BUENOS AIRES, 6 may (dpa) - "El Teatro Colón de Buenos Aires es un símbolo de la cultura pero también es una realidad de la cultura de Argentina", afirma el nuevo director del mayor coliseo sudamericano, el maestro Pedro Pablo García Caffi.
Cuna de las grandes figuras del ballet, la ópera y la música sinfónica de la Argentina, la fama del Teatro Colón trascendió las fronteras por su calidad acústica y el nivel de las obras que albergó.
Pero desde hace dos años y medio sus puertas están cerradas a causa de una remodelación faraónica en medio de idas y vueltas políticas que hundieron en las sombras su renombre. "Se perdió una mística", lamenta García Caffi en una entrevista con la agencia dpa.
Su reapertura es el hito más esperado en el marco de los festejos por el Bicentenario en 2010. Aunque para algunos no sea más que una utopía, el nuevo director del más prestigioso coliseo de la región confía en cumplir los plazos.
"La fecha de entrega de la obra es el 31 de diciembre", asegura García Caffi, quien sin embargo se niega todavía a confirmar fechas de reapertura ni el nuevo programa para no incumplir su propia palabra.
En las obras siempre son posibles las demoras, pero el proyecto es dedicar los primeros tres meses de 2010 a mudar el mobiliario, los elementos estructurales del teatro y los elencos artísticos a la que siempre fue su casa.
Y dejar todo listo para los festejos del 25 de mayo de 2010, el día en que se conmemorarán los 200 años de la Revolución de Mayo de 1810 que dio paso a la independencia argentina.
Dos años después de la fecha programada, ya que el objetivo inicial era reinaugurarlo para el centenario de su apertura, el 25 de mayo de 2008.
El Teatro Colón fue diseñado por los arquitectos Francisco Tamburini, Víctor Meano y Jules Dormal, con una superficie cubierta de 37.884 metros cuadrados en sus siete niveles en un estilo ecléctico que combina detalles del Renacimiento italiano con basamentos sobrios de orden ático-griego, capiteles jónicos y corintios y vanos y aberturas con arcos, arquitrabes y molduras.
"Hay que devolverle la autoestima a la gente, recuperar las razones por las que alguna vez se entró al Colón con alegría", señala el maestro, quien admite que "el personal está desanimado y descreído".
"Lo que está sucediendo con el teatro, la necesidad de una transformación profunda tiene que ver con que el teatro ha sido utilizado por las organizaciones gremiales como por muchas organizaciones políticas como centro de depósito de gente".
"En los distintos sectores se requiere una cantidad de gente determinada para un teatro que quiere hacer producciones de trascendencia internacional nuevamente y además ser un teatro de producción, no ser un teatro que simplemente represente conciertos, producciones de ballet, de ópera, sino que además aumente ese número de producción y que lo aumente en función de que llegue a la sociedad toda, como llegaba en otras épocas", asegura.
En el marco de la restructuración, la plantilla de personal se reducirá de 1.237 personas a 808. No habrá despidos, sino que los empleados serán reubicados en otros estamentos del gobierno.
"Si no logro esta reestructuración, no puedo alcanzar el éxito artístico que luego necesito. Y el éxito artístico lo vamos a alcanzar cuando el Teatro Colón recupere la excelencia".
García Caffi se compromete a conservar e incluso aumentar los cuerpos estables, entre ellos las dos orquestas sinfónicas, el ballet y el coro, al tiempo que planea tercerizar otros sectores. "Los escenotécnicos quedan según las necesidades de producción", precisa.
Pero su plan recibió ya fuertes críticas, por ejemplo al desmantelamiento de sectores que podrían mermar la capacidad de producir obras.
"Cuando veamos el teatro funcionando se van a dar cuenta de que esas críticas son vanas", responde el músico y director, de extensa trayectoria.
"He estado en todos los grandes teatros de producción operística del mundo, algunos son similares al Colón y tienen producción propia y tercerizan los mismos sectores que nosotros vamos a tercerizar. Y conservan en el teatro los mismos sectores que nosotros vamos a conservar", fundamenta.
García Caffi sabe que cuenta con poco tiempo para armar una programación de peso internacional para 2010, pero confía en los gestos de amistad y buena voluntad de estrellas de la talla del argentino israelí Daniel Barenboim o el español Plácido Domingo para hacerse un lugar en sus apretadas agendas.
"La idea es hacer una coproducción con la Scala de Milán y Barenboim vendría con su orquesta", señala el maestro, quien luego da pistas de su agenda de contactos: "Plácido Domingo ya me dijo que va a venir para la reapertura de 2010, si no es para ese mismo día, será días después".
"Quiero que el primer año volvamos a tener estrellas que devuelvan la autoestima a los trabajadores del Colón", afirma.
El bailarín Julio Bocca también coopera con la nueva gestión al frente del Colón.
"Lo llevé a recorrer el teatro hace dos semanas, le pedí que me ayude en el tipo de piso que necesitamos en la sala de ensayo, la inclinación que necesitamos, el tipo de tapetes, y hemos trabajado también sobre la idea de una reestructuración de la escuela superior de danzas y una cooperación entre su escuela y la nuestra", revela. Y no descarta que en un futuro pudiera asumir la dirección del ballet estable.
"Quiero que los que han hecho algo por el teatro vuelvan, es gente que yo necesito en el teatro", sostiene.
García Caffi sabe que su nuevo cargo depende de factores políticos que, en un escenario tan cambiante como el argentino, no le aseguran un plazo mínimo a su gestión. "Pero estoy convencido de que lo voy a lograr, y no puedo dudar porque, si dudo, perdí", concluye.