Globalización y neocristianismo

Globalización y neocristianismo

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Uno se pregunta cómo es posible que gran parte de la sociedad costarricense haya sucumbido frente a la agresiva penetración de las sectas evangélicas fundamentalistas, y no solamente la población más iletrada, sino también otros niveles que han gozado de la oportunidad de recibir una educación más amplia.

El argumento que se utiliza, de forma claramente intencionada para evadir las razones por las cuales se ha dado este fenómeno, es el abandono que la Iglesia Católica realizó de los más pobres y necesitados, para situarse en esa zona de confort que le concede el Estado Costarricense. Quizá en parte sea cierto, pero olvidamos el otro elemento: la penetración cultural norteamericana a través del neocristianismo en los países latinoamericanos, incluido el nuestro.

Los movimientos evangélicos que hoy se alzan de forma altanera dentro de la sociedad costarricense, arribaron a nuestro país en la segunda mitad del siglo pasado generalmente iniciados por `misioneros’ norteamericanos, contando con un respaldo propagandístico y financiero fabuloso, con la vista gorda de las autoridades de inmigración y con el silencio absorto del clero católico y de muchos otros sectores importantes de la vida nacional. Estos grupos se dedicaron a captar adeptos en todos los sectores de nuestra sociedad. Y lo han logrado. Cada día aumenta el número y la proporción de costarricenses —formalmente católicos— que abandonan su indiferencia religiosa para incorporarse sonrientes, militantes y hermanados en una nueva fe, a alguno de estos grupos religiosos.

Lo que a mí me preocupa de estos hechos no es el que una fe cómoda y anodina, hecha de costumbres y de imposiciones, venga a ser sustituida ahora por una fe activa, hecha de decisiones y conflictos. Tampoco el que ello quebrante la falsa paz y el autoritarismo ciego de muchas familias acomodadas de nuestra sociedad. Ni el que las finanzas de la Iglesia Católica vean mermadas ciertas contribuciones del extranjero o de algunos potentados criollos. Ni siquiera puedo decir que me preocupan tales hechos por la tácita complacencia que van ganando esos grupos religiosos en ciertas autoridades de nuestra política nacional, a la par que se quebranta la tradicional colusión entre la iglesia y el estado.

Es más, si algo positivo tiene la acción de muchos de estos grupos, ello está precisamente en que han contribuido a sacudirnos a algunos “de nuestra pereza, de nuestra debilidad y de nuestra corrupción”, a reintroducir en parte de nuestra juventud un idealismo que ha sido carcomido con el billete y el consumismo, a cuestionar los viejos esquemas de la autoridad eclesiástica y familiar, a desmoronar la confianza que muchos de nuestros clérigos se habían acostumbrado a poner en el dinero y en los poderosos de este mundo, a desvelar el carácter frágil e interesado —manipulador— del apoyo multinacional y estatal a la Iglesia Católica, y a brindarle a muchos costarricenses una salida distinta a la del lento suicidio del alcohol, de las drogas o de la desesperación.

Desde principios de los años noventa sociólogos e historiadores se han interesado en estudiar el fenómeno religioso con una perspectiva que articula su dimensión global y regional. Esto se debe en gran parte a la necesidad de explicar la emergencia de movimientos reformistas, revolucionarios y fundamentalistas expresados en términos religiosos, que reaccionan en contra de la injusticia, la pobreza y la crisis de los valores seculares.

Ante la incertidumbre, el aislamiento y la discriminación se alternan la afirmación de las verdades eternas, las redes de apoyo en congregaciones de creyentes, el anuncio de un mundo mejor. Se trata en suma de propuestas que resignifican creencias y prácticas religiosas para edificar identidades colectivas, arraigadas en tradiciones que exportan los misioneros norteamericanos a América Latina.

Pero todavía la inquietud por una lectura global del fenómeno religioso encuentra obstáculos en el uso empírico y teórico del concepto mismo de “globalización”. Su forma más acabada ha servido para describir procesos que tienden a integrar y  homogeneizar las economías locales a un modelo que favorece los intereses de empresas transnacionales. También ha permitido entender porque con la invención ideológica del neoliberalismo se justifica una ofensiva contra los estados nacionales de bienestar y las economías regionales.

En este contexto la revolución de la informática y de las comunicaciones configuró una visión unitaria del planeta como lugar de producción y mercado transnacional. Sin embargo, esta tendencia analítica de la globalización es insuficiente para comprender la complejidad de los fenómenos culturales y religiosos, los cuales no se apegan a la lógica instrumental que opera en la economía.

Una de las principales paradojas del sistema neoliberal es que al mismo tiempo que refuerza los procesos de secularización, favorece con el pluralismo la creación de espacios en donde las normatividades religiosas que rigen la vida privada de individuos y colectividades influyen en la esfera pública. En apariencia no hay ninguna contradicción, pues en este contexto el pluralismo religioso funciona como un mecanismo neocorporativo para aceptar las extremas diferencias de oportunidades y estabilizar las situaciones de poder en vigencia.

Pero en la práctica surge un problema cuando cada una de las Iglesias y movimientos religiosos postulan doctrinas y éticas intramundanas irreconciliables, además de adoptar entre ellos posturas intransigentes que obstaculizan un nivel soportable de sus diferencias. Un enfoque que aborda este nivel de complejidad del fenómeno es el de campo religioso, para analizar la construcción de una economía cultural de los “bienes de salvación” como respuesta a procesos de disolución de lo religioso en una sociedad secular. Según la definición de Pierre Bourdieu, el campo religioso es un espacio en el cual diversos agentes compiten para imponer y legitimar su propia versión de lo religioso y de las maneras que deben cumplir sus funciones como sacerdotes, profetas o dirigentes carismáticos en la sociedad.

Un breve balance de lo aquí expuesto presenta por una parte lo inacabado de los procesos de globalización y lo incipiente de los conceptos para describirlos empíricamente; esto es más notable en los procesos culturales y religiosos. Pero al mismo tiempo los acercamientos a las tendencias de globalización en el campo religioso apuntan una serie de temas necesarios de retomar y explorar.

Se ha insistido mucho en que el causante de la crisis económica, que estamos padeciendo hoy en el mundo, es el neoliberalismo globalizante. En cada una de las crisis que ha venido provocando desde 1930, se ha ido agrandando la brecha que separa a ricos y pobres.

Para salir al paso de cualquier ingenuidad, es bueno recordar que el neoliberalismo es capitalismo puro; más aún, es el capitalismo llevado a las últimas consecuencias. No es sólo el capital sobre el trabajo, sino el capital contra el trabajo; trabajo que sería un derecho de todos y que está siendo prohibido a una mayoría creciente, por obra del desempleo. El lucro por el lucro, que en el capitalismo neoliberal se constituye en el mercado total y omnipotente, haciendo de la misma humanidad una compraventa. La propiedad privada, cada vez más privatista y privatizadora: el neoliberalismo es el capitalismo de la exclusión decretada para la inmensa mayoría de la humanidad. Siempre el capitalismo impidió a muchos «tener», a la mayoría; hoy el neoliberalismo le impide «ser» a esa mayoría inmensa. Hablábamos de tres o cuatro mundos. Para el sistema neoliberal el mundo se divide redondamente en dos: los que tienen y cuentan y pueden vivir bien, y los que no tienen y no son y, por lo mismo, sobran.

El capitalismo que podríamos llamar más tradicional se apoderaba de los estados y capitalizaba encima de ellos. El capitalismo neoliberal propugna e impone la estructura del estado mínimo. Con lo cual, de hecho, acaba negando la misma sociedad. Un mundo, con sus países, sin unos estados auténticamente representativos y garantes de los espacios, oportunidades y armonía de convivencia para los ciudadanos y ciudadanas, ya es un mundo sin sociedad. Y sin futuro también. El neoliberalismo es tan homicida como suicida. A los países de ese otro mundo, el tercero, les queda el desempleo, el hambre, la violencia.

Una violencia que es reacción muy explicable de seres estructuralmente violentados. En nuestros países pobres la economía informal ya era aproximadamente el 70 % de la economía. Hoy día la violencia ha pasado a ser una nueva economía de sobrevivencia. Para el primer mundo, también, el creciente desempleo y la dramática perspectiva del sinsentido. Y para ambos mundos la marea incontrolable de la migración. Ya, analistas muy sensatos del futuro próximo, han definido el siglo XXI como el siglo de las migraciones. «Los nuevos bárbaros» habremos de invadir el nuevo imperio. O se le da espacio a la humanidad o la humanidad se lo toma.

Y esa iniquidad toda del neoliberalismo, supuestamente acabadas las alternativas, las utopías, la socialización humanizadora, entraña la iniquidad de una impunidad total. A nadie ha de rendirle cuentas. Teóricos o teólogos, digamos, de esa religión-idólatra del mercado total, han tenido el coraje de aceptar que un 15 % de la humanidad tendrá de hecho el derecho de vivir y de vivir bien. La humanidad restante sobra. Un maltusianismo económico-social definitivo. El Dios de la vida, Padre-Madre de toda la humanidad, calculó mal, se empeñó ingenuamente y habrá de ceder su puesto a ese otro Dios de las minorías y… de la muerte.

De ahí que los más perjudicados sean siempre las masas empobrecidas de los países en vía de desarrollo, que se consideran en crisis de manera permanente. En los países desarrollados las víctimas son los trabajadores desempleados sobre todo. Si no cambiamos el sistema, nos advierten los expertos, la próxima crisis que no tardará en llegar, será aún peor que la que tenemos en este momento.

Dado que esto es así, porque el sistema capitalista se retroalimenta de estas crisis, la razón y la ética exigen un cambio urgente de sistema. La riqueza acumulada hoy es mayor que nunca, pero está en manos de una minoría muy rica.

Esto se ve claramente en los países más pobres, donde unos cuantos terratenientes y multinacionales acumulan grandes beneficios, mientras que la inmensa mayoría de la población apenas puede sobrevivir. Hay que instaurar, pues, otro sistema que distribuya solidariamente la riqueza que producimos entre todos.

Las instituciones que se crearon en su día, para hacer de árbitro en el reparto de los beneficios, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, han prevaricado y están al servicio de los poderosos.

De esta manera “el dinero más feo se ha convertido en el más guapo”. Y todavía políticos que se creen honestos invocan a dichas instituciones como solución de la crisis actual. Su ingenuidad es mayúscula.

Pero lo más grave es que la mayoría de los que se dicen cristianos mantienen las mismas tesis del capitalismo, como el individualismo posesivo, la acumulación de bienes sin límite alguno y hasta buscan razones para justificarlo.

10 Comments

  1. Sectas evangélicas títeres del capitalismo sionista es peligroso

  2. “Les robaron el mandado a los izquierdistas”,eso me decia un amigo que estudia la politica en este pais.
    Se quedaron en el ataque a los ricos,los terratenientes,el modelo neoliberal, es decir la mismisima cantaleta de hace mas de 50 años,y el mundo progreso y la tecnologia avanzo en tal forma que los ciudadanos hoy se comunican y saben de lo que pasa a su alrededor.Se quedaron en su burbaja universiatria donde les llegan ingenuos muchachos para lavarles el cerebro.Ya no comen cuento.
    Las iglesias “evangelistas” en vez de atacar,hablan de la prosperidad,de la realidad, de como salir adelante,de ser mejores cada dia,contrario a la teoria de que todos debemos ser igualiticos, y el estado proveera para todos.
    No hay que asustarse.Vienen tiempos dificiles economicos.Hay que dejar que los que generan riqueza tomen las riendas ,pues ya no hay mucho que distribuir.
    Lo mas importante es ser tolerante, escuchar y leer al que no opina como uno,pues mantenerse en la burbuja de solo insistir en lo que uno quiere ,lo aleja mas de la realidad.

  3. ¡Falsos profetas!

  4. José A. de Pavas

    Insisto ya desde hace algún tiempo que para entender el creciente papel de los cultos neopentecostales en América Latina y específicamente en Costa Rica, es necesario leer a Harold Bloom y su libro “La religión americana”. Mr. Bloom (Nueva York, 1930) titular de la cátedra Sterling de Humanidades de la Universidad de Yale (Estados Unidos) es autor de más de 30 libros entre ellos “La invención de lo humano”, “Dónde se encuentra la sabiduría”, y “Jesús y Yahvé”. Ha obtenido varios premios, entre otros, el premio MacArthur, la Medalla de Oro de Belles Lettres y Crítica de la Academia Estadounidense de Artes y Letras, el Premio Internacional de Cataluña. Algunas citas del Libro: “Predicarles a los fanáticos religiosos estadounidenses la necesidad de lo colectivo es una empresa vana; la experiencia del encuentro con Jesús o con Dios pesa demasiado como para que se acuerden de lo colectivo”, otra: “Está claro que poseemos la religión, si queremos, precisamente para ocultar la verdad de nuestro perecimiento”, otra: “Ninguna nación occidental está tan empapada de religión como la nuestra (Estados Unidos), donde 9 de cada 10 personas aman a Dios y son amadas por él. Esa pasión mutua centra nuestra sociedad y exige ser comprendida, si es que hay que comprender una sociedad como la nuestra, obsesionada con el Apocalipsis.” Otra: “Nuestro milenarismo nacional (estadounidense), tan dominante en el siglo XIX, y aún tan apasionado entre los fundamentalistas y pentecostales, se relaciona con los libros de Daniel y del Apocalipsis, y nos llevan a nuestras cruzadas actuales y a fantasías tan perniciosas como el nuevo orden mundial de George Bush.” La última cita: “¿Porqué la Religión Americana se exporta tan bien al extranjero, no sólo a Asia, África y Latinoamérica, sino también a Europa Oriental y Occidental? Los Testigos de Jehová, los Pentecostales, los Adventistas del séptimo día, los Mormones, y los Baptistas Sureños convierten cada día a millones de personas a su visión idiosincrásica estadounidense de Dios, de la muerte, del juicio final, y se trata de gente que habitualmente no habla inglés, que sólo conoce Estados unidos a través de la TV y de los misioneros que les predican esas religiones. ¿Cuál es el atractivo de la Religión Americana (Religión Estadounidense)?

  5. José A. de Pavas

    Fe de erratas: “…que sólo conoce Estados Unidos…”

  6. Para la señora Langley, solo debemos estar tranquilos, dejar que los ricos gobiernen e igual que en la edad media los señores feudales decidan sobre vidas y haciendas, vaya progreso.
    Señora la economía debe estar por el bien del ser humano, y no el ser humano al servicio de la economía.
    Las iglesias evangelistas no vienen a decirnos como salir adelante, su estructura es la misma del capitalismo, unos pastores archimillonarios y un pueblo empobrecido económica y mentalmente que proveerán los recursos a estos pastores, así que de positivo nada.

    1. Pretenden emular a los judíos a tal punto que en cualquier momento se apropian la causa sionista. La señora nunca pasó por una Universidad y repite como lora lo que le dicen los amigos que “estudian” la política nacional. Y es que para estos necios hasta estudiar es pecado, obra de Satán y solo sus pastores tienen acceso al “verdadero” conocimiento.

  7. El problema no es en lo que crean, el problema es el irrespeto a los que no comparten sus creencias, imponiendo sus creencias en los demás, al mejor estilo inquisidor.

  8. José Di Stefano

    Poco a poco, estas sectas están apoderando de las mentes (y de los recursos económicos) de lus costarricenses, cada vez más aporreados por los procesos neoliberales. Es mejor que se hagan religiosos que comunistas.

  9. Franklin Rojas H.

    Las sectas evangélicas; son una extensión más del neoliberalismo procedente de EEUU; la mayoría de pastores en EEUU son multimillonarios, y es desde ahí con el tiempo han ido extendiendo sus tentáculos a toda latinoamérica, la mayoría de sus seguidores son fanáticos, siguen de una manera ciega a sus guías evangelistas como si fuesen de origen divino; por lo tanto la incursión en el ámbito político es un verdadero peligro; y terminarían por empobrecer aún más a las clases más desprotegidas de este país.

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