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Plan fiscal, gasto público y corrupción planificada

Fuente: José Luis Vega Carballo  |  2011-10-12

Columna Pensamiento Crítico

El Plan Fiscal (PF) se halla ahora en una segunda versión reformulada para complacer a Ottón Solís y al PAC. Pero no es la tan ansiada reforma fiscal, ni siquiera la puramente tributaria con que algunos aún sueñan. No saneará las finanzas del sector público costarricense, no sobrepasará un 2% del Producto Interno Bruto cuando lo que requiere es aumentar ingresos hasta un 5%, ni nos retomar el camino perdido del desarrollo con justicia y bienestar social.

Para ser una auténtica reforma o consolidación fiscal, habría comenzado a la inversa.

1.Primero, debería haberse empezado -y hace rato- por el gasto fiscal, donde urge una racionalización total y a fondo del mismo que no la alcanzan los burdos recortes, congelamientos y sub-ejecuciones presupuestarias a lo bruto que lanzan desde Zapote, con cuestionable énfasis en rubros de inversión social. Mientras quieren aumentar ingresos para elevar gastos, estos siguen sujetos por doquier a los peores vicios y anormalidades de los que se nutren los cofres del botín electoral y del supra-sistema de la corrupción planificada (SSCP), un asunto sobre el cual volveremos más adelante.

Más aún, el plan no trasciende sino que se basa en los mecanismos usuales que están en manos de administración tributaria muy deficiente y que posibilitan el fraude fiscal, las exenciones, exoneraciones y demás privilegios junto a abuso de los puestos y recursos del erario para el provecho personal, del clientelismo político y el capitalismo de capos y amigos. Todo lo cual queda intacto y seguirá en gran auge si el PF se aprueba, ahora bajo el signo de un continuismo verdiblanco y arista que hace ver en Zapote y Cuesta de Moras al imperio de lo ilegal e ilegítimo como si fuera lo normal y hasta color de rosa. Claro, para esos espurios círculos del PLN (ahora apoyados por el PAC) apropiarse del gasto y los puestos públicos para satisfacer fines privados y grandes negociados es su principal razón de ser y de estar en el poder. Como son los mismos que están en comando del SSCP y controlan los hilos del poder público, no conviene para nada al país que una reforma fiscal se realice de modo tal que venga darles más y no menos recursos a esos círculos, o sea, mayor impulso al corrupto vuelo de las águilas rohrmosianas.

2. Segundo, si el PF fuera una reforma en serio, vendría acompañada por una reingeniería completa del añoso sistema actual de recaudación de impuestos, a fin de hacerlo eficaz y eficiente, que para nada lo es hoy día. Esto implicaría volverlo al revés y ponerlo en condiciones de acabar con el fraude fiscal, cerrando portillos en la legislación y dejando atrás la mano suave, la impunidad y demás vicios que permean toda la administración tributaria y facilitan la tarea a los miles de ricos evasores.

Comenzando porque gracias a esa corruptela ellos pueden embolsarse la bicoca de un 5% del PIB nada menos. Se trata de una abultada suma que se le sustrae al fisco por el hueco de la evasión y que resulta equivalente al actual déficit fiscal, cuyo elevado monto causa tanta alharaca entre los altos círculos del poder económico y político, incluido el PAC. No han reparado en que la elusión y evasión fiscales son las mayores responsables de la baja carga tributaria, por consiguiente de unos ingresos fiscales insuficientes y, por ende, la mayor causa tanto del déficit como del endeudamiento en que el gobierno incurre para paliarlo y que tan buenos dividendos le genera a los especuladores en la bolsa, incluidos los propios evasores. El frío no está en las cobijas de un supuestamente muy elevado gasto público, mucho menos del lado del sector social.

Si se librara una guerra sin cuartel contra los fraudulentos mecanismos que mantienen baja la tributación y se elimina la benevolencia de la administración tributaria, entonces podrían equilibrarse las finanzas públicas en un plazo razonable, se lograría la meta de una verdadera consolidación fiscal y otro gallo cantaría en Hacienda. Entonces sí podría elevarse la bajísima carga tributaria, digna de un país africano al alcanzar difícilmente un 14% del PIB, hasta por lo menos un 20% y más adelante a un 30 como corresponde dado el ingreso nacional. Asimismo, bien podría disminuirse el servicio de la deuda pública total cuyo continuo aumento no deja de ser preocupante; y, si todo eso se lograse, se superaría el interminable ciclo de los desequilibrios fiscales que perturban la economía desde décadas atrás y no dejan al país levantar cabeza, y menos el poder entrar en una pauta de desarrollo sostenido, equilibrado e inclusivo.

3) Tercero, se requeriría finalmente dejar la costumbre de pegar parches como hasta ahora (¡se han intentado por la misma ruta 21 reformas parciales e infructuosas en los últimos 20 años!) y embarcarse en una auténtica reforma tributaria sistémica, con visión de conjunto y largo plazo, con base en un modelo de desarrollo con bienestar para todos (y no solo para unos pocos, como ahora) y de renovado Estado-Nación (no como protectorado gringo bajo el TLC-Cafta).

Como se ve, proponemos una reforma con cirugía mayor que supere el actual paradigma o sistema tributario obsoleto y además técnicamente ineficaz, agujereado y podrido hasta la médula; una reforma integral que ojalá elimine impuestos innecesarios de bajo rendimiento, acabe con cuestionables exoneraciones y exenciones, cierre vacíos legales y portillos, y fusione todos los realmente productivos en uno solo, bajo un régimen de Impuesto Único centrado en la tasación del uso económico de la propiedad territorial y que sí garantiza sencillez, eficacia, justicia y transparencia. En fin, una reforma que en el fondo contribuya a desterrar la corrupción, a fomentar la transparencia y la ética del funcionario y del contribuyente, a amputarle garras al SSCP de las águilas, y a hacerle justicia a los caracoles que hoy llevan el peso de la carga tributaria, mientras los ricos hacen grandes negocios con la evasión, provocan el déficit fiscal y vuelven al negocio con la compra de bonos que Hacienda coloca en el mercado bursátil para saldarlo y ofrecer con ello un festín a los grandes evasores-especuladores ubicados en el sector financiero.

Nada orientado a combatir las deficiencias, vicios y fraudes fiscales antes enumerados y que dan fuerte aliento al SSCP, hallamos ni en la primera ni en la segunda versión del PF enviada al parlamento, la cual perpetúa la tendencia de hacer remiendos y a volver la recaudación más compleja, engorrosa, y sobre todo ineficaz, ya que desde ahora todo hace prever que Hacienda no será capaz de cobrar lo que promete en impuestos de ventas, servicios y ganancias del gran capital, mucho menos hará lo previsto en cuanto a renta global y renta mundial, las cuales quedarán en el papel y para retórica del PAC.

Entonces es que no; a los hacendistas del actual gobierno les interesa por sobre todo subir impuestos a como haya lugar para alimentar la danza de la corruptela sin fin, o inventar nuevos que se descarguen contra los sectores de medios y bajos ingresos, al tiempo que, por el lado de los ingresos fiscales, pegan más emplastos al superado sistema vigente de recaudación y administración de impuestos; mientras por el de los egresos, dejan intacto el desorden y la corrupción de gran escala que reina en materia de gasto público y que es el pan nuestro de los gestores del SSCP. Una vez más: no al insuficiente y perverso adefesio del plan fiscal!

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