martes 30, noviembre 2021
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ANÁLISIS «Primavera Negra» en Burkina Faso: dimite presidente tras 27 años

Uagadugú, 31 oct (dpa) – En África es casi una excepción que un pueblo se levante contra su mandatario como acaba de ocurrir en Burkina Faso. La oposición habla esperanzada de una «Primavera Negra», en referencia al fenómeno de la Primavera Árabe, pero a excepción de unos pocos disturbios, la norma es que la población africana se resigna en circunstancias poco democráticas.

Es así como se explica que en tantos países del continente los presidentes puedan seguir durante lustros en el poder tranquilamente.

Blaise Compaoré, que durante casi tres décadas ha gobernado el pequeño país africano de Burkina Baso es el ejemplo de ello: a fines de los 80 llegó al poder mediante un golpe de Estado y desde entonces no ha dejado el sillón de mando.

En el año 2000 enmendó la Constitución para poder seguir gobernando y con vistas a las próximas elecciones quería modificar de nuevo la Carta Magna para presentarse a otro mandato. Sin embargo, ha tenido que dimitir, lo que probablemente a quien más ha sorprendido ha sido a él mismo.

Sin embargo, no ha sido el peor mandatario que se ha perpetuado en el cargo en África. Ahí está Rober Mugabe que gobierna Zimbabwe desde 1987 y desde hace lustros con resultados nefastos. O el déspota Omar al Bashir, que dirige Sudán con puño de hierro desde 1989 a pesar de que desde que hace unos años tiene pendiente una orden internacional de captura por genocidio.

Pero tampoco es ningún secreto que Compaoré, en su oscuro pasado, apoyó a brutales señores de la guerra como el ex presidente de Liberia Charles Taylor. Y a día de hoy tampoco se ha esclarecido el papel que tuvo en la muerte de su predecesor (y ex amigo) Thomas Sankara, que murió de forma misteriosa durante el golpe de Estado en 1987.

La revista «Africa Confidential», al informar sobre las protestas que se vivieron en el país estos días, advertía en contra de volver a enmendar la Constitución: «A Compaoré apenas le quedan alternativas. Si se queda en el cargo, proseguirán las protestas. Si dimite, podría perder toda su fortuna y además ser juzgado».

La hipótesis de la dimisión es ya una realidad, ahora queda el interrogante de si, como acostumbran los dictadores africanos, consigue eludir la responsabilidad y marcharse a un exilio en un país vecino amigo.

Será difícil que pueda permanecer en Burkina Faso pues la indignación de la población es demasiado grande. La indignación y la desesperación se han ido acumulando con los años y la perspectiva de que Compaoré pudiese mantenerse en el poder otros cinco años fue lo que colmó el vaso. Durante días miles de ciudadanos salieron a las calles Uagadugú e incendiaron varios edificios del gobierno.

El mandatario no deja un legado exitoso: de los 17 millones de habitantes, la mitad vive por debajo del umbral de la pobreza absoluta, a pesar de que la antigua colonia francesa vive casi exclusivamente de la agricultura.

El desempleo juvenil y el analfabetismo están ampliamente extendidos y según el Índice de Desarrollo Humano 2013, el país está en el puesto 181 de 187.

Del crecimiento económico que se registra en tantos países del continente sólo se benefician unos pocos en Burkina Faso.

Los observadores hablan de una «revolución» en este empobrecido país. Uno de ellos comentaba en Twitter: «En Ucrania se tardó cuatro meses en poner en marcha la revuelta, en Egipto tres semanas. En Burkina Faso sólo tres días». Habrá que esperar a ver si realmente éste ha sido el inicio de una «Primavera Negra».

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