Bogotá, (dpa) - La congresista colombiana Piedad Córdoba, una férrea opositora del gobierno del presidente Álvaro Uribe, que despierta amores y odios en su país, se ha convertido en la esperanza de libertad para muchos de los secuestrados y sus familias en Colombia, que la ven como la salida política a su calvario.
Córdoba, la morena de 54 años de edad que siempre luce un coqueto turbante, se hizo a la política en su ciudad natal, Medellín, donde desde muy joven comenzó a trabajar con comunidades marginales, una labor que posteriormente la llevó a convertirse en abogada de profesión y militante del opositor Partido Liberal.
Representante del ala de izquierda del tradicional movimiento político, es reconocida por ser una mujer "sin pelos en la lengua" a la que por sus polémicas posturas en más de una ocasión se la acusó de mantener vínculos con las guerrillas colombianas y de "traicionar a la patria".
Amenazada más de una vez por pensar diferente, ha sido víctima del conflicto de su nación, el que se propuso resolver por la vía negociada y no la guerra desde que llegó por primera vez al Congreso en 1992.
Fue secuestrada en 1999, durante su segundo periodo como legisladora, por orden del fallecido fundador de las desarmadas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), Carlos Castaño, quien la dejó en libertad a las pocas semanas de haberla hecho rehén por fines políticos.
El golpe de violencia más reciente que recibió Córdoba se dio en 2006, cuando fue desaparecido y posteriormente asesinado su asesor Jaime Enrique Gómez Velásquez, un catedrático con el que trabajaba en un proyecto para exigir condenas mayores a los paramilitares de las AUC desmovilizadas.
Fue quizás el secuestro que padeció el que ha llevado a Córdoba a dedicar los últimos años de su carrera política a la búsqueda de un acuerdo humanitario que permita el canje de secuestrados por guerrilleros presos en cárceles.
Las posturas críticas de Córdoba le han hecho ganarse la confianza de las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN).
Convencida del aporte que puede hacer al canje el acompañamiento internacional, tras solicitudes que en este sentido hicieron rehenes a través de pruebas de vida, llamó en 2007 al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, a acompañarla como facilitador luego de conseguir una autorización del gobierno colombiano para trabajar en el tema.
Chávez y Córdoba consiguieron en el marco de su corta gestión -que la administración de Uribe interrumpió a finales de ese año por considerar que ambos fueron imprudentes en el proceso- que las FARC entregaran a seis secuestrados denominados canjeables y que enviaran pruebas de vida de varios rehenes, entre ellos de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, rescatada el año anterior.
En medio del impasse colombo-venezolano que se desató por la cancelación del trabajo de mediación, la Fiscalía colombiana ordenó investigar a Córdoba el año anterior por supuestos vínculos con la organización guerrillera, hecho que la legisladora tildó como una campaña de desprestigio para borrarla del mapa político.
Pese a las críticas, amenazas e insultos que le han formulado, Córdoba no ha abandonado su interés en trabajar por el intercambio humanitario y la salida política negociada al conflicto.
La más reciente apuesta en busca de este propósito se la jugó a través del grupo de Colombianos y Colombianas por la Paz, quienes mantienen desde septiembre del año anterior un diálogo epistolar con la guerrilla para buscar la libertad de los secuestrados y la paz del país.
El fruto del trabajo de esta colectividad, integrada por políticos, periodistas, académicos, intelectuales y ex rehenes, se vio reflejado esta semana con la liberación unilateral de otros seis secuestrados, entre ellos tres policías, un militar, el ex gobernador del departamento de Meta Alan Jara y el ex diputado del Valle del Cauca Sigifredo López.
Tras haber concluido la misión de liberación de este grupo de rehenes, Córdoba y el grupo de Colombianos por la Paz tienen como propósito continuar la tarea en búsqueda del canje de 22 uniformados secuestrados por cerca de 500 insurgentes presos, así como por lograr la libertad de otros 700 secuestrados extorsivos en poder de las FARC y trabajar por otras víctimas del conflicto interno.
Por las labores de paz hechas por la legisladora afrodescendiente el premio Nóbel de Paz Adolfo Pérez Esquivel la nominó a este galardón en enero pasado, un reconocimiento que Córdoba dijo no merecer. = Amada, odiada, cuestionada, felicitada, tildada de ser hasta novia de Chávez, la legisladora, madre y mujer defensora de las minorías, se ha convertido en la única esperanza de los familiares de más de 3.000 rehenes que se prevé hay en Colombia para poner fin a la pesadilla que padecen estas víctimas, algunos de ellos desde hace más de 11 años.