martes 7, diciembre 2021
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Seguridad en el paraíso: Brisbane se prepara para cumbre del G20

  Brisbane, 14 nov (dpa) – Viendo la portada del diario sensacionalista australiano «The Courier Mail», nadie diría que Brisbane fuese a ser sede de uno de los eventos con mayores medidas de seguridad que ha vivido la capital de Queensland. Bajo el título de «Bienvenidos al paraíso», los líderes del G20 aparecen en ropa informal o incluso en bañador, como si estuviesen de vacaciones.

La imagen del presidente estadounidense, Barack Obama, con el torso desnudo, de su homóloga brasileña, Dilma Rousseff, con traje de buceo, del mexicano Enrique Peña Nieto con una caña de pescar o de la alemana Angela Merkel abrazando un coala contrastan con la presencia de 6.000 policías desplegados en las calles y el bloqueo de innumerables calles y carreteras.

Para reducir las molestias a los residentes, la ciudad declaró hoy el día festivo y las tiendas y oficinas están cerrados. Por un centro de la ciudad medio desierto los habitantes que se atrevieron aprovecharon a salir a pasear, pero todas las áreas declaradas como zonas de seguridad, cerca del Centro de Convenciones o del aeropuerto, por ejemplo, están rodeadas de vallas y de uno de los mayores despliegues de seguridad en la historia de Australia.

«Este es el encuentro internacional de políticos más importante que haya organizado Australia», argumentó el primer ministro del país, Tony Abbott, sobre la cumbre que reúne el sábado y domingo a los principales países emergentes y desarrollados del mundo.

A la falta de movimiento en Brisbane contribuyó también la propuesta del alcalde de recomendar a todo el mundo irse al campo durante el fin de semana en vista de las altas temperaturas tanto climatológicas como políticas que se registrarán.

Poco después se dio cuenta de que no había sido buena idea: una ciudad vacía no daría una buena impresión a los miles de visitantes llegados de todo el mundo. Organizó una serie de actividades para atraer a sus conciudadanos, pero fue tarde. Lugares como la playa de Cangoroo Point, en el río Brisbane, estaban hoy desiertos. «Normalmente aquí no cabe ni un alfiler», señala Stephen Harley, gerente de una empresa tecnológica.

Además de los policías, de los que 1.500 han venido de otras partes del país y de Nueva Zelanda, hay apostados francotiradores en los tejados de la ciudad, de casi 2,2 millones de habitantes y se han colocado cientos de cámaras.

Debido a que las autoridades han prohibido cualquier tipo de manifestación en las inmediaciones, un grupo de artistas autodenominado «Dirty Work» (trabajo sucio) colocó proyectores en algunos lugares, camuflados como cámaras, con los que quería proyectar imágenes críticas con el G20 durante la cumbre. Sin embargo, la policía los detectó, al menos algunos de ellos.

«Creemos que el disenso constructivo es por definición perturbador, y criminalizar una protesta pacífica es antidemocrático», señaló el grupo en un comunicado.

Por lo demás, no se permitió la presencia de ningún activista sospechoso, los coches eran desviados y, los que no, revisados a conciencia por la policía.

El gobierno conservador de Abbott forma parte de la coalición que combate al grupo terrorista Estado Islámico (EI) en Irak, y a causa de ello desde hace unos meses rige en el país el estado de máxima alerta por temor a que se produzca un atentado de simpatizantes de la milicia. En septiembre, Brisbane fue escenario, junto con Sydney, de la mayor redada antiterrorista en la historia de Australia, cuando fueron detenidos 15 sospechosos de apoyar el yihadismo y planear supuestamente ataques.

La pasión australiana por el orden, al menos sobre el papel, se refleja además en una ley de seguridad de 110 páginas que regula todo: no se permiten en las inmediaciones de las zonas de seguridad ni lanzas, ni huevos, ni serpientes, ni hondas, ni látigos. Se permite llevar cuchillos para picnics, pero no «sustancias dañinas» como orina o estiércol.

Las medidas de seguridad se disparan en lo que concierne al presidente estadounidense, Barack Obama, para quien fue vaciado todo un piso del hotel Marriott, que fue revisado a conciencia retirando espejos, adornos y muebles para evitar la colocación de posibles micrófonos u otros aparatos de espionaje.

Y su homólogo ruso, Vladimir Putin, se trae cuatro barcos de guerra como apoyo, pero en este caso más bien simbólico, como demostración de fuerza: no tienen previsto entrar en aguas australianas.

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