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"Hice determinadas cosas...": Confesiones de un ex neonazi

Fuente: dpa  |  2012-02-23
"Hice determinadas cosas...": Confesiones de un ex neonazi

Un manifestante muestra un cartel durante la manifestación convocada contra la ultraderecha en Dresde, Alemania. EFE

REPORTAJE Por Pablo Sanguinetti (dpa) 

Berlín, 23 feb (dpa) - Gabriel F. entra en la sala con la cabeza cubierta por una capucha. Sólo se la quita ante los periodistas, pero está prohibido sacarle fotos. "En este trabajo hay que tener cuidado", explica. Su cara sería un objetivo jugoso para algunos de los criminales más violentos de Alemania.

De rasgos finos y aniñados, ojos celestes y cabeza aún rapada, este ex neonazi de 34 años trabaja ahora en la recuperación de otros extremistas que, como él, quieren dejar la violencia. Su historia muestra el lado oculto de un tema que sigue consternando a Alemania, donde hoy se rindió homenaje a las víctimas de la extrema derecha.

"Empecé ya desde mi casa", recuerda Gabriel con voz tensa y veloz en un encuentro con la prensa extranjera en Berlín.

"Mi abuelo tuvo un rol fundamental. Todos sus valores provienen de su niñez en el Tercer Reich y hasta hoy sigue sin criticar su pasado, diciendo que no todo era tan malo con los nazis, que no todo lo que dicen los libros de historia es cierto".

El pequeño Gabriel creció acunado por esa "visión romántica" del infierno creado por Adolf Hitler: "Sobre todo me atrajo la sensación de comunidad, de unión, que es lo que buscan los jóvenes. Nunca tuve una distancia necesaria con la historia".

A los 13 años comenzó a cultivar la estética extremista en dos entornos donde sigue campando a sus anchas: los hinchas ultras de fútbol y los grupos de rock con letras xenófobas y antisemitas. Con 21 ya era miembro de la escena neonazi organizada.

Sus enemigos, "los inmigrantes y la sociedad política en general: el movimiento antifascista, los periodistas, los políticos". ¿Y la policía? "Nos reímos a morir de su incompetencia".

"Muchos neonazis están integrados en la sociedad. Nosotros recibimos filtraciones y datos de autoridades públicas", revela.

El relato de Gabriel tropieza cuando se le pregunta por su actividad concreta esos años: "Cometí delitos violentos. Las causas están aún abiertas y todavía me siento responsable". Cuando se le pregunta si puede explayarse, zanja con una frase: "Comprenderá que prefiera no detallar determinadas cosas".

La sociedad alemana redescubrió hasta dónde puede llegar esa violencia en noviembre del año pasado, cuando las fuerzas de seguridad destaparon una célula neonazi que había matado a nueve inmigrantes y una policía durante años en todo el país.

Alemania recordó hoy a las diez víctimas con un minuto de silencio y un acto presidido por la canciller Angela Merkel, que volvió a hablar de "vergüenza" y pidió perdón a los familiares.

Gabriel se atrevió a dar el paso para salir de ese ambiente asfixiante en el año 2005. "Sentía una enorme insatisfacción. No podía llevar una vida normal", explica. Muchos neonazis se sienten igual y "hablan de salir de la escena, pero no lo hacen".

Y es que una salida exitosa requiere algo más que decisión. Algunos extremistas tienen pendientes cargos en la Justicia -como Gabriel- y necesitan asesoramiento legal. También protección frente a posibles venganzas de sus antiguos compañeros y orientación para armar una nueva vida.

Ésos son los pilares de fundaciones como Exit, que desde el año 2000 rescató a 443 radicales, incluyendo a Gabriel. Un 20 por ciento son mujeres.

"No se trata sólo de protegerlos de una posible venganza", explica Bernd Wagner, ex criminalista y cofundador de la iniciativa. "También hay que darles respuesta a otros problemas: trabajo, vivienda, deudas, contactos, orientación política e ideológica, adicciones y comprensión de su propio pasado, su identidad, los daños que provocaron".

El éxito de ese trabajo queda ensombrecido por las cifras que ofrece la Fundación para la lucha contra el extremismo Amadeu Antonio.

Desde la Reunificación de Alemania en 1990, la violencia de ultraderecha se cobró 182 vidas. Sólo en 2009, último año con datos, hubo 18.700 actos violentos de corte ultraderechista. En todo el país hay más de 200 organizaciones radicales con cerca de 25.000 miembros.

Gabriel ya no está entre ellos. En su proceso de salida terminó el bachillerato, desarrolló una "ideología democrática" y comenzó a trabajar en la recuperación de otros neonazis.

Admite que recibió amenazas. "Pero no vivo con miedo", asegura. Sino todo lo contrario: "Vivo tan libre como quería vivir. Ahora sé que hay una segunda oportunidad".

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