En el Reino de los tecnócratas

De cal y de arena

La Presidente Chinchilla, que también es responsable de las causas determinantes del deceso del paquete tributario, vuelve a reafirmar su confianza en los tecnócratas y les pide la fórmula mágica con la cual resolver el crónico problema del déficit en las finanzas públicas. Ha dado a conocer sus propuestas en un “plan B” sustituto con trazas de improvisación pues no ofrece más perspectiva que la de un “plato de babas”, un sinapismo para las dimensiones de un déficit en las finanzas gubernamentales que sobrepasa el 4% del PIB. No es aventurado pronosticar que esta endeble propuesta desgaste aún más al gobierno, aun cuando se le plantee como opción de emergencia dirigida a afrontar el temporal en lo inmediato, un oxigenante para poder llegar con vida al 8 de mayo de 2014. La venta de inmuebles, la de servicios, la congelación de los altos salarios, la factura electrónica, el recorte de la contribución a los gastos de las campañas políticas, apenas darían para el gasto diario del presente gobierno; la nueva administración tendrá que encarar un déficit superior al 5% del PIB en un contexto social y político más encabronado y por ende más exigente y dispuesto a condicionar apoyos. 

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Hoy, como ayer, doña Laura se distancia de una verdad de a puños: el crónico déficit fiscal no puede encararse eficazmente con la exclusiva visión de los tecnócratas; es indispensable acudir al consejo y experiencia de los políticos. Y esto implica irremediablemente negociar, ceder, transar con las estructuras de poder investidas de representación. No para procurar un consenso –algo fuera de todo sentido político y contenido real- sino para construir los apoyos políticos suficientes y eficaces para que las propuestas de los tecnócratas, una vez despojadas de su visión lunática y de sus desequilibrantes contenidos, encuentren viabilidad. La señora Presidente –que terminó escogiendo a un tecnócrata de la burocracia internacional como Ministro de Hacienda- llamó a consultas a economistas y financistas, ninguno de ellos con el bagaje de la experiencia política y todos marcadamente neo-liberales, aunque sí con los conocimientos necesarios para elaborar algo más que ese “plato de babas”. Difícil no pensar que los comisionó para plantear una propuesta trascendente y eficaz ante las dimensiones del crónico déficit, para ser conocida cuando maduren las uvas. Pero cuidado si no se lleva otro trastazo precisamente por marginar la indispensable dosis de factor político, algo que bajo ningún concepto le aportó Ottón Solís, virtual émulo del ayatola Alí Jamenei.