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El camino de regreso hacia la dignidad

Fuente: Alfonso J. Palacios Echeverría  |  2012-06-29

Hemos perdido la dignidad como pueblo y el camino de regreso hacia la autoestima es largo y doloroso, muy difícil y escarpado, porque durante los últimos treinta años los partidos políticos convertidos a la corriente neoliberal, es decir: al latrocinio, al egoísmo, a las políticas públicas que favorecen al 1% de la población (la más rica) y aplasta al 99% restante (todos los demás), nos han metido en la cabeza que lo único que importa es hacer dinero, no distinguiendo la forma o manera, legal o ilegal, honorable o robando mediante los múltiples artilugios que permite la ley, el tráfico de influencias y el compadrazgo político.

Hemos perdido la esperanza de una Costa Rica mejor para todos, y nos hemos resignado a una patria en donde los ricos gozan de todos los privilegios, la clase media tiende a desaparecer, la clase baja se hace cada vez más pobre y la vida se le convierte a uno en una lucha constante por la sobrevivencia.

De nada sirven los diagnósticos, los señalamientos, las acusaciones, tanto de analistas independientes cuanto de las organizaciones públicas encargadas de velar por la ética y el respeto a las leyes, los gobernantes hacen lo que les da la gana, desprecian la constitución y las leyes, engañan, mienten, trafican, desperdician recursos en estupideces, hacen caso omiso a acusaciones gravísimas –comprobadas hasta lo indecible- como acaba de suceder con el informe de la Procuraduría del la Etica, que la actual Presidente de la República desprecia olímpicamente por una razón muy simple: son sus socios comerciales.

Lo he venido señalando desde hace años, ya estoy cansado de abrir las sentinas pútridas de la política nacional, del comportamiento de políticos y gobernantes, de sus aliados empresarios y de sus aliados curas/sanguijuelas, pues nadie se asombra de la pestilencia que despiden. Pareciera que están acostumbrados a la descomposición social y al olor a cadaverina que despide.

Muchos comentan que hay que proponer alguna solución para sacar del gobierno a esta mafiocracia, claman por ella, pero no dan una sola señal de saber cómo se podría hacer “algo”, y leyendo un artículo publicado en el extranjero  por Jaime Richart, sobre una situación similar en otro país, encontré algunas ideas que nos caen muy bien y que se aplican perfectamente a nuestra realidad.

Lo que verdaderamente necesita este país es un cambio radical de mentalidad. Pues aunque para que una persona o un pueblo cambien su visión general del mundo, o han de transcurrir cien años o han de sufrir una crisis aguda como la que atraviesa este país. La mentalidad saqueadora de muchísimos personajes públicos a lo largo de estos últimos treinta años, ha causado los estragos suficientes como para urgir el cambio. Tanto derroche y latrocinio, propios de una mentalidad mezquina por un lado y necia por otro, tenían que pasar una gruesa factura. Y en eso estamos. Lo peor es que la factura efecto de esa mentalidad no la pagan los culpables, si no los de siempre: los socialmente débiles.

La primera condición que debe darse para que un país atrasado dé un salto al progreso integral es un cambio de filosofía vital, primero en sus dirigentes y luego en la ciudadanía. En este orden. Téngase en cuenta que cuando hablamos de un país atrasado, lo primero que pensamos es en su marcada desigualdad social, en el caciquismo, en las diferencias clamorosas entre unas clases y otras, en los muchos privilegiados y los muchos más desgraciados todavía.

Digamos que hay que aceptar un “cierto grado” de corrupción de los poderosos en un sistema político, económico y social propicio que la fomenta y aun hay quien considera un motor más de la economía. Pero el número de los corruptos entre nosotros es tan escandaloso que no hay otro en el mundo. Sea en la política, en el empresariado, en la banca o en las instituciones; sea en la justicia, en la gobernación o en la jerarquía religiosa, es decir en los ámbitos corruptibles. Por eso lo que le queda, es la asignatura pendiente de la honradez pública de políticos y banqueros y empresarios, y la voluntad de sus gobernantes y asociados de acortar las enormes diferencias sociales que perduran todavía, efecto en buena medida del tener como referentes a las ideas neoliberales prevalecientes.

El trance, pues, va a ser crucial, para este país. Por eso urge el cambio de mentalidad. Los ricos, los dirigentes y en general los poderosos han de abandonar la rapiña ya que  el barco que hace aguas por todas partes. La intervención y los reajustes que lamentablemente habrán de costear los que no han tenido la culpa de nada, tendrán que ir ligados a un cambio radical de mentalidad que hubiera debido comprender por sí misma la simple evolución social; no tanto la de la ciudadanía de a pie, que también, como la de quienes dicen mirar por el bien común y servir al pueblo, cuando está ya muy claro que las verdaderas razones de postularse como dirigentes de las superestructuras de la vida pública: política, justicia, empresa, y banca, principalmente, han sido enriquecerse y enriquecer a los de su clase dejando sólo las migajas para los perros.

De esto se trata, de que los responsables públicos de toda laya, tomando el asunto como recorte principal, comprendan o se obliguen a comprender que un país jamás puede prosperar ni en lo material ni en lo moral ni en lo cultural, si son el latrocinio, el despilfarro y la visión privada de lo público lo que gobierna...

Para todos aquellos que recurrentemente despotrican en contra de los que de una u otra forma, con acierto o sin él, señalan elementos de la situación nacional, y los acusan de quedarse en el diagnóstico sin proponer soluciones, les presento estas ideas para que se den cuenta del grado de complejidad de la problemática nacional, pues se trata de algo cultural, enraizado en la mentalidad de todos los ciudadanos, acostumbrados a “buen pasar” ; y no solamente en la codicia, el egoísmo y la falta de ética y moral de quienes se encuentran en la cúpula de todas las organizaciones representativas de Costa Rica: partidos políticos, gobierno central, poder judicial, asamblea legislativa, iglesias, colegios profesionales, agrupaciones de empresarios; sino que el problema está en todos nosotros. Y que el regreso hacia la dignidad se hace sacrificando las comodidades a que estamos acostumbrados, abandonando la actitud del “poco me importa” que nos caracteriza.

Se acercan las elecciones y las campañas engañosas, hipócritas y mentirosas, de siempre, y vemos hasta qué punto el partido político en el poder, o al menos sus cúpulas, hacen caso omiso de la constitución y las leyes, de la ética y la moral, y hasta qué punto los aliados que logran para situaciones puntuales se contagian de esa podredumbre. Se acerca el momento de tomar decisiones importantes para el país, las que debemos tomar todos, no los gobiernos, y se acerca el momento de que cambiemos de mentalidad, para tomar el camino del regreso a la dignidad como pueblo, recordando que no todos los compañeros en este camino son aconsejables.

Comentarios

  • JavierFco.SanRamòn2012-06-29 No. No perrdamos la esperanza. Otra Costa Rica es posible. Ya lo decía el afamado poeta costarricense Isaac Felipe Azofeida. Nacio en PLN, creció en el PLN y se marchó del PLN cuando empezó a oler a podrido, ese esqueleto de partido. "Nunca se pone tan oscuro que cuando va a amanecer". aún la esperanza nos la quieren quitar, nos la quieren robar, no les demos ese gusto.
  • mario madrigal=mm2012-06-29 Aportes estratégico-políticos para una coalición 2014. Cuando barbas de tu vecino veas quemar, pon las tuyas a remojar. Tres intereses convergieron para el derrocamiento de Fernando Lugo: los intereses de las transnacionales del agronegocio y del sector financiero; los de la oligarquía terrateniente, aliada al capital transnacional, y los de los partidos políticos de derecha, todos apadrinados por Estados Unidos. Ahora Fernando Lugo y sus asesores reconocen que cometieron un grave error al creer ingenuamente que podían cogobernar con los partidos de derecha siempre ligados al gran capital transnacional y nacional. Como dice Atilio Borón, es un error creer que un gobierno incluso tímidamente progresista como el de Lugo, puede prosperar con aliados de la derecha, en este caso el partido Liberal Radical. Estos al igual que el partido Colorado, sesenta años en el poder, están igualmente ligados al gran capital nacional y transnacional. Si queremos en Costa Rica una coalición que además de ser consecuente con los intereses de las mayorías y del país, sea también a prueba de traiciones internas, esta se debe surgir de la articulación de los movimientos sociales con los partidos de centro, centro izquierda e izquierda que compartan el COMÚN DENOMINADOR de ser ANTI NEOLIBERALES Y COMPROMETIDOS CON LA ÉTICA. No le demos la espalda a la historia, menos si esta es reciente y casi en nuestras barbas.
  • HUAN2012-06-29 "Se acercan las elecciones y las campañas engañosas, hipócritas y mentirosas", entonces yq es hora de que hagamos nosotros mismos el cambio.
  • Ricardo Vilaforte Pons2012-06-29 Un pueblo sin educación ni vocación política es un pueblo medio muerto, víctima de las carroñeras que abundan en nuestro medio. Bien lo dice el articulista: es un probleme cultural, o sea: es un problema de falta de educación... y sobre todo de esa educación que nos concientiza sobre nuestra obligaciones y derechos cívicos. ¿Cuando amanecerá Javier Fco? Ya quisiéramos que se juntaran todas la fuerzas antineoliberales para derrocar esta mafiocracia que nos gobierna y que quiere seguir gobernando con un delincuente a la cabeza del Ejecutivo, acostumbrado ausar los fondos públicos como propios. Pero es tal el egoísmo de los grupos, que no vel la posibilidad de juntarse y realizar una gran alianza.
  • annamaria rimolo2012-07-01 mm, usted lleva mucha razón en su comentario, pero ¿qué tan posible sería una coalición a prueba de traiciones internas? Digo yo ¿realmente es posible? Y si fuera posible ¿cuánto tiempo nos tomaría? A veces siento que no hay tiempo, que es muy poco lo que nos queda. Si nos ponemos a esperar a que se de la situación ideal de convergencia, pienso que nunca llegaremos a ella y podríamos perder valiosas oportunidades de lucha. Por eso, es mejor pensar en que para 'ganar la guerra', hay que vencer batallas...y perder otras. Por ejemplo, no considero que la Alianza haya sido un fracaso, pues se logró por un tiempo un equilibrio de fuerzas y definitivamente fue un obstánculo grande para la gran maquinaria de la corrupción. Lo importante es unirnos cuantas veces podamos, a sabiendas de que nos desunirán una y otra vez, pero hay que continuar. Por eso le vuelvo a preguntar, ¿ese "común denominador de ser anti neoliberales y comprometidos con la ética" realmente tiene posibilidad de ser?

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