Desconfianza y tristeza entre extripulantes de submarino argentino perdido

Desconfianza y tristeza entre extripulantes de submarino argentino perdido

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Homenajean con rezos a 44 tripulantes del submarino argentino desaparecido. EFE

Mar del Plata (Argentina), 23 nov (Sputnik). – Dos submarinistas en activo, antiguos tripulantes del buque San Juan de la Armada argentina desaparecido desde el 15 de noviembre, describieron en una entrevista exclusiva a Sputnik su pesar y desconcierto por el paradero del navío y por la restauración a la que fue sometido el buque hace unos años.

“Tengo mis convicciones de que las reparaciones en Buenos Aires para mí no fueron bien”, afirma a esta agencia Óscar, un marino que lleva 35 años en la fuerza y pasó gran parte de su carrera embarcado en el San Jan.

El veterano militar, cuyo grado pide mantener en reserva para no ser perjudicado, aclara que por el reglamento de la Armada no tiene autorización para brindar estas declaraciones antes de aludir a las extensas reparaciones que pasó el buque entre diciembre de 2008 y junio de 2014 en los astilleros navales de la ciudad de Buenos Aires.

Construido en 1982 en la factoría alemana Thyssen Nordseewerke, situada en la ciudad alemana de Emden (oeste), el buque fue restaurado 35 años después en el Complejo Industrial Naval Argentino (Cinar) para alargar su vida media unos 30 años.

“Ya no le tenía confianza (a los trabajos de reparación) cuando el submarino salió de Buenos Aires, porque se lo tuvo que partir al medio, lo dividieron en dos partes, y después lo soldaron”, detalla.

Con sus 66 metros de eslora (largo) y 7 de manga (ancho), el navío se estrenó en las aguas el 20 de junio de 1983 y fue incorporado por la Armada argentina en 1985.

Casi cuatro décadas después, “cuando salió el submarino de reparación, fallaban cosas”, afirma el marino desde la Base Naval del Mar del Plata, provincia de Buenos Aires, donde se espera la llegada de la embarcación desde el pasado domingo.

Tras las tareas que se realizaron en el Cinar, los tripulantes del submarino San Juan descubrieron que “si se habían fraguado cosas, que si teníamos que terminar el sistema hidráulico en otro (lado)…”, relata Óscar con visible preocupación.

“Yo salí con dudas, más allá de que (el submarino) pasó todas las pruebas, y aunque no sé cómo habrá andado ahora (en su viaje actual), yo no tenía fe a las reparaciones”, reconoce.

En su opinión, el buque debería haber regresado a los talleres que lo vieron nacer.

“Si quieres hacer buenas reparaciones, tienes que llevarlos al lugar donde lo hicieron: lo llevas a Alemania, te gastas unos mangos (dineros) más, y que lo hagan los alemanes”, reprocha.

VIDA EN EL SAN JUAN

El marino habló con estas palabras de un buque sobre el que transcurrió gran parte de su carrera militar.

“Yo tengo 35 años acá adentro, con una carrera de submarinista que comenzó en 1988”, aclara.

Vista de mensajes de esperanza dejados en los alrededores de la Base de Operaciones de Submarinos hoy, jueves 24 de noviembre de 2017, en Mar de Plata. EFE

Tras graduarse, el militar pasó una temporada en la Fragata Libertad (otro de los buques de la Armada) y regresó de nuevo al comando de Mar del Plata en 1990, “año a partir del cual no me moví más de acá”, sostiene.

Óscar pasó muchos años embarcado en el submarino que hoy se encuentra con sus 44 tripulantes en paradero desconocido desde el 15 de noviembre, cuando emitió su última comunicación a 430 kilómetros mar adentro a la altura del Golfo de San Jorge (sureste de Argentina).

“Fui (con el submarino) a Puerto Rico, Brasil, Estados Unidos, Ushuaia (ciudad austral del país sudamericano)… por todos lados he ido con el San Juan, lo conocía todo”, rememora.

Durante sus navegaciones en la embarcación, Óscar y sus compañeros afrontaron varios percances que pudieron resolver en cada oportunidad.

“Siempre hemos tenido emergencias, nos ha entrado agua, se nos ha apagado la electricidad, pero siempre salíamos, porque teníamos un montón de recursos para salir”, afirma.

Con el paso de los años, las autoridades de la fuerza naval reemplazaron a los marinos más veteranos por aquellos más jóvenes, de modo que Óscar fue retirado del buque.

DESCONCIERTO Y ANGUSTIA

La propia fuerza naval a la que pertenece informó hace unas horas de que había detectado un “evento violento consistente con una explosión” en la zona donde se contactó por última vez el submarino, que zarpó el pasado 13 de noviembre rumbo a la Base Naval de Mar del Plata, donde se encuentra su apostadero habitual.

Todavía en ejercicio dentro de la fuerza naval, Óscar no olvida las miles de horas a bordo del submarino en el que se embarcaron sus 44 compañeros.

“Todos los que están ahí (en alusión a los tripulantes), desde el comandante al último, los conozco a todos”, admite con un temblor de voz.

Con todos ellos, añade, tiene un trato especial, ya sean camareros, cocineros, e incluso con el comandante del submarino, el teniente de navío Pedro Martín Fernández, al que conoce desde que era pequeño.

El submarinista, que está a pocas semanas de retirarse, mencionó a bocajarro algunos de sus más queridos compañeros: el suboficial segundo Luis Marcelo Leiva, que se desempeña como cocinero; el suboficial segundo Ricardo Gabriel Alfaro Rodríguez, y el también suboficial segundo Daniel Adrián Fernández, al que llaman “Ferchu”.

“Tenía una nena chiquita, se había comprado una casa hace poco y la estaban reciclando”, comenta hablando directamente en pasado.

Desconcertado por la explosión registrada hace ocho días que pudo afectar al submarino, según informó en horas de la mañana la fuerza naval, el militar no sabe decir qué tipo de imprevisto pudo tener el San Juan.

“No sabemos, hasta que no encuentren el submarino y digan qué pasó, no puedo decir si fue una explosión o una batería, aunque parece que una explosión, pero no se sabe por qué causa”, reflexiona.

En todo caso, aclara el marino, “yo navegué toda mi vida en el San Juan, toda mi carrera”.

“El submarinismo lo hice en el San Juan, nadie me puede decir nada, y si me dicen algo, ¿sabes por dónde me lo paso?”, dice con ironía.

AÑOS EN EL SUBMARINO

A punto de entrar a la casa de oficiales de la Base Naval de Mar del Plata, a Óscar se le suma por otro compañero marino que también fue tripulante del San Juan, y que responde al nombre de Luis.

Tras más de veinte años en la fuerza, Luis menciona con especial cariño al comandante del buque, con el que estuvo “más de tres años navegando con él como cadete”.

“Luego hice el cuarto año con él en la fragata (Libertad), y después seguimos juntos, porque somos muy amigos, y hasta mi señora (esposa) trabaja con él en la casa”, resume.

También submarinista, Luis navegó en el submarino San Juan cuando era alumno, mientras al mismo tiempo Óscar se desempeñaba como camarero.

“Luego me mandaron de paso pero no alcancé a navegar, y ahí me desembarcaron”, añade.

Su carrera posterior la realizó en la embarcación Santa Cruz, otro de los tres submarinos con los que cuenta la fuerza naval argentina.

Los dos amigos han llegado a la Base Naval para acercarse hasta la denominada casa de oficiales, al fondo del comando, donde los periodistas no tienen acceso, y donde algunos familiares aguardan todavía noticias del submarino que transitaba las aguas del Atlántico Sur con destino a Mar del Plata.

Mientras tanto, los partes oficiales de la Armada en el comando naval de esta ciudad balnearia han sido cancelados. (Sputnik)

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