lunes 6, diciembre 2021
spot_img

En Costa Rica hubo un plebiscito que muchos no captan y la derecha quiere enterrar

“Columna “Pensamiento Crítico”

El proceso electoral que culminó con un balotaje del pasado 6 de abril no fue uno más de la lista en el marco de la partidocracia controlada por una coalición neoliberal de derechas encabezada por el PLN y sus aliados antiguos (PUSC) y recientes (Libertarios, PASE y evangélicos). Hay por lo menos tres razones para pensar así.

1) En primer lugar, se impuso el multipartidismo de manera definitiva en culminación de un proceso iniciado en 1998 mediante el cual se iba desplazando al bipartidismo del PLUSC (PLN + PUSC) hasta que en estas elecciones pudo por primera vez llegar al poder un partidos retador (el PAC) en medio de un ascenso sin precedentes del centro-izquierda moderado  representado por el Frente Amplio. Fueron unas elecciones desviadas del patrón dado; pues se produjo un realineamiento crítico de fuerzas y tendencias ideológicas, del cual debería seguir un reemplazo de la coalición de poder neoliberal comandada por el PLN como remate del ascenso del PAC y el FA, con amplios sectores del movimiento social como respaldo. Ahora habrá que ver si esto sucede así, o si se las fuerzas emergentes al final se acomodan al estilo y ritmo que imponga la partidocracia, que para nada desea cambio alguno y menos una democracia ciudadana participativa y militante, sino mantener una democracia de pura fachada, gobernada por argollas partidarias cerradas y corruptas, dueñas a la vez del Estado.

2) En segundo lugar, hubo un resultado inusual en la historia gestado cuando el candidato presidencial emergente del PAC logró acumular un sorprendente 83% de los votos y obtuvo así un indiscutible triunfo histórico sobre el PLN, y a la vez un mandato extraordinario, depositado con enorme fuerza popular. Ello no fue producto de la fortaleza del PAC sino del giro populista democrático que LGS le imprimió a la recta final de su campaña, al apelar en directo a las bases ciudadanas saltándose las dirigencias tradicionales de los partidos, incluida la del suyo propio. No hay duda de que a lo largo de la campaña el PAC se mostró insuficiente para catapultar su candidato. Lo mismo está sucediendo en cuanto a darle respaldo parlamentario para gobernar ahora que es presidente. Por lo cual el mandatario tendrá el reto de buscarlo por su cuenta en la opinión pública y la sociedad civil, circunvalando con valentía y habilidad la partidocracia y la facción más conservadora del PAC concitada por Ottón Solís. Quizás deba hacerlo del mismo modo populista democrático como lo hizo tan efectivamente durante la campaña electoral. De otro modo, estará contra las cuerdas y en manos de la partidocracia tradicional que tiene amplia mayoría en el parlamento y domina la burocracia pública. No perdamos de vista que el PLN es un partido clientelista y patrimonialista confundido con el Estado, aparato dentro del cual ha tejido una hegemonía por más de sesenta años difícil de quebrantar.

3) En tercer lugar, y no por ser lo menos importante, hay que recalcar que el presidente recibió un poderosísimo mandato ciudadano como ningún otro lo ha recibido, pero condicionado a darle un giro al rumbo que traía el país desde la primera administración de los Arias y su “gobierno paralelo” (1986-90) y que éstos trataron de consolidar en la segunda, seguida por la de Laura Chinchilla como refuerzo. Muy evidentemente para quien quiera ver las cosas claras éste no fue un mandato cualquiera ni será fácil de cumplir, pero hacerlo es sin dudas el principal reto de LGS y su equipo en Zapote y Cuesta de Moras. Cualquier evaluación que se haga de la gestión gubernamental, antes y después de los 100 días de arranque, tendrá en este designio su principal punto de partida para el análisis. Y a eso vamos aquí.

Hay en ese sentido varias cosas a tener en cuenta.

Un mandato de ese calibre a favor de un cambio de rumbo y pensamiento en materia de conducción del Estado y el país en general, indica que hubo algo más que una simple elección popular. Hubo en nuestro criterio un auténtico PLEBISCITO NACIONAL; uno  donde el electorado escogió entre seguir, por un lado, por la senda de Arias-Chinchilla y del PLN de los últimos treinta años, o por otro, inclinarse por mover fuerte la mesa, el tablero y las fichas del juego para emprender un nuevo camino; uno distinto al anterior de corte neoliberal y derechista, mirando hacia adelante y no buscando un regreso a los tiempos antiguos de la socialdemocracia democracia verdiblanca o de don Pepe, ni tratando de aplicar aquí las fórmulas fallidas de la llamada “Tercera Vía” que tanto gustan a los Arias. Recordemos que esta formulación emanó de los partidos de la socialdemocracia europea y fue inspirada por figuras como el excanciller alemán Gerhard Schröder, el exprimer ministro británico Tony Blair y los expresidentes Bill Clinton de EEUU y Fernando Henrique Cardoso de Brasil. Precisamente, en este país la fórmula acaba de ser derrotada -al igual que ha sucedido en muchas partes de Europa- por el PT bajo el doble liderazgo de Dilma Rousseff y Lula da Silva. Cabe agregar que, al igual que en Costa Rica, en este gran país se produjo un plebiscito el pasado domingo y no unas elecciones convencionales, donde se jugó el rumbo a seguir en dura confrontación con las fuerzas partidistas del neoliberalismo local e internacional, incluido el imperialismo norteamericano que sufrió una gran derrota.

Si en nuestro país tuvimos unas elecciones críticas y fuera de lo común, es porque un 83% de los votantes escogió la vía del cambio nítidamente planteada por LGS y su equipo de campaña y rechazó la opción neoliberal de las derechas parapetadas en el PUSC, el Movimiento Libertario y los partidos fundamentalistas, el PASE incluido. El descontento, y luego el masivo rechazo al modelo impuesto por esos desprestigiados actores, fue contundente y debe ahora traducirse en el diseño y ejecución de políticas públicas diferenciadas, alternativas, de signo ideológico anti- y no pro neoliberal; por tanto, políticas contrarias a los intereses de la partidocracia y favorables a lo que antes indicamos: la necesidad y urgencia de promover una sustitución de la coalición que estuvo en el poder hasta mayo pasado y emprender una nueva senda. Hacer “más de lo mismo”, pegar parches al sistema vigente, intentar reformas casuísticas y reactivas al estilo de un disperso modelo de “gobierno multipolar” (lo hemos analizado en columnas previas) no bastará para satisfacer el designio popular expresado democráticamente en las urnas, el cual exige radicalizar la democracia mirando hacia adelante, en vez de caer en las redes, tentaciones y vicios de la partidocracia.

Finalmente, solo un ciego político no percibe que las fuerzas e intereses del gran capital, tanto local como corporativo, con todos sus poderes fácticos y organizaciones de clase alineadas (Uccaep y otras cámaras, grupos de interés, bancos privados, el Incae y “think-tanks” o consultoras como Cefsa y Ecoanálisis, asociaciones solidaristas, sectores del cooperativismo vinculados al PLN, el clero y los pastores conservadores, etc.) incluidos los grandes medios de comunicación liderados por el Grupo Nación, se aprestan para lanzar una gran batalla orientada a anular en la práctica los resultados del plebiscito electoral de abril pasado por el Gran Cambio. Para muestra un botón: el próximo 3 de noviembre en el hotel San José Palacio tendrá lugar un cónclave sintomático convocado por la revista “Summa” para tratar el tema: “Costa Rica: ¿hacia dónde vamos?”. Será muy interesante darle seguimiento a esta actividad que reunirá a quienes han dominado la escena económico-financiera y en buena medida política de las últimas tres décadas, y ahora requieren reagruparse, aclararse y fortalecerse para catapultar contraofensivas encaminadas a enterrar el plebiscito y otros propósitos de transformación o reforma que se les salgan de tiesto.

Por ahora dejamos estas reflexiones aquí, prometiendo retornar a ellas para mayor elaboración en próximas columnas. Esto es necesario en vista de que muchos ignoran, o quieren ignorar, el hecho de que tuvimos un verdadero PLEBISCITO NACIONAL para entonces poder seguir por la trillada y agotada ruta en que veníamos, al tiempo que –como lo atisbamos- las fuerzas de la partidocracia y la derecha en general se aprestan para echar por tierra el mandato dado a LGS por el pueblo y volver lo más pronto a los tiempos “normales” (a sus tiempos) como si nada hubiera pasado, una vuelta a más de lo mismo…o de lo peor.

(*) Sociólogo

Más noticias

2 COMENTARIOS

  1. Don José Luis, creo que ni el presidente Solis es consciente de lo que CR esperaba al elegirlo. Me parece que que quiere realizar una buena labor pero sin desprenderse de su escuela -PLN- y temor a las amenazas del gran capital. Si él no plantea las reformas necesarias y la recuperación del Estado solidario, casi perdido, apoyándose en los que por él votamos, como última opción, pasará por la presidencia con pena y sin gloria. Un ejemplo respetable a tomar en cuenta es el del presidente Correa del Ecuador, quien enfrentó problemas más graves en un país con ejército y hoy es respetado en todo el orbe. No le tembló el pulso para acudir a las masas cuando fue necesario.

  2. Don Manuel Saborío, lleva razón en lo que dice, si es del caso que LGS se deje acorralar por la partidocracia y por sus anteriores vínculos políticos dejando de ver y tirar hacia adelante sobre los hombros de nuevos apoyos desde una mayoría social a la que le falta volverse una efectiva mayoría política de apoyo, resultado al cual él mismo y su equipo perfectamente podría contribuir si supera un excesivo respeto conservador al status quo y a los poderes fácticos….

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Últimas Noticias