “poner fin a la corrupcion”. Corrupcion siempre habra: podemos hacer cambios y reformas para disminuir su prevalencia. Pero ningun sistema puede juzgarse a la luz de un objetivo de cero corrupcion.

    De la misma forma, ningun mecanismo de eleccion de Magistrados puede lograr que stos sean completamente independientes de la politica. Idear un sistema que logre elegir a lso mas capaces y garantizar su independencia en decisiones es mas un arte, que una receta rigida.

    Y la verdad es que ningun poder del Estado debe ser completamnte independiente. La idea de Montesquieu, y que aplicamos hoy dia, era separar el poder del Estado en tres distintos entes, siendo cada uno limitado y restringido por la accion de los otros dos. Ese sistema de pesos y contrapesos convierte al sistema mas en una maquina compleja y con muchas partes duplicadas, pero menos arbitraria, que si el poder fuera concentrado en una persona o grupo con el objetivo de lograr decisiones expeditas.

    Pero incluso si son electos por la Asamblea, los Magistrados tienen aun un amplio margen de independencia. Una vez electos pueden ser reelegidos por períodos de 8 años, la menos que dos tercios de la Asamblea se oponga a la reelección. Es decir, su periodo va mas allá del período de la Asamblea que los nombró. Y el alto quoruim necesario para no reelegirlos hace poco plausible asumir que los diputados tienen un control absoluto sobre los magistrados electos. Como digo, es cuestión de graduación: el sistema no es perfecto. Pero ninguno lo és. Y la idea de que sean nombrados sólo por el Poder JUdicial puede ser más nocivo, al eliminar cualuqier tipo de accountability a los otros poderes y la ciduadanía en general.

    Incluso en EEUU el caso es similar: Los Magistrados de la Corte Suprema son propuestos por el Presidente y ratificados por el Senado. Una vez electos, pueden ejercer de por vida o hasta que deseen retirarse. Aún así, han habido casos de jueces electos por un Presidente que actuaron de una forma contrria a la ideología del mismo. Es famosa la anécdota del Presidente Eisenhower, que cuando le pregutaron cuales eran para él sus peores errores de su administración, respondió que estaban sentados en la Corte Suprema.

    Paradojicamente, la preocupacion que tiene el autor sobre la forma en que los Magistrados del país deciden casos a la luz d ela jurisprudencia puede solucionarse de forma politica. Simplemente, promover en la Asamblea la idea que deben elegirse Magistrados que tomen decisiones en cierta forma. Esto es totalmente valido.

  4. Juan Huezo Zúñiga

    Nuestra democracia está fallando y por ello debemos reinventar un sistema en evitar estos nefastos encadenamientos corruptos, que para algunos es “ilógico” desterrar por ser inherentes al figurón y sus partidos. El tradicional bipartidismo hace creer al pueblo que es imposible una reforma cuando podríamos, como primer paso, escoger de la judicatura 200 jueces al azar, quienes escogerán y nombrarían una terna de 25 probados reales juristas, quienes por un periodo de hasta 25 años, ejercerían sus funciones como Magistrados y si notáramos un parcialismo o vicio, esos mismos jueces valorarían, luego de un proceso, la destitución inmediata. Esos 200 jueces serían nombrados en el seno de ese gremio por periodos de 5 años, siendo reelectos, sustituidos, no antes de la purga en el TSE, quienes vigilarán esa nueva función para ese órgano electoral nacional. Poco más o menos esbozo una forma de cambio, el cual, de seguro los partidos enquistados lo invisibilirán o buscarán a toda costa viciar. Amigos de leyes, dejen el miedo y afinen esta simple iniciativa y salgamos de este impasse. Costa Rica, soberana, libre e independiente bien lo merece por el futuro y destino social-político-legal a nuestros costarricenses.

  5. Ya hace rato, cuando los Magistrados de la Sala IV , llamaban a la huelga por el asunto de las pensiones y uno de ellos exclamó” que si no le aumentan los salarios a los Magistrados” estos podrían ser tentados, manifesté públicamente que “la gradería de sol” se había metido a la Sala IV y ésta había perdido su “señorío”

  6. En CR vivimos con muchos mitos. ¿Será eso lo que nos hace tan felices?

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