viernes 3, diciembre 2021
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El Gobierno PAC-SOLÍS a 100 Días de su Gestión: Navegando en un Campo de Alta Conflictividad (II)

Columna “Pensamiento Crítico”
El difícil escenario político actual
Tenemos en Costa Rica hoy día un sistema político (gobierno incluido) muy fragmentado e incoherente en su estructura interna y hacia afuera inmerso en un complejo campo de elevada conflictividad entre fuerzas sociales agrupadas alrededor de múltiples polos de poder descentrados y heterogéneos. Entre ellos prevalece una gran dificultad para generar espacios de convergencia y negociación donde los distintos actores y sectores puedan llegar a acuerdos duraderos que faciliten la gobernabilidad democrática.
Se parece mucho la estructura de poder existente en nuestro país a la figura complicada e irregular incluida abajo a la izquierda, un Dodecaedro Triaumentado, en vez asemejarse a una con forma más sencilla y uniforme de Pirámide, o Tetraedro Regular como el que aparece a la derecha.
Lo anterior responde a que la sociedad tica se ha hecho mucho más diferenciada, compleja y atomizada en los últimos treinta años, luego de la grave crisis económica y fiscal de 1982-83 y los Programas de Ajuste Estructural (PAEs) que le siguieron, impuestos por los organismos financieros internacionales y la Partidocracia Neoliberal del PLUSC (PLN+PLUSC) convertida al Neoliberalismo. De ahí surgió una sociedad desigual y un Estado debilitado y fragmentado que le dieron al conjunto del país un sistema poliformo e inestable de poder y de relaciones entre antiguos y emergente sectores con una alta propensión a chocar y confrontarse entre sí, y sumamente reacios a construir consensos en sus afanes por controlar parcelas de poder.
A raíz de esos cambios estructurales, el Estado Social -o Benefactor- fue dislocado y achicado, perdiendo estructuras y funciones que fueron trasladadas a grupos empresariales privados. En buena medida, la vida pública fue fagocitada por los negocios privados y el consumismo, y así permanece hasta la fecha. Con esto disminuyeron los recursos estatales para mediar en el conflicto social, resolver problemas urgentes e importantes, e impedir la fragmentación de la sociedad y sus poderes.
Ese “Estado mínimo”, subsidiario y muy privatizado, debió alejarse de la economía y la sociedad civil, dejando a ambas a la deriva, “por la libre”, para que sus actores compitieran agresivamente en términos de una lógica de mercado, lo cual hizo proliferar el faccionalismo, las fisuras y los choques intersectoriales. Un proceso que tensó y agrietó todavía más la deformada estructura del sistema político. En especial, el emergente Estado que sustituyó al Estado Social de Derecho vino a convertirse en un  enclenque e incoherente entidad dominada por los intereses y negocios privados locales y transnacionales, incapaz de ordenar y planificar la evolución del país que le fue entregada al juego de los mercados, en particular los globales y financiero-bancarios.
El Estado costarricense volvió a ser como en el siglo XIX: un Estado Liberal de Mercado o Estado Mercado-Céntrico al servicio de los poderes empresariales, al tiempo que, debido a su disminuida estructura y carencia de recursos de poder, resultó incapacitado para controlar y ordenar a una pendenciera “Sociedad Policéntrica” sometida a un pluralismo abrumador, con una estructura muy diversificada y dispareja, aleatoria e inestable en su funcionamiento. En general, el sistema político se hizo muy incoherente al ver fracturadas sus antiguas cúspides de poder y perder los ejes aglutinadores que, antes de 1908, facilitaban el transitar fluido de una institucionalidad democrática legitimada por un fuerte apoyo de la ciudadanía. Ello hizo que, antes, la democracia costarricense se creyera la más segura y estable de Latinoamérica. Ahora hay dudas al respecto brotando por doquier.
Apareció el multipartidismo
Siguiendo la ruta de la sociedad fragmentada, el régimen político-estatal también se fraccionó y disgregó. Y el que fuera un “Sistema Unipolar” (o Monocéntrico) fuertemente centralizado y de jerarquía piramidal (período 1953-1986 cuando el PLN fungía como partido dominante), pasó a ser un “Sistema Bipolar” (o Duocéntrico) en el período 1986-1998, con dominio bipartidista del PLN+PUSC=PLUSC; para luego enrumbar al punto donde se halla ahora, el de un “Sistema Multipolar” (o Policéntrico) bajo el influjo de un multipartidismo fraccionado y endeble.
En esa cambiante trayectoria, el Estado se quebrantó aún más en la década de 1990 y en lo que va de este siglo XXI. Dejó de tener aceptables elevados niveles de unificación e integración en su cima y en los niveles medios. En general, su estructura interna se desarticuló y las políticas públicas fueron mostrando cada vez más bajos niveles coherencia y vertebración, se hicieron también multipolares o policéntricas. El Estado vio socavadas su centralidad y funcionalidad, perdiendo en esa misma medida congruencia y capacidad para dirigir el país; y esto independiente de cuál grupo o coalición detente el poder.
Un desarrollo que sin duda afectará la ruta que asuma del Gobierno PAC-SOLÍS en todo momento, y ya lo estamos percibiendo así.
El impacto del Policentrismo Sociopolítico  sobre el manejo del gobierno
En efecto, bajo las anteriores condiciones de multipolaridad y fragmentación con alta difusión o descentración del poder, a veces tenemos la sensación de que el gobierno (incluido el actual) es un “Grupo de Presión” más, entre los múltiples que una vez pasadas las elecciones y reducidos los partidos a sus fracciones parlamentarias y diminutas cúpulas, se vuelven sus retadores y contendores con poderes de veto sobre sus decisiones.
Por eso es que ahora enfrentamos una situación rígida e inmanejable, de intransigencia, bloqueos y entrabamiento generalizado, en la cual el gobierno no puede transitar fluidamente. Hablamos entonces de la existencia de una indomable “Crisis de Intransitismo Político” o de Intransitabilidad,  que trastorna e impide tomar decisiones gubernamentales de política pública de manera sistemática y cogerente. A esto se le ha llamado también por otros analistas una “Crisis de Ingobernabilidad”, la cual acogota la toma de decisiones, si es que bajo ese clima se las llega a tomar. Y si se toman, por el Intransitismo imperante, lo más común es que se deba echar atrás y anularlas; o dejarlas que caigan en el olvido, abatidas bajo la fatídica “Norma de la No-ejecución”. 
Ha surgido un polígono belicoso de fuerzas enfrentadas 
Los grupos de poder enfrentados dentro y fuera del sistema político, se han acostumbrado a actuar como falanges enemigas y va a ser difícil para el Gobierno PAC-SOLÍS llevarlas a un campo de entendimientos y consenso, como el que se sueña en Zapote para de aquí a fin de año. Es porque han hecho de la política una forma de guerra continua de posiciones rígidas en la que a diario vemos cómo chocan esos “poderes fácticos” (extra-políticos) con los gobernantes recién electos, en una lucha interminable por aumentar cuotas de poder real, y promover y defender a capa y espada sus intereses específicos, multiplicando sus demandas al margen de los marcos institucionales para el manejo de conflictos, desde los cuales deberían emerger acuerdos productivos, que ayuden a contrapesar la multipolaridad sociopolítica y que velen por los intereses generales (nacionales, públicos y de las grandes mayorías ciudadanas), los cuales deberían ser los llamados a orientar los Poderes de la República en todo momento. Una tendencia polarizadora a la que se unen afanosos  los consorcios noticiosos-mediáticos, que explotan con provecho ese enconado clima político y de opiniones divididas. Y un campo abierto de permanente conflictividad que conduce a nada o a muy poco. Al final resulta sumamente desgastante y peligroso para la democracia y los partidos.
A raíz de lo planteado Surgen al menos tres preguntas gruesas
1) ¿Podrá el Gobierno PAC-SOLÍS sobreponerse a esta crisis de Intransitismo y fragmentación multipolar que responde a un sistema de zancadillas, bloqueos y vetos de los grupos de presión y los poderes fácticos, muchos de ellos ilegales e ilegítimos, por tanto que d deberían de estar en buena ley inhabilitados para intervenir en la conducción del Estado y la política?
2) ¿Se quedará el gobierno tratando, como hasta ahora, de hacer política “por arriba” enredándose con esos actores tan desleales a la democracia en una batalla que a nada conduce; o buscará la manera de sobreponérseles y hacer política más bien “por debajo” apoyándose en otros actores y sectores, creando una mayoría social como lo hizo el presidente Solís cuando fue candidato a principios de año y apeló directa y exitosamente a la ciudadanía y al poder popular para que lo respaldaran y le dieran un gran triunfo electoral?
3) ¿En fin, será capaz el presidente LSG y su gabinete de “generar un orden” dentro del cual poder gobernar; o se dedicará a “administrar el desorden” imperante, atajando crisis, atendiendo emergencias, pegando parches y tratando de resolver problemas puntuales hoy aquí, mañana por allá, conforme se vayan presentando a diario; y así hasta caer en el mayor desgaste e improductividad posible, sin lograr dar el golpe de timón prometido para impulsar el Gran Cambio de Ruta prometido al electorado el pasado mes de abril?
Trataremos aquí de irles dando respuesta en próximas columnas.
*Sociólogo Político

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