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Cinco errores ético-políticos de la propuesta de reforma fiscal

Fuente: Henry Mora Jiménez  |  2011-01-31

Columna Por el Bien Común

Entiendo por propuesta de reforma fiscal lo siguiente:

a) La Política Nacional de Sostenibilidad Fiscal: Responsabilidad en el Gasto y Solidaridad en la Recaudación, presentada en el Consejo de Gobierno días atrás.

b) El Proyecto de Ley Ley de Solidaridad Tributaria, Expediente No. 17959 (Reforma de la Ley de Impuesto sobre la Renta, y Reforma a la Ley de Impuesto General sobre las Ventas)

c) Las reformas anunciadas, pero aun no conocidas, al Código de Normas y Procedimientos Tributarios.

Es a partir de estos insumos que hago las siguientes observaciones.

1-El error de no aprender de los errores del pasado.

Hace pocos días un medio de prensa escrito informaba sobre la triste historia de las reformas tributarias aprobadas en Costa Rica durante los últimos quince años. El artículo de prensa enfatizaba los escuálidos y pasajeros resultados en materia de recaudación de tales reformas legales, a lo cual tenemos que agregar que tampoco han logrado transformar significativamente la regresiva estructura tributaria vigente, ni convertir nuestra Administración Tributaria en una agencia capaz de enfrentar con efectividad los delitos de la evasión y el fraude fiscal. Todas las reformas aprobadas se excusaron en la pretendida justicia tributaria (algunas hasta llevaban ese nombre), pero ninguna obtuvo resultados satisfactorios en este campo. Todas prometieron combatir la evasión, pero la misma continúa escandalosamente alta en materia de impuestos a la renta de las sociedades y las profesiones liberales. Y como era de esperar, todas contaron con la desaprobación (no activa) de la población, ya fuese por mero cálculo económico o por simple incredulidad.

Creemos que toda propuesta éticamente responsable de reforma tributaria (aunque no se integral), debe partir de este aprendizaje, lo que sin embargo no parece ocurrir en la propuesta de turno, que repite los mismos pasos de las reformas previas. De te fabula narratur.

2-El error de pretender aplicar a la realidad costarricense modelos tributarios de otras latitudes.

A mediados del siglo XX, el modelo de moda era el de la Agencia Tributaria de los Estados Unidos (la IRS), luego fueron las recetas fiscalistas del FMI en los años 80 y 90, y más recientemente, el modelo tributario europeo, especialmente en su versión española. En este caso el error es doble. Primero, partir de la concepción de que existe el modelo tributario ideal, que bastaría con adaptar a las condiciones de nuestra administración pública; y segundo, ignorar que la realidad social, económica, política e institucional de un país es siempre sui géneris.

Así por ejemplo, no es correcto diseñar un IVA para Costa Rica que ignore el hecho contundente de que casi el 25% de la población (sobre)vive bajo la línea de pobreza (medida por el ingreso); ni desconsiderar el alto coeficiente de importaciones de nuestra economía, lo que incide fuertemente

en la estructura y en la administración tributaria. Tampoco se puede diseñar un impuesto a la renta que ignore el todavía significativo peso en la producción y el empleo del sector primario, ni el carácter predominantemente familiar de la propiedad empresarial.

No tomar en cuenta estos factores básicos redunda (por efectos indirectos), en amplias exoneraciones, bases imponibles precarias y alta evasión, entre otras.

No pretendo negarle validez a la cooperación internacional en materia tributaria; el problema es la tendencia a copiar sistemas fiscales de países industrialmente desarrollados, sin tener suficientemente en cuenta nuestra propia y particular realidad.

3-El error de no entender que un impuesto vale, lo que la administración encargada de aplicarla.

El nudo de nuestra problemática fiscal no es la incapacidad de diseñar políticas y sistemas tributarios idóneos, (contamos con excelentes especialistas en derecho tributario), sino los graves problemas que continúan minando la efectividad de la administración tributaria, es decir, la gestión de cobro de los impuestos: politización de las grandes decisiones, clientelismo corrupto, profesionalización y remuneraciones insuficientes, informatización todavía limitada (de hecho, estancada), presión de los grupos oligárquicos (exoneraciones por doquier), etc.

Como un claro indicativo de esta situación, suele relegarse la reforma administrativa e institucional a una segunda fase, y nunca ostenta la prioridad que se requiere. Correlativamente, se tiende a menospreciar los problemas derivados de la aplicación de los tributos, de la gestión diaria del sistema fiscal, del servicio a los contribuyentes, del aporte de los profesionales del ramo, de las advertencias sindicales.

La propuesta de marras no escapa de esta tendencia: el gobierno pide con urgencia que se aprueben los nuevos impuestos, incluida una solicitud de alza en la tasa del IVA, para luego (¡!) completar la reforma legal con nuevas modificaciones al Código Tributario.

En estas circunstancias, no es de extrañar que la población se sienta defraudada y opuesta a la reforma, que los efectos recaudatorios sean pasajeros, que la evasión no disminuya y el costo de recaudar sea excesivamente alto.

4-El error de darle la espalda a los/as ciudadanos/as.

La consulta a la ciudadanía por parte del Ministerio de Hacienda pareciera ser más un artilugio propagandístico, como parte de una estrategia que persigue otorgarle viabilidad política al proyecto de ley; y no un verdadero ejercicio de democracia ciudadana. La información sobre la

finalidad y los contenidos del proyecto es escasa y solo para especialistas; y tanto o más importante, ningún gobierno asume la responsabilidad de acompañar la propuesta con sus respectivos estudios de incidencia fiscal: sobre la inflación, sobre el empleo, sobre la pobreza, sobre el ahorro y la

inversión, etc. En estas condiciones, nunca un proyecto de esta naturaleza contará con el apoyo de la población, que con razón exige que primero se cobren adecuadamente los impuestos vigentes y se elimine el despilfarro y la ineficacia en el gasto público.

Como bien ocurre en otros países, nuestra Constitución debería obligar a que cualquier proyecto de reforma tributaria vaya acompañado de sus respectivos estudios de incidencia fiscal. Se trata de un derecho básico ciudadano.

5-El error de restar importancia a la responsabilidad fiscal y a los debidos usos de los nuevos tributos.

Todo sistema tributario conlleva una política de gasto público, toda reforma tributaria conlleva una afectación del nivel y la estructura de ese gasto. Si el ciudadano no cree que los nuevos impuestos se van a utilizar idóneamente, y para el fin que supuestamente fueron diseñados (¡impuesto a

los combustibles!), la oposición social se convertirá, más temprano que tarde, en agujeros fiscales y, consecuentemente, en incapacidad crónica para atender las necesarias funciones del Estado.

La política de responsabilidad fiscal que paralelamente propone el gobierno (de muy limitado y hasta risible alcance), debería transformarse en una ley de responsabilidad fiscal (como ha propuesto el diputado Gustavo Arias) que ponga coto al despilfarro, a la ineficiencia, al clientelismo y a la corrupción. Quizás así, algún día, el ciudadano vuelva a creer en la importancia de una carga tributaria suficiente (que el país no posee).

Nota final: quizás se piense que los puntos señalados, más que errores son comportamientos sistemáticos de la clase política y la oligarquía criolla. Y lleva razón quien así piense. Pero desde la perspectiva de construir ciudadanía democrática y una sociedad más justa y solidaria, ciertamente son errores, tanto éticos como políticos que no podemos seguir ignorando ni alcahueteando. En un próximo artículo haremos algunas sugerencias para una reforma fiscal que al menos aprenda de estos errores y haga explícito, no solo el contenido de la reforma, sino, la política y la ética que la misma conlleva.

Comentarios

  • el porteño2011-02-03 bien por don henry mora j.como ciudadano creo que lo primero que debe de hacer el gobierno es darnos muestra de que los dineros que recauda los invierte bien pero si un dia si y otro tambien vemos el despilfarro,el robo descarado.como pretenden cobrar mas.
  • el porteño2011-02-03 bien por don henry mora j.como ciudadano creo que lo primero que debe de hacer el gobierno es darnos muestra de que los dineros que recauda los invierte bien pero si un dia si y otro tambien vemos el despilfarro,el robo descarado.como pretenden cobrar mas.

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