viernes 3, diciembre 2021
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Así no se podrá gobernar

El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones, reza un refrán antiguo, el cual tiene al menos dos interpretaciones: la de que las buenas intenciones solamente, sin una férrea voluntad para la acción, no nos hacen llegar a ninguna parte; y la de que la expresión de buenas intenciones no necesariamente nos llevan al éxito, sino todo lo contrario, al infierno mismo del fracaso si las circunstancias indispensables para el éxito son todas adversas. Dice este refrán que no basta con la intención, sino que esta se debe acompañar de las obras y que no basta con proponerse hacer las cosas de forma correcta y honrada, sino que además hay que efectivamente hacerlo de esa manera.
Un ejemplo de ello es el triste papel del Premio Nobel de la Paz, Barack Obama, a quien se le concedió esta distinción por sus buenísimas intenciones, pero que ha demostrado en un periodo y medio de gobierno serle imposible cumplirlas (por lo menos en lo que concierne a la paz). Y uno se pregunta ¿engañó a su pueblo y el mundo con una discurso demagógico o es que las fuerzas al interior de su país, que ejercen presiones brutales, le han impedido gobernar pudiendo cumplir sus promesas? Yo me inclino por la segunda interpretación.
Algo similar le está pasando a Don Luis Guillermo, y lo voy a exponer más adelante.
El reto político fundamental en nuestro país hoy, y muy probablemente durante todo el período gubernamental, es el de la carencia de una mayoría en la Asamblea legislativa que acompañe la gestión del Presidente. Lo cual puede acarrear bloqueos insalvables. Por supuesto eso ha significado un mejor control del ejecutivo —del que carecimos a lo largo de las décadas pasadas— pero complica la gobernabilidad, en la acepción estrecha de esa noción (la capacidad de un gobierno para hacer avanzar a través de las instituciones estatales sus proyectos e iniciativas). Sobre todo si en nuestro interior político existen fuerzas cuyo egoísmo y resentimiento las mantiene en una oposición destructiva constante.
Cuando, además, se demanda de la democracia costarricense “calidad de vida” estamos entrando en terrenos conceptualmente pantanosos. Uno de los problemas básicos, estratégicos, de los que depende la reproducción de los sistemas democráticos tiene que ver con la pobreza y la desigualdad. Pues si las condiciones materiales de vida de las personas no mejoran y por el contrario se estancan o deterioran, el aprecio por la democracia tiende a disminuir y el prestigio de los gobernantes a menguar estrepitosamente.
La abismal desigualdad que marca a América Latina y a nuestro país no sólo resta confianza y adhesiones a los sistemas democráticos, sino que además erosiona a la propia cohesión social, de tal suerte que esas dimensiones complican las posibilidades de reproducción de la democracia. Pero en términos analíticos debemos circunscribir el concepto democracia a la esfera política. Aspiro a lo que metafóricamente se llama democracia social, es decir, a una sociedad justa y equitativa, y sé que en el campo de visión de millones de personas esa dimensión es incluso más importante que la política. Pero insisto, en términos analíticos y políticos son diferentes.
Yo me pregunto varias veces, es decir, con cierta frecuencia, por qué este nuevo gobierno no avanza y encuentra tantas dificultades para dar inicio a sus programas y proyectos. Y luego de reflexionar sobre ello he llegado a las siguientes conclusiones, que espero los lectores analicen y complementen.
En primer lugar, como ya lo he señalado, la ausencia de un respaldo efectivo en la Asamblea Legislativa. La fracción del PAC es realmente pequeña, para los efectos de respaldo a las iniciativas presidenciales y del partido. Los apoyos producto de alianzas con el PUSC y el FA son endebles, y en algunos casos contradictorias. No se puede realmente confiar en ellas a mediano plazo. La oposición, compuesta por la más variopinta gama de personajes cuestionados por sus pasados políticos o semi delictivos (al menos en lo que son estafas al TSE), y además resentidos por las derrotas recibidas en las pasadas elecciones, tienen –como se dice- “sangre en el ojo”, además de recibir de sus cúpulas (al menos en uno de ellos) hábiles instrucciones para menoscabar cualquier esfuerzo del actual gobierno.
Pensemos un poco en ello. Esto no es ser patriota, mucho menos buscar el bien común. Si los señores diputados (para serlo solamente se necesita saber leer y escribir, no más) estuvieran allí para representar efectivamente a los ciudadanos todos, no a los intereses de sus partidos o de algunos gremios, las cosas serían diferentes. Actuarían racionalmente y buscando el bien común. ¡Pero no es así!
En segundo lugar, dentro del propio Poder Ejecutivo, la existencia de autoridades de ciertas organizaciones del Estado, nombradas por el gobierno anterior del Partido Liberación Nacional, que siguen instrucciones de sus correligionarios políticos y no del Ejecutivo. Pero a ello hay que agregar una inmensa telaraña de mandos medios en las organizaciones públicas que tampoco colaboran con el nuevo gobierno, porque sus idearios políticos no son los del PAC, sino que más bien procuran quedar bien con sus “patrones” reales, entorpeciendo todo lo que puedan.
Una muestra de ello ha sido, en los últimos días, como confirmación de lo expresado, el que la Corte Plena haya reelegido al desdichado Fiscal General de la República, sobre quien pesan dudas y acusaciones de toda índole, como el ejecutor máximo de los mecanismos de impunidad, y que deja al descubierto cómo también las altas autoridades del Poder Judicial, que deberían estar jubiladas casi todas, siguen las líneas del PLN (pues a éste le deben sus cargos). No serían tan estúpidos de poner allí alguien que acelerara todos los casos y denuncias contra miembros del partido que los nombró y con cuyos jerarcas tienen deudas de lealtad, como la “cosa nostra”. ¿Necesita ello alguna explicación más?
Nada tenemos que decir del TSE, pues ya se sabe que sigue instrucciones de Liberación Nacional, y concretamente del expresidente Arias. Su imagen está al menos desprestigiada en lo que atañe a la confiabilidad de sus decisiones. Pesan sobre esta organización del Estado pesadas nubes negras que en el pasado de formaron por actuaciones no muy claras.
Siguen en la lista los socios privados de los políticos tradicionales, que se beneficiaron durante decenios de las prebendas otorgadas por los de turno, y que ahora están en vigilia para atacar en el momento de que se mencione quitarles los beneficios de que han gozado, muchas veces de forma injustificada. Exenciones impositivas, regímenes de privilegio, concesiones inexplicables manchan su imagen ante los ciudadanos conscientes de que, en el pasado, la yunta políticos/empresarios resultó gravosa y hasta nefasta para el país.
Luego los poderosos sindicatos de las organizaciones públicas, amparados por convenios colectivos leoninos, que están llenos de concesiones otorgadas por políticos venales que compraban así un poco de tranquilidad. ¡Pero no se le ocurra a Usted mencionar siquiera que existe la posibilidad de revisar dichos convenios llenos de excepciones, y que crean regímenes de privilegio!
Y como corolario y colofón el egoísmo consuetudinario de todos y cada uno de los que, de alguna forma, podríamos cooperar para llevar adelante un cambio en la podredumbre de la corrupción que carcome todo el país, no solamente a ciertos personajes políticos, amparados como siempre por el enorme manto de impunidad que gobernantes anteriores de forma descarada e inmoral construyeron a través de distintos gobiernos, sino también de empresarios privados, agrupaciones religiosas, y organizaciones no gubernamentales que obedecen a dictámenes foráneos o locales.
Así no se podrá gobernar. Lo sentimos mucho. Por más buenas que hayan sido las intenciones el camino nos lleva directo hacia el infierno de volver hacia los políticos de siempre, los corruptos de siempre, si las mismas se convierten en el empedrado del sendero.  Y lo más triste es que la ciudadanía, indiferente e indolente como siempre, no es capaz de lanzarse a la calle, como hicieron efectivamente en un país europeo: tomar por la fuerza a esos políticos que se oponen a todo por intereses mezquinos, y lanzarlos a la basura, con traje entero, maletín y todo.
No existe en nuestro país nadie con capacidad de convocatoria y poder suficiente para poner en cintura al ICE, la CNFL, a RECOPE, al PODER JUDICIAL, a JAPDEVA, la CONTRALORÍA GENERAL DE LA REPÚBLICA, a la ARESEP, a las UNIVERSIDADES PUBLICAS, a los propios MINISTERIOS del Poder Ejecutivo, y una larga lista de otras organizaciones del Estado, que al parecer están solamente de adorno y para consumir recursos que bien podrían ser mejor gastados.
Al parecer, el sueño del cambio que nos hicieron soñar los del PAC está muy lejos. Al parecer las fuerzas contrarias son demasiado poderosas, y lo peor de todo: no vemos fuerza y energía en el Ejecutivo para poner en su lugar a quien corresponda, pues el entramado de leyes creadas al efecto de entrabar y no facilitar el gobierno de este país, protege a los soberbios, los inútiles, los ignorantes y los egoístas, y dificulta la toma de decisiones.

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