Imprimir

Muerte de indígena incendia el sur de Chile

Santiago de Chile,  (dpa) - Grupos indígenas tomaron hoy carreteras, marcharon frente a universidades y ocuparon predios en el sur de Chile, en medio de protestas crecientes por la muerte de un activista de su etnia a manos de la policía.

Los incidentes, que amenazan con expandirse, motivaron un llamado al diálogo de la presidenta Michelle Bachelet. "Ese es el camino", dijo la mandataria, sin recibir respuesta alguna de las comunidades.

Incluso, el histórico dirigente José Santos Millao, presidente de la Organización Nacional del Pueblo Mapuche Admapu, denostó al gobierno y el Estado, responsabilizándolos de los hechos.

"Es tanta la angustia y la desesperación que algunos hermanos se lanzan directamente a recuperar su territorio y, por lo tanto, no nos vengan a decir a nosotros que somos los terroristas, aquí el único responsable de todo esto es el Estado chileno", afirmó.

En ese marco, Bachelet lamentó la muerte de Jaime Mendoza Collío, ocurrida justamente durante la toma de un predio y que se suma a otros dos decesos de activistas a manos de la policía, acaecidos los últimos seis años.

La Iglesia católica, habitual mediador en las crisis sociales y políticas del país, pidió no incendiar el conflicto, en palabras de Manuel Camilo Vial, obispo de la ciudad de Temuco, epicentro del conflicto.

"Hay un muerto, hay heridos, hay rupturas de confianzas y hay daño moral y eso impide una solución a esta problemática que se arrastra por siglos", dijo el prelado.

Sin embargo, la autoridad eclesiástica matizó que "son pocos los lugares donde existen focos de violencia", pero que igualmente es difícil avanzar soluciones.

"Cuando sectores políticos piden más presencia policial, más fuerza, más dureza, con eso no solucionamos el tema sino que le echamos más bencina al fuego".

Sus palabras apuntaron a la principal crítica que recibe el gobierno desde la comunidad internacional y los grupos de derechos humanos: el uso de una ley heredada de la dictadura militar, que considera un acto terrorista cualquier ataque a la propiedad privada.

El tema además se cruza con el hecho que investigaciones judiciales indican que miembros de las comunidades más radicales han recibido apoyo y entrenamiento de grupos como las FARC y la ETA.

La crisis, en todo caso, no puede reducirse a esto último. Hay elementos históricos, culturales y de división política, que inciden en la ausencia de una política de Estado frente al tema.

La oposición de derecha presiona a Bachelet para que aplique extensivamente la cuestionada ley antiterrorista, mientras sectores de izquierda piden su derogación, como exigían durante la dictadura.

El conflicto, que en todo caso no puede entenderse como una sublevación similar a las vividas en Perú o Bolivia, está concentrada en unas 50 comunidades, de las más de 2.500 que existen.

Pero la muerte de Mendoza Collío amenaza con soliviantar los ánimos más allá de lo habitual.

Bachelet, en ese escenario, pidió "seguir trabajando para que todos los compromisos que adoptamos con la nueva política hacia los pueblos originarios, sean cumplidos".

Además el gobierno alega que desde 1990 fueron entregadas 600.000 hectáreas a las comunidades y que existen normas legales para pedir los traspasos de tierras, que son financiados por el Estado.

Grupos defensores de la causa mapuche retrucan que sólo fueron entregadas 100.000 hectáreas y que el resto sólo fueron regularizaciones de propiedad.

Empero, la muerte de Mendoza, miembro de la comunidad Requem Pillan, pone en entredicho los avances y vuelve a incendiar al pueblo mapuche, cuyo líderes llamaron a una asamblea para el sábado.

"Desde el punto de vista de los procedimientos institucionales, esta comunidad agotó todo las instancias de diálogo", señaló el werken Aucñan Huilcamán, uno de los más críticos.

En esa perspectiva, los 80 disparos con perdigones que recibió el policía que mató a Mendoza Collío parecen ser una alarmante señal de que el conflicto no está en retroceso, sino que volvió a estallar, como lo ha hecho intermitentemente los últimos cinco siglos.