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Más alto, más rápido, más lejos: Batir récords está de moda

Fuente: dpa  |  2012-07-24
Más alto, más rápido, más lejos: Batir récords está de moda

Un saltador ejecuta su salto durante los entrenamientos en el Centro Olímpico Acuático de Londres, Inglaterra, hoy, martes, 24 de julio de 2012. EFE/Diego Azubel

REPORTAJE Por Ulrike Leszczynski (dpa) 

Berlín, 24 jul (dpa) - ¿Vuelta al mundo en 80 días? Aquello fue un reto de ciencia-ficción popularizado en el siglo XIX por el escritor francés Julio Verne en su novela homónima. Pero hoy en día, la gente se marca nuevos objetivos para batir récords de velocidad y distancia, como la vuelta al mundo en globo lograda hace diez años.

El periplo en solitario de Steve Fossett duró 13 días y finalizó el 2 de julio de 2002, marcando un récord de velocidad, distancia recorrida en solitario en un globo y distancia recorrida por un globo en un periodo de 24 horas. Tres años más tarde, Fossett batió el récord de distancia en un vuelo sin escalas.

Según investigadores de comportamiento, los viajes de Fossett son un ejemplo del humano deseo de batir récords. Los estudios revelan un incremento del anhelo por conseguir algo único en todo tipo de disciplinas, desde ir desnudo en trineo a carreras en sillas de oficina. Y la televisión e Internet no hacen más que espolear estas ambiciones.

Más alto, más rápido, más lejos: a Peter Walschburger, psicólogo de la Universidad Libre (Freie Universität) de Berlín, no le sorprenden estos objetivos. Nuestras raíces evolutivas se remontan a los cazadores y recolectores de la Edad de Piedra, cuando la victoria en la lucha por la supervivencia era lo más valioso.

"El deseo de batir récords es genético, especialmente entre los hombres", sostiene el experto. En el caso de las mujeres, la programación genética está más inclinada hacia el anhelo de sostenibilidad, la asunción de responsabilidad social y el cuidado de los hijos.

Sin embargo, los hombres se permiten ocasionalmente buscar los laureles en contraposición al raciocinio. Según Walschburger, la base de esto es que la gente con éxito a la hora de probar en extremo sus habilidades experimenta con frecuencia una alegría extrema.

Y este es un sentimiento que las personas anhelan una y otra vez, con efectos similares a la dependencia de drogas y que acompaña un incremento en la producción de hormonas sexuales. De ahí la necesidad de batir récords. Fossett era un arquetipo de esta personalidad. Persiguió récords en numerosas disciplinas, desde la natación a las carreras de coches, vela o vuelo.

Hoy en día, en cambio, batir un récord no depende sólo de un rendimiento excepcional que requiere muchísimo entrenamiento y experiencia. Los espectaculares logros de gente común y corriente alimentaron programas de televisión que ofrecen fama y fortuna al mismo tiempo.

"Los seres humanos ansían reconocimiento y se orientan hacia este tipo de ejemplos", señala Walschburger. "E Internet, con plataformas como YouTube, transmite esas imágenes a todo el mundo."

Según el experto en tendencias Peter Wippermann, la búsqueda de récords está creciendo debido al anhelo de reconocimiento. Las instituciones que antes ofrecían el sentimiento de ser mejor han perdido su estatus: las familias, debido a las altas tasas de divorcio; los partidos políticos, por su ambigüedad, y la Iglesia, por los cambios sociales.

El resultado es una cierta pérdida de orientación, afirma el experto. "Y los ránkings nos proporcionan la sensación de que somos el centro de atención." Igual si se trata de algo estúpido, como lanzamiento de pasteles de nata, o retos serios como dar la vuelta al mundo navegando a la edad de 16 años o caminar por la cuerda floja sobre las cataratas del Niágara.

Y, según el psicólogo Jens Asendorpf, de la Universidad Humboldt de Berlín, no es algo de hoy. "Los Juegos Olímpicos ya existían en la antigua Grecia", señala. La diferencia es que ahora, las noticias de los récords alcanzan a un número de espectadores muchísimo mayor. "Y las recompensas sociales aumentan debido a ello", afirma.

En su opinión, "las motivaciones que llevan a batir un récord no han cambiado, pero sí las respuestas". Y el umbral se ha visto reducido "porque la posibilidad de reconocimiento social está aumentando", añade Asendorpf.

¿Se acabarán alguna vez los récords, porque el cuerpo humano haya alcanzado sus límites? Los investigadores no lo creen. Los récords son un proceso dinámico, y siempre habrá retos, nuevas normas o posibilidades técnicas.

Para Walschburger, puede que la gente que anhela batir récords tenga una actitud ególatra, "pero rastrear oportunidades y superar las barreras es lo que hace que la gente avance". Algo válido tanto para astronautas como para grandes pensadores, como Albert Einstein. El truco está en asegurarse de que esas situaciones extremas no amenazan la supervivencia.

Fossett no tuvo tanta suerte: murió en 2007, cuando su aeroplano se estrelló en el desierto cercano a Las Vegas mientras se preparaba para otro vuelo con el que buscaba batir una nueva meta.

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