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El rescate de España evidencia las grietas del proyecto europeo

Fuente: dpa  |  2012-06-13
El rescate de España evidencia las grietas del proyecto europeo

Estatua "Europa" frente al Parlamento Europeo en Bruselas. Crédito: Daniel Kalker/dpa

Por Fernando Heller (dpa)

BRUSELAS, 13 jun (dpa) - El rescate del sector bancario español ha servido para poner en evidencia que la Unión Europea (UE), especialmente la eurozona, parece más desunida que nunca, movida por tentaciones nacionales alejadas del proyecto de construcción europea nacido hace más de seis décadas.

Bruselas, con ayuda del Banco Central Europeo (BCE) y del Fondo Monetario Internacional (FMI), han tenido que intervenir para evitar males mayores: la posible desintegración del euro en caso de que España, la cuarta economía de la eurozona tras Alemania, Francia e Italia, se hubiese precipitado al abismo.

Han pasado casi seis décadas desde la "Declaración Schuman", el 9 de mayo de 1950, con la cual el entonces ministro francés de Exteriores, Robert Schuman, proponía unir las producciones del carbón y el acero de Francia y Alemania, el gérmen de la actual UE. No obstante, y a pesar de que el proyecto europeo ha ido avanzando casi siempre a golpe de crisis, los analistas coinciden en que el momento actual que vive Europa es uno de los más graves en la corta historia de la construcción comunitaria.

Mientras las declaraciones oficiales desde las diversas capitales de los 17 socios del euro hablan de "unidad" y de "solidaridad europea", a la hora de la verdad entre bastidores de las cumbres europeas o en los pasillos de Bruselas, el Consejo de la UE o del Parlamento Europeo, salen a relucir las posiciones nacionales, los intereses particulares de cada Estado, en detrimento del ideal europeísta.

Esas tendencias a recuperar la visión nacional sobre la europea se han puesto de manifiesto en el caso del "rescate" del sector bancario español, cuando algunos de los socios del núcleo duro del euro, como Países Bajos o Finlandia, insistieron en poner estrictas condiciones a Madrid a cambio del crédito al sector bancario, que podría elevarse hasta 100.000 millones de euros. 

El hecho es que desde el nacimiento oficial del euro, en 1999, la Unión Económica y Monetaria (UEM) no había pasado por turbulencias tan profundas. Grecia, Irlanda y Portugal han sido rescatados, o intervenidos, por la UE y el Fondo Monetario Internacional (FMI) y España, según aseguró su presidente, Mariano Rajoy, habría corrido la misma suerte si el Gobierno no hubiese negociado hasta la extenuación.

En estas últimas semanas ha quedo demostrado que Europa tiene dos o hasta tres velocidades. En el vagón de cabeza se sitúan Alemania y Francia, el eje de la construcción europea, junto a sus aliados en la política del ajuste, y en el otro lado el resto de miembros, que intentan seguir el ritmo, e incluso algunos como Grecia que, dependiendo de los resultados de las próximas elecciones, podría considerar la hipótesis de abandono de la moneda única, aunque ello no esté como tal contemplado en los Tratados europeos.

Una de las palabras clave en los próximos tiempos que enfrentará la UE es soberanía económica. El Reino Unido, quien al igual de República Checa no ha firmado el tratado de austeridad fiscal y tampoco es miembro del euro, probablemente siga ejerciendo su papel de excepción europea en la materia, bajo el lema "no más poder para Bruselas".

Mientras Londres, tradicionalmente euroescéptico, seguirá ejerciendo de ariete contra las tentaciones federalistas, el dilema pasa por saber si el resto de socios serán capaces de ceder soberanía económica -incluida sobre todo la fiscal- a Bruselas. Para los expertos esa es una de las condiciones que permitiría evitar, incluidos los eurobonos, nuevas crisis de este tipo.

A pesar de la gravedad del momento actual esta no es la única crisis de crecimiento que ha padecido Europa a lo largo de los últimos años, siempre difíciles para el proyecto comunitario.

Mirando atrás en el tiempo, no muy lejano, Europa también se vio confrontada a más situaciones de peligro: por ejemplo el "no" mayoritario de los irlandeses en 2008 al Tratado de Lisboa, corregido posteriormente en octubre de 2009 con un sí contundente, en un segundo referendo, impulsado por el miedo a la crisis económica, que concluyó con un 67 por ciento de aprobación popular.

Los años 60 y 70 tampoco fueron ajenos a las dificultades. A pesar de que en origen la Europa unida se construyó en base al intento de solidificar la amistad franco-alemana, que desde los primeros años 50 pretendía cerrar décadas de guerras y enemistad entre ambos países, en 1966 el general Charles de Gaulle ponía en entredicho todo el proyecto.

En ese contexto, se produjo una de las crisis más graves que ha sufrido el bloque hasta el momento, excluidas las turbulencias de la eurozona: la "crisis de la silla vacía", relacionada con el rechazo de París a cómo se pretendía financiar la Política Agrícola Común (PAC), de la cual Francia sigue siendo uno de los principales beneficiarios.

De Gaulle ordenaba que su país se ausentara de todas las reuniones del Consejo Europeo, con lo cual la toma de decisiones (sin París), era imposible. De Gaulle alegó que los "intereses nacionales" de su país estaban en peligro y frenó cualquier decisión. El "veto" se resolvió en 1969 con el Compromiso de Luxemburgo. A la Unión Europea todavía le quedan muchos muchos compromisos que alcanzar para realmente poder realmente materilizar el sueño europeo.

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