Este artículo sobre "la izquierda" se ha beneficiado en grado sumo de las tesis y argumentos expuestos en estos últimos días por Montserrat Sagot, Luis Paulino Vargas y José Merino a propósito de la coyuntura; pero de los desaciertos que seguramente contiene no son ellos responsables.
Aunque las designaciones originarias de 'izquierda' y 'derecha' para distinguir dos idearios políticos opuestos fueron enteramente fortuitas (pudo haber sido al revés y nada hubiera cambiado), lo cierto es que al presente ya nos adaptamos a ellas y nos resultan insustituibles.
Con el jurista y politólogo mexicano Arnaldo Córdova (1), creo que ser de izquierda no significa necesariamente adhesión a la doctrina marxista, ni militancia en un partido comunista o socialista. Están en la izquierda todos los que luchan por el cumplimiento y la expansión de los derechos de la clase trabajadora; y por la defensa del patrimonio material y cultural de la nación, así como de las instituciones públicas que lo gestionan. Pero se puede agregar a lo anterior que en el plano estrictamente ideológico se puede llamar 'de izquierda' al cuerpo de ideas profesadas por los grupos políticos que usarán el poder, o influirán decisivamente en él, para producir en su comunidad los cambios que aseguren de modo duradero el justo reparto de la riqueza material y cultural, el respeto a la naturaleza, el pleno desarrollo de la persona humana y la efectiva participación de todos en la organización política, económica y social de la nación. Y finalmente, en el plano de las emociones de la persona, se puede definir como de izquierda a todo aquél capaz de sentir como propia la injusticia infligida a cualquier otra persona, en cualquier punto de la Tierra, como bien decía el Che Guevara (2).
En la Costa Rica de hoy muchos grupos, frentes y partidos, todos minoritarios en variable medida, se autodefinen de izquierda y se declaran dispuestos a formar entre ellos y con otros grupos opositores al gobierno actual (incluido en primer lugar el PAC, segunda fuerza electoral del País en las últimos comicios), una gran coalición para marchar unidos a la justa electoral del 2010. Pero veamos: esta coalición ¿Es factible? ¿Cuáles serían sus objetivos? ¿Sería posible alcanzar, a través de un triunfo de la coalición, los objetivos que persigue la izquierda, según quedaron definidos?
Examinemos primero que pasaría con un triunfo meramente electoral, sin otro fin que expulsar a la oligarquía. Y analicemos en segundo término la posibilidad de alcanzar mediante una coalición los ideales que definen a la izquierda, según lo dicho arriba.
Con respecto a lo primero, si lo que se pretende es cazar y sumar votos a como sea, para derrotar electoralmente a la prolongación del gobierno actual, la cosa sería posible (con todo: no segura) solamente si el PAC formara parte de la coalición. En palabras de Pero Grullo: un triunfo electoral de la oposición es impensable sin PAC.
Pero la consigna “primero ganamos y después vemos” es deleznable. Aún en el mejor de los casos me parece que tal triunfo se resolvería a la larga en una victoria pírrica; porque el objetivo puramente negativo de expulsar a la oligarquía mediante unas elecciones, sin tener las condiciones para producir un cambio positivo sustancial, posiblemente nos conducirá al resultado gatopardesco de cambiar para que todo siga igual.
La experiencia nos dice que si por esa vía conseguimos una asamblea variopinta, y ganamos el poder ejecutivo, veríamos cambiar las caras de los ministros, los diplomáticos, los edecanes y los directores generales administrativos, etc., etc.; pero la posibilidad de un cambio sustancial en beneficio de las clases subalternas seguiría siendo muy precaria; porque como comunidad política carecemos de las tradiciones, la infraestructura, los mecanismos y la información que nos aseguren suficientemente la calidad de nuestros elegidos (sólo recordemos los fiascos del PAC en la Asamblea).
Ahora bien, si queremos la coalición para hacer triunfar los ideales de la izquierda ¿querría el PAC acompañarnos a realizar dichos ideales? No olvidemos que el PAC se ha estado moviendo hacia el centro-derecha después del referendo de 2007; y que hasta la fecha de hoy ha rechazado toda unión con la izquierda, posiblemente en la esperanza de captar parte del empresariado y las clases medias. En ese tema su fórmula, antes y ahora, ha sido: todo lo que fue la oposición al TLC debe ingresar al PAC. ¿Ingresar como izquierda, con sus objetivos, sus programas, etc.? No: los izquierdosos ingresarán discretamente como personas individuales, adhiriéndose al programa y objetivos del PAC. Será la rendición incondicional, o nada.
Para algunos la situación podría verse con otros ojos a partir de la convención nacional celebrada por el PLN, uno de cuyos resultados ha sido dar a éste la imagen de gran partido, frente a un PAC aparentemente reducido, exiguo. En la política ciertas apariencias plausibles cuentan como realidades; de modo que, frente a esa imagen disminuida que los medios han querido atribuirle ¿querrá el PAC, ahora sí, coaligarse con la izquierda, para restaurar de algún modo la apariencia de una gran fuerza electoral? ¿En qué condiciones? ¿Aceptaría someter a don Otón Solís a una nueva convención para elegir candidato a la presidencia? ¿Aceptaría negociar un programa común? Lo veo remoto, a pesar del peso que puedan tener esas circunstancias adversas.
Ahora bien, si el PAC decidiera abrirse a una coalición con la izquierda ¿en qué condiciones podría ésta aceptarlo? Me parece que la cosa podría funcionar si y sólo si el PAC se aviniera a adoptar en lo sustancial el programa mínimo de la izquierda, y se aseguraran debidamente las garantías de que dicho programa fuera propulsado oficialmente desde el nuevo gobierno.
Si, por el contrario, la coalición fracasara ¿qué deberá hacer la atomizada izquierda costarricense?
En primer lugar debe ser fiel a sus principios por sobre todas las cosas; lo que no equivale a rigidez, sino a profundidad en la comprensión de aquellos principios, sin los cuales nada tendría sentido. Si es obvio que la izquierda por sí sola no podrá triunfar en las próximas elecciones, también lo es que para ella, la victoria desde una coalición en la que tuvo que renegar de aquellos principios, es peor que la derrota misma.
En segundo lugar debe buscar el camino de la unidad interna (panizquierdismo), siempre sobre la base de la coherencia y seriedad de los convocados, y de un programa mínimo ideológicamente irreprochable (al punto de hacer parecer sospechosa la reluctancia de cualquiera de ellos). A la auténtica izquierda no le sirven los partidos armados con el único fin de pescar diputaciones y alcaldías para sus dirigentes.
En tercer lugar, organizada y renovada de la manera dicha, la izquierda deberá prepararse para ejercer una oposición madura y firme frente a los gobiernos oligárquicos y vendepatrias. Y esa preparación pasa inevitablemente por un esfuerzo serio, permanente, sistemático, tendencialmente masivo de educación popular para la democracia y la solidaridad humana; cuyos mejores frutos sólo veremos con el pasar de los años.
Si no acometemos esa tarea de una maldita vez, estaremos engañando a nuestro pueblo también nosotros; y seguiremos cosechando para siempre los miserables resultados de nuestra improvisación.
* Miembro del Grupo Soberanía
Notas:
(1) Arnaldo CÓRDOVA: 'La izquierda tal como es', en el sitio del periódico mexicano 'La Jornada'.
(2) Ernesto 'ché' GUEVARA: Carta de despedida a sus hijos; 1965.