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La cueva de Alí Babá

Fuente: Alfonso J. Palacios Echeverría  |  2012-05-01

¿Puede existir una confusión  mayor –de valores, principios y honestidad- que la que contemplamos los últimos días en la Asamblea Legislativa? Porque del Poder Ejecutivo tenemos multitud de muestras sobre la descomposición generalizada que lo caracteriza.

Es posible, si la Sala Constitucional nos da una muestra más de su veleidad jurídica e intelectual, como en el caso de la “interpretación” que realizó de la Constitución Política para permitirle a un triste personaje volver a la presidencia de la república, para entregar lo que quedaba del país a los intereses económicos nacionales y foráneos. Ya que en el horizonte se encuentra lo inexplicable de Infinito Gold y Crucitas, pues debieron haber sentenciado ya, puesto que no rechazaron ad portas la gestión, por aquello de que le deben favores muy grandes a Oscar Arias y su grupo. Al fin y al cabo, están allí los magistrados, disfrutando de las prebendas del cargo, porque el parido político los colocó con dobles intenciones futuras. ¡Todo es posible en este país!

Pues bien, lo que hemos contemplado dentro de la Alianza por Costa Rica, en donde aparecieron personajes que, por un lado, su afición a las peleas de gallos logra que pierda la posibilidad de figurar como Presidente de la Asamblea, y por otro lado el del diputado del PASE aspirante a la misma presidencia (impulsado por el Partido Liberación Nacional) de quien nos enteramos que fue acusado por haber cometido un intento de soborno a un juez, para permitir la libertad incondicional de dos narcotraficantes, causa que dejaron prescribir en el Poder Judicial como hemos visto muchísimas veces. Y quién sabe cuántos más, como la señora diputada vinculada con los casos de peculado, tráfico de influencias, coimas y recibo de comisiones ilegales, aunque no fuera indiciada y condenada, pero que tuvo que devolver unos dineros, es una muestra más de lo mal de lo pésimo que estamos. O de otra, que apareció como invitada de piedra en un acto de Oscar Arias, y de quien se sabe que -de donde proviene- existen nubes negras que empañan su imagen, como dejar agonizar la empresa de la cual era responsable, pero no así sus negocios personales vinculados con la actividad a la que se dedicaba la organización.

Pero no se asombren, dentro del otro lado existen diputados ya indiciados, como el de Liberación Nacional que tiene en su contra varias causas por delitos escandalosos; y si escarbáramos un poco más, encontraríamos más de un par de maleantes de cuello blanco. ¿Y qué me dicen de los dos diputados “cristianos”, que son mercaderes vulgares, al  punto de expresar públicamente uno de ellos que “votaría al ganador”, para no desperdiciar su voto?

Nos quedan ciertas dudas muy importantes. Y me explico. No las teníamos con relación a Liberación Nacional o los cristianos, ya sabemos de qué calaña son. Pero nunca nos explicaron cómo se habían filtrado dentro de las filas de los otros: Social Cristianos, Libertarios y Accesibilidad sin Exclusión, como ejemplo, personajes como los señalados. A no ser que la naturaleza misma de estos partidos fuera medio obscura, como se está comprobando en el rendimiento de cuentas ante el Tribunal Supremo de Elecciones, de forma que no se diferencian en nada del PLN, que los manipula a su antojo. (Si no tienes adversarios, créalos tu mismo, pero mantén bien sujetos los hilos con los que manipularlos.)

Estamos pues frente a la cueva de Ali Baba, y está de más explicar a qué me refiero. Allí todo se oculta, todo se trafica, todo se compra o se vende, la integridad y la honorabilidad no existen, solamente los intereses personales y gremiales más rastreros, porque lo que son los intereses del pueblo no existen en sus mentes.

Estamos a dos años de las próximas elecciones, y me pregunto ¿en este doloroso período de nuestra historia republicana, habremos aprendido algo? El pueblo, quiero decir, ¿habrá aprendido algo o seguirá tan poco informado e indiferente como siempre, y votará “al ganador” según sus limitadas apreciaciones, víctima de la más asquerosa demagogia?

Varias son las lecciones que nos han dado en el pasado período presidencial y en la mitad de éste. Ha quedado al descubierto la inmundicia de la clase política (¿o de arribistas?) nacional, en donde se salvan muy pocos, porque o son delincuentes agazapados, o tontos útiles de intereses partidarios, o limitados mentales, por sus desconocimientos y poca capacidad mental. ¡Y se salvan muy pocos, poquísimos!

Por  lo anteriormente señalado es que para muchas personas político es sinónimo de mentira y mentira lo es de político; hasta qué grado es algo que acaba de quedar científicamente demostrado gracias a un estudio del Centro por la Integridad Pública estadounidense, sobre un caso harto conocido, el cual determinó que el Presidente Bush Jr. y sus funcionarios mintieron en 935 ocasiones en relación a Irak, y esto sólo en los dos años previos a la invasión. A estas casi mil mentiras se suma otro montón igual o superior que se dijeron después de la misma.

Ahora bien, y por experiencia propia, cualquier oyente, lector, o televidente, puede afirmar que los políticos costarricenses son mucho más mentirosos que el Presidente Bush y su comitiva; la diferencia es que aquí padecemos amnesia colectiva (se nos olvida todo, o estamos estupidizados), y además no contamos aún con un Centro por la Integridad Pública que les lleve cuentas a los narigudos pinochos que ocupan el escenario nacional y que inundan a diario la opinión pública.

Esta característica no se limita a un solo partido, sino que se reparte generosa y equitativamente por todo el espectro de la geografía nacional. En nuestro medio, la mentira no es un vicio individual sino, más bien, un síndrome colectivo en la vida pública. La nula relación entre el discurso político y la verdad es lo que ha llevado a nuestros políticos a merecer el también nulo respeto de la población.

En diversas encuestas, la política es la profesión menos admirada según las opiniones vertidas por los ciudadanos en plena calle y tan pronto como se les pone un micrófono delante. Es tanta la desconexión entre la verdad y el discurso político, que los ciudadanos de forma progresiva prestan atención a los trucos y trapisondas de los políticos, máxime en campaña electoral. 

Si acaso sirven para algo esas lenguaraces descargas es para dar pie a la mofa, la burla, el escarnio y el desahogo ante la barra del café de media mañana: "¿Oíste lo que dijo anoche el payaso de Fulano?", y ¿lo que ha escrito ese paniaguado de Mengano en… (y aquí pongan el medio que más a mano les venga). En el fondo, detrás de estas falsedades y embustes existe una gran soberbia que les hace exclamar las barbaridades que declaran a los medios de comunicación,  cegados por su autosuficiencia y fanfarronería. Se ve que sobran ocurrencias, y faltan ideas. 

Indican, además, la pueril creencia de los políticos de que con el solo “decir” algo, dada su elevada posición, lo convierten en realidad. No importa que sea la burrada más idiota, pues mientras pongan cara de serios y lo digan con mucho énfasis, según ellos, ya resolvieron todo. Súmese esta equivocación a una sistemática infravaloración del talento de los ciudadanos electores y así ahondan el hoyo del desprestigio político.

En el último año se ha acrecentado el desprestigio general del oficio político. Cada día más universalizado, no es, por eso, fenómeno exclusivo de un país ni propiedad particular de un partido o sistema. Tampoco de un individuo, en tanto que miembro de la que es o aspira a ser clase dirigente, con su escala respectiva de valores y matices. Afecta, por encima de todo y de todos, a ese ámbito tortuoso que es la lucha por el poder.

Si nada hay que codicie más el hombre, nada hay, también, que lo desgaste tanto. El tener poder para poder tener bienes materiales es una meta política ambiciosa y difícil, en su suma de inteligencia y audacia. Viejo oficio en el que es más fácil vivir del crédito de las palabras que de dar crédito a las palabras; en el que se aprende primero de quién no fiarse y después de quién fiarse, hasta llegar, a menudo, a no fiarse ni de sí mismo; en el que se prefiere más la complicidad que la adhesión; en el que- frecuentemente- para ser primero, hay que ser el último en hablar.

Ese oficio que invoca la igualdad democrática, incurriendo en toda clase de iniquidades e injusticias, bajo el peso de una rutina que olvida la creencia y hace de la creencia una simulación demagógica hasta caer en la apostasía; los vicios se vuelven costumbres, la docilidad en acatamiento y la ideología en retórica facilona. Acaso porque la política, en la antigua frase de Gustavo Le Bon, "no tiene corazón". 0 porque es válida la rotunda definición de Ortega y Gasset: "La política es una actividad instrumental, limitada, que no es capaz de organizar la amistad entre los hombres, ni la lealtad mutua, ni el amor". Verdaderamente, en política no hay reglas del juego: el juego acaba con las reglas. El pasado, el presente y el futuro son historia entremezclada, especulación acomodaticia, abuso de la falta de memoria del pueblo. (Si la hubiese, los políticos apenas existirían). Es el escenario dominado por la filosofía gatopardesca del príncipe Tomasi di Lampedusa: "Si las circunstancias lo exigen, hay que cambiarlo todo para que todo siga igual". Puerta abierta al cinismo del oficio político. Dramáticas son las palabras de Michel Rocard al renunciar a la dirección del Partido Socialista francés, en 1994: "Las divisiones reales en pocos casos nacen de las ideas, sino muy a menudo de las ambiciones, nostalgias y segundas intenciones". No menos dramática es la confesión de Mario Vargas Llosa, después de su frustrada campaña para ser presidente de Perú: "La política está hecha casi exclusivamente de maniobras, intrigas, conspiraciones, pactos, paranoias, traiciones y todo tipo de malabarismos".

Todo lo cual ha traído como consecuencia no sólo las degradaciones míticas del mesianismo, sino también de un aparato tecnocrático que desplaza las conformaciones ideológicas, sustituyéndolas con la pura exaltación propagandística de un hombre, de un partido, de un sistema. Los Vientos de semejante artificio, por muy real que parezca, han traído el descrédito del oficio político. De ese oficio que D'Alembert llamó "el arte de engañar a los hombres"; que Kant definió como "la habilidad para adaptarse a todas las circunstancias". Y que la Unesco ha identificado como "ciencia de la convivencia humana". Para el escritor norteamericano Mark Twain los políticos "son la única clase delictiva por naturaleza". Con fundamento en esta acusación, los críticos de hoy concluyen que la falta de diferencias ideológicas fertiliza el campo de la delincuencia.

El endiosamiento del hombre político está hoy estimulado, a través de la propaganda, de la que puede formar parte la noticia planeada o espontáneamente generada, por ese mar de tinta, racimos de micrófonos y cascada multicolor de imágenes que son los medios de comunicación. Pero, a la vez, los medios de comunicación se han convertido en un purgante de las inmoralidades políticas al denunciar los abusos de poder y las trampas crecientes de la corrupción y el soborno. Hasta los medios de comunicación, esos activadores de la ansiedad hasta la saciedad, llegan y se multiplican las pugnas insultantes y descalificadoras de unos Políticos o partidos contra otros.

Analicemos, pues, todo lo sucedido en estas semanas, con motivo de la próxima elección del Directorio de la Asamblea Legislativa, con todos los escándalos, intrigas, y enredos mentales que han aparecido, o el clamor de la señora Presidente de la República, pidiendo una tregua “para podre gobernar”, cuando ella no ha dado tregua alguna al pueblo que la eligió, implementando las medidas neoliberales que lo empobrecen cada vez más, proponiendo medidas injustas como la de darle trato preferencial a las grandes empresas, pero haciendo que el pueblo pague los subsidios que se otorgarían a esas empresas, para dar solamente dos ejemplos.

Pero es pedirle demasiado al pueblo. Recordarle que debe reflexionar, no dejarse embaucar por los políticos, votar con inteligencia, es una lucha titánica contra los mecanismos de organización que los partidos políticos diseñan y mantienen para continuar con su discurso demagógico. 

Comentarios

  • Oscar Saborío Alvarado2012-05-01 Excelente sin duda alguna, pero según la historia de Alí Baba y sus cuarenta ladrones, no es aplicable en Costa Rica, 40 ladrones es un mínima parte de lo que hoy participa en nuestra política
  • Clara Ma. Bernaskina2012-05-01 Leo regularmente ls valientes artículos que publica Elpaís.cr, firmados por este señor, pues son valientes, directos, fundamentados y hasta cierto punto doctos. Y leo también los comentarios de quienes le atacan con violencia (como en el caso del artículo anterior: No estoy indignado...) sin argumentos sólidos, sino mostrando su miseria intelectual y los intereses evidentes que están detrás de sus comentarios, e incluso detrás de los insultos y descalificaciones. Le insto al articulista que continúe en su dolorosa labor de hacernos tomar conciencia de nuestor problemas y nuestra incapacidad para solucionarlos, y que no se deje amilanar por las limitaciones mentales de quienes le adversasn. Esta artículo, por ejemplo, nos deja bien claro qué está pasando en nuestro país, y cómo la lucha por el poder, para obtener beneficios económicos, es lo que está detrás de los políticos criollos. ¡Jamás pensaron en el pueblo sufrido, olvidado y que engañan sistemáticamente, para beneficio propio! No acostumbro a comentar, pues me considero que no tengo la talla intelectual para ello, pero me sacaron de mis casillas con las estupideces que dijeron en relación al artículo anterior.
  • joaquin quiros2012-05-01 La cueva en cuesta de moras,,,,,, ALI BABA EN ROHMOSER,,,,Y LA COORDINADORA EN ZAPOTE
  • José2012-05-01 Don Alfonso, lo del diputado Granados no fue estorsión para la liberación de dos narcotraficantes, sino un delito efectivo de estafa al Banco Nacional.
  • José2012-05-01 Es claro, y como pueblo solo nos quedan dos caminos -por decirlo de alguna manera-: o seguimos alcahueteando el curso de las cosas (lo cual nos hace cómplices), montando o dejando que se sigan montando políticos (en las municipalidades, en la Asamblea, como ministros, como presidentes ejecutivos) pese a sus cualidades de ladrones o corruptos (la mayoría probable y lamentablemente, aunque lo real), o reaccionamos, nos instruímos, creamos los mecanismos legales correspondientes que resguarden la salud del Estado y el bienestar de todos, y culpando y juzgando de manera pertinente, pronta y efectiva a quienes ensombrecen nuestra vida ciudadana. Como costarricenses (los honestos por supuesto) tenemos un gran reto, una inmensa labor por cumplir. Por el momento tenemos una triste realidad, que es un ámbito político - incluyendo la actual administración-, tremendamente, tanto que asusta, obscuro, corrupto. Solamente centrándonos en la Asamblea Legislativa, asusta ver la calidad moral de una gran cantidad de quienes supuestamente son nuestros representantes en esta "bella democracia"; entre ellos parecen aflorar toda clase de actos delictivos.....pero ¿Quién los juzga? ¿Quedan dudas de quienes (en gran medida) son nuestros políticos?
  • José2012-05-01 valga decirlo: ¡Que Dios nos acompañe con el nuevo directorio legislativo!
  • Sergio2012-05-01 Apostemos: el pueblo seguirá tan poco informado e indiferente. ¿Cómo queremos que esté bien informado y no sea indiferente si los medios son de desinformación, el sistema "educativo" es de embrutecimiento, de agache la cabeza, de calladito más bonito, de no haga olas, no tire piedras...? Los jóvenes, ay sí, los jóvenes, si tan sólo sacaran sus cabezas de iPhone... y muchos canosos igual. Apostemos: gana el Rorri, o el Araya, y le sigue el Figuerillos... si la propaganda/publicidad no funcionaran, nadie comería en Mc ni en TacoBell, ni la Laura sería presidenta. Años ha mamá decía que "antes" a los presidentes los escogían 4 ricachones en el Club Unión, ¿ha cambiado acaso algo? Los grandes capitales siguen decidiendo quiénes serán los que ocupen las sillas del poder-- por supuesto, ese poder está por debajo y subordinado al verdadero poder que es el del gran capital, y es a éste a quien sirven y obedecen; ya era así desde antes de que hubiera un televisor en cada cuarto, antes del fútbol permanente, antes de los reality shows. Quizá haya manera de que las cosas cambien para bien de la gente, mas no la veo ni lejos debajo del horizonte. Saludos Alfonso y gracias por su valentía y por su luz.
  • presbere2012-05-01 algo tendra que pasar para que el pueblo levante y despierte
  • carlosmonge2012-05-01 Felicitaciones don Alfonso por sus valientes y objetivas apreciaciones. Lamentablemente el nivel de participación democrática y el desarrollo de la participación política-partidaria han llegado a niveles muy altos de degradación. Hoy cualquier delincuente o atorrante puede llegar a ocupar una curul en primer poder de la república, sin que el ciudadano no se percate ya sea por poca información, por negligencia o ignorancia. En el pasado, un diputado del gobierno oficialista involucrado y condenado en asuntos de narcotráfico casi llega a ser presidente del Congreso y quizá candidato y porque no presidente de la república. Cuando uno hace memoria de quienes integraban los congresos del pasado, trae a colación personajes honorables, de una gran formación académica, moral e intelectual que eran una garantía para la vida democrática del país. Menciono algunos que recuerdo: Manuel Mora, Mario Echandi, José Luis Molina Q. Alfonso Carro, Rodrigo Carazo, Rodolfo Cerdas, José Miguel Corrales, Álvaro Montero Mejía, y muchos más, que a pesar de sus diferencia ideológicas, tuvieron la capacidad de promulgar leyes y aprobar proyectos que le permitieron al país avanzar. En las tres últimas administraciones, con las excepciones del caso, hemos venido viendo congresos conformado con diputados incapaces, acríticos, cuestionados y que nos responden a la voluntad del pueblo que los eligió. Lo que hoy vemos en el actual congreso, es muestra fehaciente de esa realidad.

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