domingo 28, noviembre 2021
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Reconocer derechos de parejas gays, «cuestión de decencia»

Por Alvise Armellini (dpa), Ciudad del Vaticano, 14 oct (dpa) – Una destacada personalidad del Vaticano realizó un inusual acercamiento hacia los derechos de las parejas homosexuales al respaldar el reconocimiento de las parejas del mismo sexo pero en condiciones que se distingan claramente de los matrimonios homosexuales.

«La Iglesia no comparte que la misma terminología -familia- se pueda aplicar de forma indiferente a la unión entre un hombre y una mujer para la procreación y a la unión homosexual», dijo hoy en rueda de prensa monseñor Bruno Forte, secretario general del Sínodo de la Familia que se celebra estos días en el Vaticano.

«Dicho esto, me parece claro que un ser humano involucrado en diversas experiencias tiene derechos que deben estar protegidos», añadió refiriéndose a la unión de las parejas del mismo sexo.

En opinión de Forte, la cuestión es no equipararlos, tampoco desde el punto de vista semántico, aunque «eso no quiere decir -agregó- que no haya que buscar una eventual codificación de esos derechos a personas que viven en una unión homosexual». Y concluyó: «Es una cuestión de decencia y respeto por la dignidad de las personas».

En el Vaticano se celebra hasta el 19 de octubre un sínodo extraordinario sobre la familia. Más de 190 obispos, cardenales y representantes laicos participan en esta asamblea extraordinaria con el objetivo de analizar temas espinosos relacionados con la familia como el divorcio, la homosexualidad, la paternidad en solitario, los anticonceptivos y el sexo antes del matrimonio.

En la jornada de hoy se ha publicado un informe que reúne la primera semana de debates en el sínodo. El cardenal Peter Erdö, Relator general del Sínodo, subrayó en rueda de prensa que las consultas se han desarrollado con «gran libertad».

Sobre las uniones entre parejas del mismo se señala en el documento que «las personas homosexuales tienen dones y cualidades para ofrecer a la comunidad cristiana». No obstante, la Iglesia «afirma que las uniones entre personas del mismo sexo no pueden ser equiparadas al matrimonio entre un hombre y una mujer. Tampoco es aceptable que se quieran ejercitar presiones sobre la actitud de los pastores o que organismos internacionales condicionen ayudas financieras a la introducción de normas inspiradas a la ideología ‘gender'».

El domingo el cardenal italiano Angelo Scola dijo que la Iglesia católica necesitaba replantearse su posición hacia los gays. Es incuestionable que hemos sido lentos en adoptar una postura de plenos respeto y de dignidad y equidad con las personas homosexuales, dijo en declaraciones al diario «La Repubblica» Scola, que está considerado un prelado conservador.

En la homilía de la misa celebrada esta mañana, el papa argentino pidió abrirse a las sorpresas de Dios y no cerrarse ante los signos de los tiempos, informó Radio Vaticano.

Otro de los temas que ha enfrentado en el sínodo a cardenales conservadores con progresistas es si debería flexibilizarse la prohibición de comulgar a los divorciados que se han vuelto a casar, por ejemplo, permitiéndoles volver a comulgar tras un período de penitencia.

Erdö señaló que entre las propuestas a este asunto no se descarta del todo la prohibición, pero igualmente se ha planteado una mayor apertura en casos particulares.

Asimismo comentó que «varios» participantes en el sínodo se han manifestado a favor de agilizar y flexibilizar el intrincado y costoso proceso de las anulaciones matrimoniales.

Tras los debates generales de la semana pasada, obispos y cardenales se reúnen esta semana por grupos de trabajo para terminar de elaborar el documento final que previsiblemente se presentará el sábado.

Se espera que sirva como base para un segundo sínodo que se celebrará dentro de un año y en el que se presentarán las propuestas para una aprobación final por parte del papa Francisco, que fue quien propuso este debate sobre la familia.

El sínodo concluye oficialmente el domingo con la beatificación de Pablo VI, acercándolo así un paso más hacia la santidad. El sumo pontífice entre 1963 y 1978 está considerado como un reformista por ser el gestor del Concilio Vaticano II, pero también se le recuerda por su rechazo frontal a todo tipo de anticonceptivos.

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