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Mihaileanu: "Todo ser humano necesita un diálogo con el infinito"

Fuente: dpa  |  2012-04-24
Mihaileanu: "Todo ser humano necesita un diálogo con el infinito"

Escena de la película "La fuente de las mujeres" de Radu Mihaileanu.

ENTREVISTA Por Astrid Riehn (dpa) 

Pinamar, 24 abr (dpa) – Las religiones están casi siempre presentes en el cine del director rumano-francés Radu Mihaileanu. Mientras que en "Ser digno de ser" (2005) retrató la crisis de identidad de los judíos falashas a través de la historia de un niño africano no judío que debía hacerse pasar por tal en Israel, en "La fuente de las mujeres", que se estrena este jueves en Argentina, da cuenta de las distintas formas de vivir el Islam.

Ambientada en un pueblo no especificado del norte de África, su última película es la historia de la rebelión de un grupo de mujeres que decide que ir a buscar agua a la única fuente que existe en el pueblo, ubicada en la cima de una colina, debe empezar a ser tarea de los hombres. Para lograr su objetivo, inician una huelga de sexo que pondrá en entredicho no sólo el reparto de las tareas domésticas entre hombres y mujeres, sino la organización de la aldea y hasta los preceptos del Corán.

"Me interesa la condición humana en un contexto de identidad y de cultura", dijo Mihaileanu en entrevista con dpa durante su visita, en marzo pasado, a la muestra de cine argentina Pantalla Pinamar. "Hay identidades y culturas donde la religión es muy fuerte y hay otras donde está menos presente. Para hablar de la religión judía y la musulmana, lo interesante es mostrar la complejidad de interpretaciones y maneras de vivir esa religión".

"Cada vez compruebo más que todo ser humano necesita espiritualidad, y con ello me refiero a un diálogo entre un ser humano y el infinito", afirmó el director, quien se define como un "agnóstico y profundamente judío en el rasgo filosófico, no religioso", marcado por conceptos del taoísmo, el confucianismo y también elementos del cristianismo y el Islam.

"Ningún ser humano nace en paz con el concepto de finitud del tiempo, necesita un diálogo con algo que trascienda su condición. Algunos transforman ese diálogo en una espiritualidad laica, filosófica y artística, otros tienen una necesidad de espiritualidad religiosa. En todas mis películas, abordo este diálogo del ser humano con el infinito".

Para rodar "La fuente de las mujeres", que formó parte de la competencia oficial de Cannes el año pasado, Mihaileanu, que llamó la atención de la crítica en 1998 con "El tren de la vida" (1998), donde contó la historia de un grupo de judíos de Europa del Este que simula su propia deportación para evitar ser detenidos por los nazis, pasó varias semanas viviendo en distintos pueblos de Marruecos y hablando con sus mujeres.

"Fue muy complicado", reconoció. "Los hombres no nos querían dejar solos con las mujeres, y muchas se autocensuraban porque tenían miedo de la reacción de sus hombres. Algunas incluso no se animaban cuanto estábamos sólo entre mujeres porque estaban allí sus suegras, que estaban más del lado del hijo varón". Es por eso que a veces hacían sesiones sin suegras, "lo que diplomáticamente no era muy simple".

"En tanto occidental y hombre tenía un poco de miedo de hablar en nombre de la sociedad musulmana, por eso sabía que primero tenía que escuchar", dijo el cineasta nacido en 1958 en Bucarest y que huyó a Francia en tiempos del dictador Nicolae Ceausescu. "Tenía que dejar de cumplir el papel del occidental que juzga y ponerme dentro de sus puntos de vista para, en primer lugar, comprender. Una vez que hubiera comprendido algo, sabía que iba a tener menos miedo de hablar".

Fue en esos diálogos que nacieron las letras de las canciones que cantan las mujeres de la aldea en la película, pequeños manifiestos de denuncia de su sometimiento condimentados con bastante picardía y humor.

"La mayoría de las jóvenes que saben leer y escribir desean profundamente que haya cambios; uno es poder casarse por amor. Quieren ir a la escuela, lo que a veces es muy difícil porque tanto los padres como las madres quieren que las ayuden en las tareas de la casa. Y también sueñan con tener un control de la natalidad. La joven generación rural –y en la mayoría de estos países el medio rural es el mayoritario- quiere que eso cambie. En las ciudades muchas de esas cosas ya han cambiado".

Mihaileanu aseguró que la película, que cuestiona el lugar de la mujer en algunas sociedades árabes, tuvo una buena recepción en estos países. En Marruecos hubo mujeres que la fueron a ver incluso cuatro veces al cine, "una vez con sus amigas, la segunda con sus suegros, la tercera con sus padres y la cuarta con sus hijos".

"No creo que una película pueda cambiar algo en la historia de la humanidad", apuntó. "Pero hoy en día lo audiovisual, para bien o para mal, es el medio educativo más fuerte. Entonces tenemos una responsabilidad política en el sentido que debemos asegurar la expresión más abierta, independiente y diversa posible. Si una película puede ayudar a las mujeres a que tomen la palabra y luchen por mejorar su condición, tanto mejor".

Comentarios

  • juanfran2012-04-26 excelente las pelis que he visto de este cineasta, muy buenas, dejan una enseñanza muy grande, disfruto verlo lo recomiendo

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