La mentira tiene alcances insospechados y lejos de reducirse al plano elemental de negar o afirmar un hecho concreto en un espacio y un tiempo determinados, la mentira supone toda una estrategia en la cual se entretejen ideas sofisticadas que construyen realidades complejas y universos de significación. La mentira se nutre de ideología, es decir de imágenes que sugieren formas de pensar y actuar, que no necesariamente responden al desarrollo de potencialidades humanas. Las imágenes que funcionan como portadoras de ideología se impulsan desde los grupos de poder que son dueños o controlan los medios de comunicación masiva y oficial, también otros espacios, pero me interesa enfatizar en este. Construir mentira es viable porque nuestra capacidad humana de pensar, imaginar y sentir nos faculta para concebir todo tipo de mundos posibles. Quienes se valen de la mentira más perniciosa, que es la que se fragua en torno a los escenarios de la politiquería y los que se sustentan en aspiraciones de poder y riqueza promueven la visión de que el único mundo posible es el que ellos imaginan. Muchas veces, incluso, estos estratos privilegiados de la sociedad infunden temor por su propio temor a perder sus privilegios de poder y comodidad.
La visión de desarrollo que se desprende desde el reduccionismo impuesto por los grupos de de poder solo apunta a la visión de un mundo cuyo soporte está determinado por la capacidad de consumo, de acopiar dinero y de ejercer poder para controlar a los demás. Un mundo con profundas diferencias de clase y donde la naturaleza es vista como un recurso y una mercancía que satisface sus ambiciones. Sostener las ideas de este mundo lineal y uniforme que niega y prohíbe el acceso a la diversidad implica contar con gente especializada en la construcción de la mentira. El ejercicio del periodismo oficialista ha desarrollado esta habilidad en grados sorprendentes. En el caso de la lucha por la defensa del agua que lleva a cabo el pueblo de Sardinal, el gobierno y los inversionistas intentan propiciar la apertura del proyecto de acueducto denominado “Ampliación del acueducto Ocotal-El Coco”, llevando la mentira al nivel de la transformación de una realidad contundente. El periodista y encargado de prensa del MINAET, Mario Zaragoza, pone a circular en estos días un “resumen final”, según él, de un documento que refleja un buen ejemplo de cómo se construye de forma más o menos sofisticada una mentira tendiente a distorsionar y cambiar la realidad de los hechos.
El intento parte de otorgar un sentido y significado diferente al que fue comúnmente percibido en el momento en que los hechos ocurrieron. Al respecto es cierto que se dieron algunos de los encuentros que se mencionan en el citado documento, se miente sin embargo, cuando se pretenden proponer los encuentros, e incluso las acciones emprendidas por el gobierno a favor de la construcción del acueducto, como actividades avaladas por la comunidad. En este aspecto es importante ilustrar que la prensa oficial y las instituciones de gobierno construyen mentira cuando: a) no cubren el conflicto en su secuencia de proceso sino solo destacan algunos eventos importantes para ellos, b) omiten evidenciar hechos significativos para la mayoría de los ciudadanos pero no considerados relevantes según sus intereses, c) hacen tomas o presentan testimonios con imágenes y personas que no son representantes de mayorías o no son sensibles al problema que justifica la lucha, d) difunden discursos contradictorios que no expresan con claridad el objetivo de la disputa, e)reducen o niegan tiempo de participación a quienes identifican con claridad los motivos y expectativas del conflicto, f) practican la intimidación cuando solicitan información o explicaciones a las personas involucradas, g) difunden insistente y enfáticamente opiniones de los representantes del poder que dan por un hecho el triunfo que estos ostentan, g)identifican personas y contextos claves los cuales sirvan a los intereses que defienden. En fin, la mentira es susceptible también a la facultad de pensar, imaginar y sentir pero se alimenta de temores y prejuicios y esto la hace perjudicial.
La mentira construida alrededor de la lucha por el agua en Sardinal opera en lo cotidiano pero lo hace también en las ciencias y saberes que se manipulan con las metodologías y estrategias empleadas, como en el caso del llamado estudio técnico. Igualmente se tergiversa la realidad con las interpretaciones que admiten algunas formas de aplicación del derecho ajenas a la justicia. Por eso insistido en que la lucha de Sardinal se torna política más que legal, administrativa o institucional. La proclama que lanzan los diarios el día de hoy sobre la posibilidad de reabrir el polémico proyecto de acueducto enaltece la mentira y cobra valor de amenaza.
(*) Funcionario de la Oficina de Pastoral Social