El problema fiscal y nuestra propuesta

Columna Por el Bien Común

Está claro que el proyecto fiscal del gobierno (Ley de Solidaridad Tributaria) es sólo un parche que pretende darle un aire de ingresos frescos al Gobierno Central durante lo que resta de la Administración Chinchilla Miranda. Está claro, además, que esta ha sido la norma durante los últimos veinte años. ¿Qué elementos podemos tener en cuenta para una reforma fiscal integral? A continuación expongo -de manera muy resumida, casi telegrafiada- los que considero más relevantes, aunque sea tan solo para iniciar un debate desde posiciones críticas y anti neoliberales.

El problema fiscal.

Por el lado del gasto, el problema fiscal no es tanto de cantidad (exceso), sino de calidad. Un gasto público (Gobierno Central) cercano al 22% del PIB no expresa ningún gigantismo estatal, pues las necesidades de bienes y servicios públicos insatisfechos son muy altas. El problema es sobre todo de (mala) calidad: deficiente gestión y casi nula planificación, duplicidades, descoordinación, ineficiencia, ausencia de una real rendición de cuentas, rampante corrupción y un largo etc. Y todo se conjuga de manera tal, que la población -con toda razón- ostenta una pésima percepción sobre el uso que los gobiernos hacen de los impuestos que recaudan.

Por el lado de los ingresos tributarios, el problema es bien conocido:

1-Una baja carga tributaria (aun sin tomar en cuenta las contribuciones a la seguridad social, debería rondar el 20% del PIB, para que el déficit sea sostenible) y muy dependiente de impuestos indirectos (ventas, aduanas),

2-Baja recaudación de impuestos directos (renta, patrimonio),

3-Alta evasión en renta empresarial y profesiones liberales,

4-Iimpuesto a la riqueza casi inexistente,

5-Inequidades horizontales en el impuesto de renta (con iguales rentas se pagan desiguales impuestos),

6-Inequidades verticales en el impuesto al consumo (muchos servicios que consume sobre todo la clase alta no gravados),

7-Impuesto general sobre las ventas con una base muy reducida (excluye mayoría de los servicios),

8-Práctica desaparición del impuesto selectivo de consumo (cuyo fin se ha desvirtuado),

9-Debilidades legales, administrativas e institucionales en la capacidad de cobrar impuestos y,

10-Pobre cultura tributaria.

Para mencionar solo algunos de los más reconocidos.

Los objetivos de una reforma estructural

Del breve diagnóstico anterior, los objetivos claves de la reforma saltan a la vista:

1-Disminuir la brecha fiscal, tanto la estructural (cercana al 7% del PIB) como la financiera (5% del PIB),

2-Reducir drásticamente la odiosa evasión,

3-Corregir las inequidades verticales (en los impuestos al consumo) y horizontales (en los impuestos sobre la renta y la riqueza),

4-Dotar a la Administración Tributaria de mayor capacidad (legal, administrativa, tecnológica, institucional) para enfrentar la elusión, la evasión, la subfacturación en Aduanas y el fraude fiscal,

5-Concientizar y convencer a la población en general sobre los cambios estructurales necesarios,

6-Modificar progresivamente la cultura tributaria propensa a la evasión,

7-Mejorar sustancialmente la calidad del gasto público y su impacto en el bienestar de la población.

Los contenidos de la propuesta: primera etapa.

La reforma tributaria debe ser integral, no cosmética, no un parche más; pero debe ejecutarse gradualmente, en el lapso de cuatro o cinco años, hasta llevar la carga tributaria a un 20% del PIB. Una primera etapa (en realidad ambas etapas pueden emprenderse simultáneamente aunque con tiempos de aplicación diferentes), debería estar orientada a reconstruir las bases de la estructura y la cultura tributaria, y a corregir los serios problemas de planificación y gestión del gasto público; actuando preferentemente en cuatro áreas:

I-Implementando un verdadero y ambicioso plan nacional de combate a la evasión (el propuesto se queda muy corto). Este debe ser el punto inicial de la propuesta. Se trata de un imperativo ético y una deuda con la ciudadanía. No es ético pedir nuevos impuestos si antes no se corrige la evasión.

II-Fortaleciendo ampliamente a la Administración Tributaria. Un sistema tributario vale lo que la administración encargada de aplicarlo. No hay reforma tributaria exitosa sin este previo fortalecimiento.

Desde luego, tanto el punto I- como el II- incluyen las reformas legales respectivas al Código Tributario (en discusión).

III-Un tercer aspecto para intentar devolverle al ciudadano la credibilidad en las instituciones fiscales es la aprobación de una Ley de Responsabilidad Fiscal que fortalezca la planificación y la calidad del gasto y que haga concordar la política de gasto público con una estrategia de desarrollo humano. La propuesta libertaria está muy sesgada hacia el control de la magnitud del gasto.

IV-El otro elemento de la primera etapa sería el ajuste inmediato en algunos impuestos que le permita un respiro financiero al gobierno de turno. En este caso tenemos al menos ocho opciones sobre la mesa que se podrían combinar:

1-El impuesto a los casinos y casas de apuestas (sin promover institucionalmente una actividad que ronda en lo delictiva),

2-La ley de transparencia fiscal (eliminación del secreto bancario),

3-Elevar temporalmente el impuesto selectivo de consumo (sobre bienes suntuarios),

4-Incorporar nuevos servicios en la lista de gravables del actual impuesto sobre el consumo,

5-Un impuesto temporal a las transacciones financieras, que tenga vigencia hasta que se apruebe una reforma integral del impuesto sobre la renta,

6-Continuidad y coherencia en la modernización de las Aduanas,

7-Impuesto a las sociedades jurídicas (pero en serio, no de mentirillas, como ha propuesto la bancada del PLN).

8-La transferencia de superávits de algunas empresas públicas al Gobierno central.

Los contenidos de la propuesta: segunda etapa.

La segunda etapa de la reforma se debería concentrar en las modificaciones sustanciales necesarias en los impuestos sobre las ventas y sobre la renta. En el primer caso, aprobando un verdadero IVA, generalizando la base de servicios gravables y respetando una amplia canasta básica tributaria de bienes y servicios (la propuesta en la segunda versión del proyecto de ley es un buen avance, pero aun deja dudas). Con respecto al impuesto sobre la renta, la orientación está clara:

1-Renta Global (globalizar todas las rentas y aplicar una tasa progresiva al total),

2-Renta Mundial (gravar rentas de los nacionales obtenidas en el extranjero).

Ambas reformas suponen un rotundo fortalecimiento de la Administración Tributaria, para que tengan éxito.

3-Revisión integral de exoneraciones vigentes.

Tres elementos estratégicos cruciales.

Una excelente legislación tributaria puede no tener ningún efecto duradero (e incluso efectos inesperados) en la estructura y carga tributaria, a menos que se base en una reforma integral (legal, administrativa, institucional, cultural). Aparte de los presupuestos técnicos, legales e institucionales que hemos comentado, son necesarios también tres elementos políticos de la mayor importancia:

1-Una estrategia política del proceso de reforma (el acuerdo político),

2-Un claro reconocimiento de los errores del pasado (por qué han fracasado la mayoría de las reformas previas) y,

3-Una elaboración consensuada del contenido de la propuesta de reforma (el acuerdo social).

Se trata, sin duda, de una prueba de fuego para la viabilidad del Estado costarricense en tiempos en que un quiebre en la estrategia de globalización (crisis de las deudas) parece acrecentar las ya de por sí graves amenazas a la sostenibilidad global (el capitalismo globalizado hace insostenible la globalidad del planeta y de la Humanidad). Pero lo más probable es que se termine poniendo otro parche al hueco fiscal. Si ese fuera el caso, al menos debemos rechazar cualquier intento de hacer recaer el paquete fiscal sobre las espaldas del pueblo trabajador.

 

* (hmoraj@una.ac.cr)