Actitudes que avergüenzan

Actitudes que avergüenzan

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Carlos Alvarado, Presidente electo de Costa Rica. Archivo

De la misma forma que el triunfalismo luego de ganar una contienda, sea ésta electoral o de otro tipo, resulta no solamente ridícula sino también imprudente y falta de madurez, el resentimiento y la amargura que demuestran los perdedores, en vez de aceptar con elegancia y resignación la decisión de los ciudadanos, en el caso de las elecciones, resultan vergonzantes en extremo.

Vivimos en una sociedad muy competitiva en la que todos quieren ganar y triunfar con rapidez, olvidándonos en ocasiones de la importancia de saber competir, poniendo límites, siendo justos y honestos. Debemos saber actuar tanto en la victoria como en la derrota y comportarnos siempre con respeto hacia nuestros rivales.

Hay que saber ganar y saber perder. Todos ganamos y perdemos en algún momento de la vida, es lo más natural, aunque debemos de reconocer que perder no es fácil de aceptar; en una contienda o competencia todos deseamos ganar. Cuando perdemos, cuesta reconocer que los resultados no son como esperábamos, y aún más cuando nos hemos preparado con diligencia y luchado con tanta pasión.

Ganar y perder tiene grandes beneficios personales, porque mientras lo experimentamos vamos a descubrir que somos buenos en algunas cosas y no tanto en otras. Los dos verbos, aunque uno más deseado que el otro, nos ayudan reconocer quiénes somos y a desarrollar nuestro carácter.

El triunfo más grande que podemos vivir, es sabernos personas apasionadas por una causa que nos inspira y una visión que nos desafía. Porque al final de los días, lo que hace que una persona sea grande de verdad, es que se mantuvo caminando tras el sueño que le desafiaba, mientras hacía grande a los que le rodeaban.

Saber ganar demuestra elegancia y educación. Siempre hemos oído decir que hay que saber perder, pero rara vez, hemos reflexionado sobre la importancia de saber ganar.

Sabe ganar quien muestra la mejor actitud hacia su rival, no haciendo manifestaciones que le humillen ni deleitándose en su victoria frente al contrario. Tenemos que aprender a ponernos en el lugar del otro y reconocer y valorar el esfuerzo que ha realizado nuestro rival. También demuestra que sabe ganar, quien no presume de lo conseguido y quien es agradecido, no olvidándose de quien les ha ayudado.

Cuando uno gana tiene que ser conscientes de lo efímero que es el éxito, saber relativizarlo y no darle excesiva importancia. Es muy positivo disfrutar de los triunfos, pero siempre con mesura.

Pero hemos de tener en cuenta que ni siempre se gana ni siempre se pierde, hay que tenerlo siempre presente. Por ello, no podemos dejarnos llevar por la desazón que produce la derrota, sino pensar que habrá otra oportunidad que podamos aprovecharla mejor. Perder cuesta asumirlo, duele y supone una decepción, es difícil encajarlo porque es el resultado de un esfuerzo no compensado.

Saber perder también atañe a nuestra actitud con nuestros rivales. Cuando perdemos, nuestra actitud debe ser cordial con nuestro rival, ya sea en el deporte o en otro ámbito de nuestra vida como el profesional, y felicitar a quien ganó con prontitud. No debemos enfadarnos ni enfrentarnos a nuestro rival, y en ningún momento faltarle el respeto porque creamos que el resultado ha sido injusto. En el caso de que así fuese, tendremos que aceptarlo igualmente, mejor hacerlo con elegancia. Nunca podemos perder los nervios o las formas, tenemos que tener autocontrol.

En muchos medios de comunicación, de un signo y otro, da lo mismo si se trata de periódicos, televisoras o emisoras de radio, se batalla contra los grupos que no coinciden con sus líneas editoriales o empresariales y desde sus tribunas se amenaza, se conmina, se descalifica, se lanzan verbos en tiempo imperativo…

Vimos cómo en las mesas de debate de la pasada campaña política, más de uno y más de dos confunden expresar opiniones con soltar consignas; y alguno que otro, más que un analista parece un comisario político, un propagandista o, aún peor, un correveidile.

En la jungla de internet, abundan personas que dan la impresión de patrullar la red con un cuchillo entre los dientes, para lanzarse en tromba contra quien se atreva a no estar de acuerdo en mayor o menor grado, a marcar distancias, a establecer límites o poner peros, a defender su independencia.

Por desgracia, todo se ha vuelto, al parecer, blanco o negro, lo cual siempre es un peligro: donde no hay matices, se multiplica la oscuridad; donde no hay lugar para la disidencia, no puede imperar la razón. Vencer no es convencer con tres letras menos, es una clase de triunfo donde la razón ha sido sustituida por la fuerza, una manera de imponerse que deja a su espalda heridas, perdedores, deseos de venganza y cuentas pendientes: nada con lo que se pueda mirar hacia el futuro sin ver nubes cargadas de rayos y truenos en el horizonte.

Con base en las reflexiones anteriores vale la pena calificar las reacciones que hemos visto expresarse en diversos medios de comunicación, con respecto del triunfo de Carlos Alvarado, y con ello del Partido Acción Ciudadana, como poco maduras, sesgadas y en algunos casos atrabiliarias, típicas de un mal perdedor. Y con ello me refiero a La Prensa Libre, CRHoy, El Financiero y algunos otros medios. No me extraña  para nada el ver en las redes sociales expresiones llenas de amargura, odio visceral, incomprensión e irrespeto a la decisión de los ciudadanos, pues no puede esperarse que todos los que escriben sus diatribas sean maduros, educados , equilibrados y acepten la decisión de las mayorías con resignación y elegancia. Pero que en medios de comunicación masiva, que deberían ser ejemplo de equilibrio y ecuanimidad, se manifiesten posturas irreconciliables con la sensatez, la inteligencia y la civilidad, es imperdonable.

Son tiempos difíciles los que se avecinan, no será fácil gobernar este país con una situación fiscal peligrosa, una oposición política amargada en la Asamblea Legislativa Se avecina una época en la que ya no es que se quiera algo tan legítimo como triunfar sobre el adversario, sino que se le quiere hacer invisible, negarle un sitio, recluirlo en un gueto.

Es una estrategia desesperada, porque una mentira repetida mil veces no se puede convertir en verdad, tal y como sostienen los cínicos; pero un silencio guardado mil veces, tampoco. La gente es cada vez más difícil de engañar, lo acabamos de constatar en las pasadas elecciones. Esa debería ser una gran noticia. A quienes no se lo parezca, esos son los auténticos enemigos. Y los más peligrosos.

En la primera vuelta el pueblo eliminó a aquellos candidatos que desde todo punto de vista eran indeseables: empresarios no muy aceptables metidos a políticos, neoliberales a ultranza y los que defendían posturas violentas y ajenas a la forma de ser del costarricense. En la segunda vuelta el pueblo eliminó la posibilidad de un gobierno teocrático, fundamentalista, carente de un programa ni de un equipo de gobierno, salvo por los que se le arrimaron no por comulgar con sus ideas, sino que, conociendo sus debilidades, creyeron que podrían penetrar al eventual gobierno y gobernar sin haber sido elegidos.

Por ello repetimos que saber perder es todo un arte: cuando uno pierde no suele tener ni el humor, ni el talante, ni el discurso para convertir una derrota en victoria. En la historia hay pocos casos en los que un político crezca en el fracaso. Para ello se necesita mucha inteligencia y algo que por lo general les falta: elegancia.

Sólo si sabemos perder podremos un día ganar. En lo que se refiere al ejercicio democrático que practicamos para otorgarle a alguien el poder de gobernar el país, hemos de ser, si cabe, más exigentes. Saber perder es el mínimo suelo ético exigible a un mandatario. Las pataletas no son propias de ninguna arena, pero menos de la política. Flaco favor hacen a sus pueblos los dirigentes que no se retiran con cordialidad y agradecimiento, aquellos que se agarran al deseo del poder, aunque las urnas les hayan apeado. El mejor dirigente es el que encarna ejemplo de ética y honorabilidad ante la ciudadanía, el que da la bienvenida al relevo, no el que se enfurece o altera cuando no soplan vientos bonancibles.

(*) Alfonso J. Palacios Echeverría

8 Comments

  1. Desgraciadamente es verdad lo que usted escribe, saludos

  2. “No es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma.”
    Jiddu Krishnamurti

  3. José A. de Pavas

    Todo lo que Usted comenta es cierto.
    Pero su frase “La gente es cada vez más difícil de engañar, lo acabamos de constatar en las pasadas elecciones.” vale oro. Parece que los perdedores, o al menos una mayoría de ellos no han entendido esta frase lapidaria que acuña Usted en su artículo. Van de fracaso en fracaso y de cometer un error tras otro. ¿Acaso no se enteraron que ya la gente no les cree? Las elecciones nos mostraron un apabullante 60%-40%. ¿Es que estos políticos a la antigua quieren más lecciones? Y ni siquiera tienen la elegancia de manifestarse diciendo “vamos a colaborar con este gobierno que nos invita a participar” sino que rechazan formar parte del gobierno. Que tengan mucho cuidado porque la gente se los puede cobrar tumbándolos en el barro!

  4. carolina jimenez

    Excelente y didactico articulo don Alfonso. Retrata usted la realidad, es triste, pero hemos caido en posiciones extremas, irreconciliable.El PRN, no quiere formar parte de un gobierno de coalicion, ellos prefieren ser fuerte oposicion y obstaculizar el progreso.
    A veces quisiera no leer las redes sociales, pues corren rios de odio e ignorancia.

  5. Jose Gomez matarrita

    don Alfonso…cuales ganadores? Quien salio ganando en estas elecciones? Entre un locazo que toca la pandereta y un vividor de la fe, a otro que es un milenial novato que representa a un gobierno que no ha hecho gran cosa? Me da risa ver la algarabia patriotera y mas de uno llevandole flores al TSE y hablando de una “revolucion de las crayolas”, a segun ellos eligieron algo diferente. La gente no solo es buena para ser enganada, tambien es buena para enganarse a si mismas.

    Una dosis de realidad que talvez olviden: dijo Mark Twain que los que ostentan el poder nos dejan votar porque es inofensivo, porque si lo fuera para los poderosos no nos dejarian. Cualquier alcornoque que pongan para ser presidente va a ser otro empleado mas de los que gobiernan a Costa Rica desde las sombras. Esos son los que realmente ganan siempre y son los que dictaminan la libertad de costa rica. Costa Rica no es un pais libre ni soberano. Pero mientras tanto ustedes siguen con sus alegronasos de tontos, sus crayolitas y sus babosadas, en tanto que los verdaderos problemas los tienen con el agua al cuello. Vamos a ver que hace el milenialsillo ese que van a poner de presidente. Acuerdense de mi, a los 100 dias toda esa plebe de intelectualoides que lo apoyaban van a estar hablando basofias de el. El mismo cuento de siempre.

    1. ¿Otro perdedor que no acepta la realidad?
      Buenísimos somos en ser negativos, pesimistas, decepcionados, críticos, llenos de cinismo pero ¿a ver? ¿Propuestas? ¡Ni a palos porque todo está mal!
      ¿O todo está mal porque no gané?
      Tal vez a los 100 días critiquemos sí, espero que sean críticas constructivas poniendo el hombro para empujar entre todos.

      1. Jose Gomez matarrita

        como dije en mi comentario anterior, es iluso pretender creer que alguno de esos candidatos tiene el potencial para hacer un cambio. Yo no gano nada con defender a un pandereta que sirve a un grupo de iglesias fundadas por masones en los EEUU para controlar a paises de su patio trasero (esas iglesias son como las ONG, metodos de control y dominio camuflados) y tampoco defiendo al milenial novato que ahora nos va a gobernar. Talves le sirva su guitarra rocanrolera y sus poemas para controlar a las hordas de intelectualoides que se creen educados en costa rica. Si lo fueran se darian cuenta del papel que juega una republica chiquitica como Costa Rica en el juego de dominio mundial de las potencias (en este caso EEUU que es la que nos mangonea) y se darian cuenta que basicamente no pueden hacer nada, porque los titiriteros han incorporado troyanos en su “software mental” (por decirlo metaforicamente de alguna forma) que sencillamente les impide poder hacer algo al respecto. Corregir el rumbo de Costa Rica require de un ejercicio de autoanalisis que el ciudadano promedio simplemente no va a hacer, porque simplemente es tan feo y tan incomodo que prefiere ignorarlo. Inventara miles de supuestas “soluciones”. La ultima panacea es ahora la dis que “revolucion de las crayolas”. En otros tiempos las revoluciones eran con fusiles y esas eran de verdad. Ahora, con la infantilisacion masiva del pueblo de tiquicia, es adecuado que les quiten los fusiles y les den crayolitas, como chiquitos de kinder. Suena muy varonil y muy apropiado.

  6. Me gustaría pensar que se está pariendo un cambio y que esto sean resabios de una forma anticuada y pasada de actuar. Me parece acertado que Carlos Alvarado quiera un gobierno de unidad, es lo mejor, es lo que corresponde al cambio. Los viejos dinosaurios políticos, mediáticos o empresariales, deben morir y dejar nacer la esperanza de ese cambio en la forma de hacer las cosas.
    El odio entre hermanos es solo cosas negativas puede traer. Estos anticuarios de las ideas no entienden que el pueblo si quiere un cambio, y que este vendrá con ellos o sin ellos.

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