lunes 24, enero 2022
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Coyuntura: la bola está en la cancha del Presidente

“No es lo mismo verla venir que bailar con ella”, reflexionó en su momento el presidente Luis Guillermo Solís (LGS) a propósito del llamado “arte de gobernar”.
Y no es para menos. Pasado el momento de los “selfies”, las cimarronas y las “Rutas de la Alegría”, viene el momento de tomar  decisiones y concretar los cambios. Cambios, en torno a los cuales una parte de la ciudadanía hastiada de la política tradicional y la corrupción cifró sus esperanzas al momento de votar por LGS en abril y que, en última instancia, son la razón de ser del quehacer político de la Costa Rica de hoy. O por lo menos, desde la perspectiva de los sectores vinculados al campo popular-progresista.
Más allá de los “gestos”, que en política tuenen una significativa importancia (… ¡y vaya que son importantes los gestos en la política!), se impone para el gobierno la necesidad de orientar en definitiva no solo hacia dónde se orientan los cambios –la direccionalidad de los mismos; sino que sobre todo, la definición de los actores que van a conducir éstos –los quiénes.
El (autodenominado) “gobierno del cambio” debe cuanto antes responderse lo siguiente: ¿es el (también autodenominado) “gobierno de la participación ciudadana” un gobierno efectivamente de las organizaciones populares y los movimientos sociales; o es, por el contrario, un gobierno “a control remoto” de los intereses articulados en torno al modelo neoliberal? 
Esa definición está en disputa…y eso es lo que está de fondo en la discusión sobre el presupuesto. O al menos, eso parece tenerlo claro el poder económico, cuya estrategia está orientada en tres direcciones.
Tres movimientos… tres objetivos
Los poderes fácticos en Costa Rica tienen claro el carácter abierto e intrínsecamente contradictorio del nuevo gobierno, y están operando en consecuencia. El nuevo “memorándum” está orientado en las siguientes tres direcciones: frustrar las expectativas de cambio que la ciudadanía ha construido respecto del nuevo gobierno; agudizar las ya de por sí existentes contradicciones a lo interno del oficialista Partido Acción Ciudadana (PAC), bloquear la existencia de la eventualidad de condiciones propicias para la construcción de alianzas entre el gobierno y todo aquello que –tanto desde lo social como desde lo político- pueda situarse a su izquierda.
Las últimas semanas han puesto en evidencia la preeminencia de un claro sesgo “fiscalista” a propósito del debate sobre la cuestión presupuestaria. Ello, persigue el objetivo de “naturalizar” entre la población una cierta idea de “irresponsabilidad”, “incapacidad” e “inexperiencia” de parte de quienes gobiernan el país, así como una supuesta “necesidad” de volver al estado de cosas anterior.
Las alusiones al gobierno de Rodrigo Carazo (1978-1982) se han tornado recurrentes, y la manifestación más fehaciente de esa tonalidad en el discurso ha sido la entrevista brindada por el diputado liberacionista, Antonio Álvarez Desanti, al diario La República. Para Álvarez, es claro que gracias al rumbo que lleva el país bajo la Administración LGS, su partido, el Partido Liberación Nacional (PLN), retornará sí o sí a Zapote en 2018.
“En pocos meses, ya es evidente que es mejor volver a la experiencia y liderazgo del PLN… (este gobierno) no tiene rumbo y su mayor desacierto es la política económica”, manifestó quien fuera a su vez la mano derecha de Johnny Araya en la pasada campaña electoral, y esa ha sido la tónica durante la discusión sobre el presupuesto.
El bloque de actores que ha declarado la guerra al gobierno en materia presupuestaria –que además de al PLN, agrupa a los diputados Otto Guevara (libertario) y Mario Redondo (evangélico)- ha conseguido “naturalizar” un sesgo que tiende a ponderar el “equilibrio macroeconómico” por sobre la inversión público-estatal en materia social (educación, salud o niñez abandonada), así como a estigmatizar los derechos laborales de las personas trabajadoras del sector público (salarios decentes, pago de horas extra, anualidades, convenciones colectivas, derechos a la organización…); pero además, al hacerlo, han logrado incrustar en el seno del propio gobierno el germen de una potencial división.
Y es que, la férrea oposición del diputado y líder histórico del PAC, Ottón Solís, a la propuesta presupuestaria del Ministro de Hacienda y vicepresidente de la República, Helio Fallas, ha coincidido con el recrudecimiento de la confrontación entre aquel y el operador político de LGS en la Asamblea, el diputado Víctor Morales Zapata.
Por lo pronto, en medio de una difícil situación fiscal heredada de los gobiernos del PLN (déficit por arriba del 6,5% del PIB) y de profundas ambigüedades e indefiniciones de parte del Presidente en cuanto al debate sobre la reforma fiscal, los poderes fácticos han emprendido la segunda fase de la campaña del miedo contra el Frente Amplio (FA).
Esta vez, ya no con el objetivo de aterrar a la población con el “coco” de la inminencia del establecimiento en nuestro país de un gobierno “satélite” de Caracas, La Habana y Managua; sino que más bien, con la mira puesta en el ala conservadora de la Administración LGS.
El posicionamiento mediático de la idea de que el “despeñadero” al que se dirige el país es producto de la supuesta participación del FA en el gobierno (el llamado “co-gobierno”), persigue azuzar a los sectores que, dentro del mismo, no conciben a éste como el germen de un eventual gobierno de transición hacia algo más progresista de cara al futuro.
Sentidos comunes tales como que “el FA es enemigo de la inversión extranjera” o que “el FA está en contra del gran capital”, entre otros, lo que buscan es apuntalar en esa dirección, como se desprende de las recientes portadas que La República ha venido dedicando al partido de izquierdas.
Y es, desde esos sentidos comunes, que esos sectores no proclives al cambio le “hablan al oído” al Presidente. Saben que la viabilidad de los cambios pasa necesariamente por un viraje (lento, pero paulatino) de la gestión del nuevo gobierno del centro hacia la izquierda, y actúan en consecuencia. Por eso satanizan al FA.
Las cosas están en movimiento, y la bola está en la cancha de LGS. Los sectores vinculados al campo popular-progresista siguen a la expectativa.
(*) Politólogo. Asesor legislativo del Frente Amplio y coordinador del Periódico PUEBLO.

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