El abstencionismo es una lápida para las democracias. Hace pocos días, un colega me dijo "el abstencionismo sólo se puede combatir con esperanza". Menudo problema, pensé, ¿sobre qué bases vamos a construir esperanzas?
Busqué materiales para la faena y una primera revisión de haberes no resultó alentadora: diez buenas propuestas para salir de la crisis atrapadas en tinta y papel, la soberbia adueñándose de micrófonos y primeros planos, decenas de promesas incumplidas renovando su maquillaje para ingresar de nuevo a escena, los fantasmas de la pobreza, el hambre y la desocupación acechando desvergonzados a plena luz del día, un enorme listado de actos de corrupción esperando el paso del tiempo para conquistar la impunidad y una diáspora de agrupaciones que peregrinan sin rumbo fijo.
Es difícil, pensé, pero aceptar derrotas de entrada nunca fue mi estilo. “No tengáis miedo”, dijo Jesús. Así es. El miedo paraliza, nos hunde, destruye, borra todo horizonte. El Presidente Barack Obama cambió el miedo por la confianza y escogió el lema “Sí, podemos” que lo llevó al triunfo. Nuestros próceres llamaron a la unión de los pueblos y a la acción decidida; también triunfaron. Allí está la viga sísmica, pensé, es la confianza.
Pongamos ladrillos (yo soy antigua, no puedo evitarlo): voluntad para trabajar con ahínco, compromiso para terminar la obra, fortaleza para resistir al mal tiempo, criterio para programar etapas, visión para que nuestro edificio resulte funcional. Vamos con la argamasa: diálogo, conocimiento, humildad, imaginación, cooperación, tolerancia. Se necesitan dos tipos de varillas para que la estructura aguante: verdad y honestidad. Y aunque parezca locura, propongo a la transparencia como formaleta. Para los acabados, alistemos programas y proyectos con sus componentes operacionales bien definidos y sin materiales desechables contaminantes.
Necesitamos mano de obra y mucha. El edificio es nuestra Patria, NADIE debe recluirse, ni en su casa ni en una colección de excusas armada para la ocasión. No es posible construir si nos quedamos cultivando la indolencia, el odio, la autocompasión, la desconfianza, los celos, la envidia, la crítica destructiva. Cada cual puede integrar una cuadrilla distinta, en donde piense que puede sacar mayor provecho a sus cualidades, entre quienes sienta mayor afinidad. Lo importante es decir AQUÍ ESTOY, con la íntima convicción de que no solo “podemos” sino que también “debemos”.
Se necesitan maestros de obra, los mejores; sin dirección el trabajo no rinde frutos. Muchos se ofrecerán para el puesto. Es necesario evaluar su capacidad para construir con los materiales disponibles, su experiencia, su formación, su inteligencia, su creatividad, su vocación de servicio, su probidad. El edificio tendrá que ser resistente a los sismos, por lo tanto los maestros de obra deberán ser respetuosos de las normas técnicas. Habrá imprevistos, los hay en toda obra; quienes dirijan tendrán que contar con el ingenio necesario para superarlos.
Podemos ser artífices de la historia. Debemos ser artífices de la historia mientras no renunciemos a nuestra esencial condición de seres libres. No perdamos la oportunidad. “Invocando el nombre de Dios y reiterando nuestra fe en la Democracia”, como hicieron los constituyentes, ¡a construir!
(*) Abogada