lunes 26, septiembre 2022
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Nobel de Economía a la regulación de gigantes como Google

Por Marion Trimborn (dpa), Estocolmo/Bruselas, 14 oct (dpa) – ¿Cómo puede el Estado contener la voracidad de gigantes de Internet como Google o Amazon? ¿Cómo puede vigilar a grandes empresas que durante décadas constituyeron un monopolio y evitar que se formen carteles? El francés Jean Tirole, galardonado hoy con el Nobel de Economía, ha desarrollado desde los años 80 modelos para encontrar respuesta a estas cuestiones de política económica que acaban afectando a todos los consumidores.

Los trabajos de este economistas son recomendaciones para los políticos y autoridades reguladoras, ya se trate de dumping, precios elevados artifialmente o decisiones sobre fusiones de empresas.

Si una empresa domina todo un sector y tiene el monopolio de un determinado producto o servicio, puede imponer su precio a los clientes y mantener alejados a los competidores. Para evitarlo intervienen los organismos reguladores, como la Comisión Europea a nivel de los 28 países de la Unión Europea (UE).

Por otro lado es prácticamente inevitable que se formen oligopolios: mercados en los que unas pocas empresas poderosas abastecen una gran demanda. No tendría sentido, por ejemplo, que distintas empresas de ferrocarril construyesen de forma paralela el tendido ferroviario. ¿Qué hacer en esos casos?

«Tirole utilizó métodos modernos y extrajo conclusiones de relevancia política. Fue una revolución», explicó el profesor Volker Nocke, de la universidad alemana de Mannheim, que en 2011 concedió al economista francés el título de doctor honoris causa.

Hasta entonces los políticos y las autoridades habían seguido las reglas tradicionales, entre ellas la imposición de límites a los precios para los monopolio y la prohibición de fusiones entre competidores.

Con sus nuevos enfoques, el economista francés demostró que las recetas sencillas no siempre sirven. Tirole enfocó su teoría al sector bancario y de las telecomunicaciones. Con sus investigaciones demostró que la limitación de precios puede llevar a que se rebajen los costes, pero también permitir ganancias excesivas, este último un efecto indeseado.

Tirole probó que los acuerdos sobre precios son perjudiciales para los consumidores. Sin embargo, los acuerdos sobre patentes pueden beneficiar a la sociedad. Sus modelos demostraron que una fusión entre una empresa y su proveedor limitan la competencia, pero a la vez pueden impulsar la innovación.

Ese enfoque individual cambió el trabajo de los organismos reguladores. «Tirole demostró que la mejor supervisión y política de la competencia consiste en tener en cuenta las singularidades de cada sector», afirmó la Real Academia de Ciencias de Suecia, que concede el Nobel. En resumen: las grandes empresas de diferentes sectores deben ser regulada de forma muy diferente.

Tirole ha recibido un especial reconocimiento por sus investigaciones respecto a los denominados «mercados bilaterales», aquellos en los que dos grupos utilizan una plataforma, como ocurre con los medios de comunicación, las tarjetas de crédito o las redes sociales.

«Hemos demostrado que esos mercados funcionan de una forma muy diferente», explicó hoy el propio Tirole. En el caso de Google, por ejemplo, un usuario recibe servicios de búsqueda o de correo electrónico de forma gratuita, aunque para la empresa suponga un coste. Esto, impensable en otros sectores, es en este caso bueno para los consumidores y para los proveedores de publicidad. «Así que los supervisores deben vigilar de cerca», advirtió el economista.

Respecto a la regulación bancaria, el economista francés alabó que desde la crisis financiera en Europa se vigile de forma mucho más estricta a los bancos. Aun así no es suficiente, ya que muchos bancos trabajan a nivel global. «Necesitamos instancias globales, autoridades globales», dijo Tirole.

Por otro lado, algunos economistas creen que en la práctica los reguladores van por detrás. «Los reguladores, sobre todo en Europa, son muy débiles para actuar respecto a empresas estadounidenses como Google, Amazon o Microsoft», lamenta el profesor alemán Max Otte. «Sencillamente, las grandes empresas acumulan más poder».

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