Volpi experimenta con el amor jungiano

REPORTAJE Por Elena Box (dpa) 

Madrid, 13 mar (dpa) - ¿Se puede vivir el amor como un experimiento llevado hasta sus últimas consecuencias? En las primeras décadas del siglo XX, cuando el psicoanálisis apenas comenzaba a andar, una mujer excepcional se atrevió a hacerlo, desafiando todas las convenciones. Ahora, el escritor mexicano Jorge Volpi rescata su perturbadora historia en \"La tejedora de sombras\".

Después de \"El fin de la locura\", Volpi regresa al diván con esta novela distinguida con el V Premio Planeta-Casa de América y que hoy sale a la venta simultáneamente a ambos lados del Atlántico. Un relato inquietante en torno a la figura de Christiana Morgan, que hizo de la pasión su vida siguiendo el consejo de su más célebre piscoanalista: Carl Gustav Jung.

\"Hay una constante en la obra de Volpi, y es esa fascinación y ansia de desmitificación de grandes figuras intelectuales del siglo XX\", dijo el escritor argentino-español Andrés Neuman durante la presentación del libro en la madrileña Casa de América. En este sentido, \"La tejedora de sombras\" sería un \"Volpi en formato .zip\" una versión comprimida en 270 páginas de su rigor a la hora de investigar y un personal talento narrativo para ficcionalizar la realidad.

Así, en en línea con las neuronas espejo de las que hablaba en su ensayo \"Leer la mente\" (2011), Volpi se introduce en el intrincado interior de Christiana para encontrar la voz de su protagonista. Norteamericana de clase alta, esta apasionada estudiante de Bellas Artes sufre desde joven largos periodos de depresesión que le hacen interesarse por las incipientes teorías de Freud y Jung. Casada con un veterano de guerra con el que no es feliz, vivirá un romance prohibido durante 42 años con el brillante psicólogo de Harvard Henry Murray, con quien experimentará la búsqueda del amor total.

Volpi encontró al personaje por casualidad, durante una estancia en la universidad estadounidense de Cornell mientras trabajaba en su novela \"No será la tierra\". La vida de esta mujer a la que Jung denominó \"femme inspiratrice\" -que no ha nacido para criar a sus hijos, sino para fecundar a los hombres que sepan apreciarla- lo llevó a Harvard, donde tuvo acceso a anotaciones, fotografías, diarios y lo más importante: las acuarelas que pintó tras las sesiones con Jung, en las que entraba en profundos trances.

\"Me sentí un voyeurista de una sesión de psicoanálisis con Jung\", contó en Madrid el escritor sobre su experiencia al leer aquellos diarios. \"El psicoanálisis jungiano es para Christiana una especie de virus que invade su mente. Todo lo que va a vivir desde esas primeras lecturas lo hará en términos jungianos\". Para el padre del psicoanálisis analítico, aquellas acuarelas de la joven, aunque imbuidas del surrealismo de la época, eran el inconsciente mismo, el verdadero monstruo del inconsciente.

Cuando Christiana y Murray se dan cuenta de que su atracción va más allá de lo sexual, acuden por separado a Jung a pedirle consejo. El psicólogo suizo, que por aquel entonces mantenía un peculiar triángulo amoroso con su esposa Emma y su ex alumna Tony Wulff, les incita a seguir adelante con su relación cuadrangular, en la que sus respectivas parejas quedan al margen. Ambos desarrollarán entonces lo que llamaron \"la Díada\", su exploración del amor total, desde las prácticas más violentas a las experiencias más sublimes.

\"Intentan llevar a su límite el primer amor romántico de Tristán e Isolda o Romeo y Julieta, pero están decididos a ser completamente libres gracias al psicoanálisis jungiano\", explica Volpi. Sin embargo, mientras Henry suma éxitos a su brillante carrera, Christiana desciende a los infiernos en su lucha contra los patrones masculinos de su época. Hasta que su obsesiva búsqueda por los abismos de la moral acaba convirtiéndose en una pesadilla.

Volpi (Ciudad de México, 1968) retoma en \"La tejedora de sombras\" la pasión por la ciencia y el pensamiento actual que impregna su obra, que entre otras distinciones le ha hecho merecedor de la Orden de las Artes y las Letras de Francia, la de Isabel la Católica de España o el premio José Donoso de Chile. Y de nuevo, enfrenta al lector a una reflexión moral de la que no puede escapar.