jueves 26, mayo 2022
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El liderazgo presidencial de LGS a seis meses de iniciada su gestión

Columna “Pensamiento Crítico

El problema del liderazgo

Tengamos presente, primero que todo,  que el fenómeno del liderazgo no se concibe en la Sociología Política como una cualidad puramente personal, sea biogenética o psicológica. Más bien se la define como una “relación social” entre un líder y el grupo o masa de seguidores, dentro de un determinado contexto dinámico. Más aún, debe verse más bien como una propiedad del grupo, de la masa o el colectivo de esos seguidores, quienes en un determinado momento le transfieren al líder la potestad de guiarlos a lo largo de uno o varios cursos de acción.

Hoy nos interesa iniciar el examen del problema clave de liderazgo que ha comenzado a experimentar  el Gobierno PAC-Solís (o GPS) recién inaugurado; y que, para algunos observadores y analistas, ha comenzado a sufrir un desgaste, esto si no una transformación en algo distinto. En otras palabras, podríamos estar en una transición donde el liderazgo basado en la personalidad del presidente LGS, mediante el cual él logró inspirar y movilizar en su favor a casi un 80% del electorado para el balotaje del pasado 6 de abril, deja de ser una fuerza de atracción y se convierte en puro y simple dominación legal. En esta tesitura, en vez de un líder, el séquito de los discípulos y seguidores comienza a tener un jefe o autoridad, a quien se debe obedecer por el cargo que la persona ocupa en una jerarquía burocrática u organización regulada como parte de un “ordenamiento jurídico”, y no por las cualidades carismáticas que antes se le atribuían al presidente por parte de una gran masa de  votantes, cuando era un triunfal candidato electoral.

El carisma y el caudillismo

Nos interesa aquí enfocar principalmente el liderazgo político, también llamado “caudillismo”, que se centra en una característica muy particular denominada “carisma” la cual solo pocos dirigentes logran generar. Pensamos que, de manera muy hábil y efectiva, el presidente LGS cuando fue candidato a ocupar la silla presidencial, logró comportarse como un dirigente con mucho carisma; una cualidad la cual no es algo que depende solo del brillo personal, del prestigio ni de la preparación profesional y académica, sino de algo más, de un “plus” que le depositan los seguidores y solo ellos, al ungirlo –siempre provisionalmente- como su conductor de manera totalmente voluntaria. Por esta razón es que le obedecen, se dejan dominar, y a lo mejor hasta engañar en casos donde, como en nuestros días, es común que se hable de la “fabricación” de líderes carismáticos por medio de las técnicas de la manipulación y la propaganda, como fenómeno basado en imágenes positivas transmitidas por los medios de la comunicación colectiva.

El carisma es un término sociológico de origen religioso consistente en que, dentro de una relación social de amplio espectro e impacto, quienes han comenzado a convertirse en prosélitos le depositan al dirigente y potencial líder toda su confianza y fidelidad, le admiran, y se van dejando conducir dócil y obedientemente, al menos por un tiempo. Y lo hacen porque creen –y esta creencia es lo decisivo, aunque no necesariamente es siempre verdadera- que el caudillo posee cualidades mágicas o extraordinarias de mando, exhibe una personalidad destellante y un portento heroico en el cual pueden confiar.

El ascendiente del poder carismático

Más aún, los partidarios perciben en la figura del líder poses y acciones que les proyectan unos poderes deslumbrantes; los cuales no solo les dejan embargados, sino que ellos los introyectan al verlos y hacerlos poderes propios, una vía por la que llegan a sentirse grandes y poderosos. Igualmente, los exaltados proyectan y satisfacen frente al líder sus ansias de poder insatisfechas, y a la vez se perciben a sí mismos como personas iguales a él, y así se empoderan aún más. Por esa vía es que muchos se vuelven recalcitrantes fanáticos o “fans”.

Hay varias clases de líderes carismáticos: profetas o enviados de Dios, santos y predicadores ejemplares, dirigentes políticos y estadistas visionarios, y otros cercanos a la industria del cine y el entretenimiento. Pensemos en figuras tan variadas como las mesiánicas de Jesucristo, Mahoma, algunos Papas; políticas como las de Lenín, Mussolini y Hitler, o más cercanas como las del General Jorge Volio, el Dr. Calderón y don Pepe Figueres; pero también hasta llegar a artistas y cantantes como Elvis Presley, los Beatles y Luis Miguel. Obsérvese que muchos de ellos, luego de un período de deslumbrante ascenso y exuberante influencia, han sido rechazados y defenestrados por los propios seguidores, cuando éstos dejan de creer en las cualidades positivas del dirigente, en sus supuestos poderes sobrenaturales y hasta en sus milagros, generalmente  por fallas en su ejecutoria; incluida aquí su conversión en autoridad rutinaria que lleva a la burocratización y pérdida del carisma.

¿Decae el carisma presidencial?

Es esperable que bajo condiciones cambiantes y en medio de una prolongada crisis económica -que siempre es un terreno fértil para el surgimiento de líderes carismáticos convertidos en mesías anunciantes de un Nuevo Mundo o un Gran Cambio de rumbo-, el potencial del caudillismo o liderazgo político basado en carisma, tienda a debilitarse conforme el recetario y la terapia que catapultó al dirigente hacia el poder no pueda ejecutarse; o se hace solo de forma parcial e ineficiente, con lo cual aparecen el descontento de los prosélitos junto problemas de integración y coordinación de los discípulos inmediatos, en este caso, del equipo de gobierno en Zapote, Cuesta de Moras y otros ámbitos, donde el ejercicio del poder se hace crecientemente formal y burocrático; y, al aflojarse, envalentona a las fuerzas opositoras, incluidas las que esperan acontecimientos del lado del movimiento sindical y social. Recordemos que ya ha habido dos fuertes confrontaciones sindicales –huelgas de APSE y el magisterio, y luego de SINTRAJAP en torno al problema con la concesión del puerto de Moín a la transnacional APM Terminals. Tampoco ayuda el estancamiento y, en ciertos puntos, el retroceso de la economía, sujeta a un modelo de crecimiento que ya no da para más sin que ningún gobierno, incluido éste, dé los pasos para una mudanza que permita retomar la senda del desarrollo con equidad social y sostenibilidad ambiental.

Conclusiones

Todo lo anterior puede haber comenzado a afectar la gestión de presidente al frente del GPS, conforme se va acomodando al ejercicio del puesto, dejando cada vez más atrás el período carismático de su liderazgo electoral. Comienza entonces a padecer las severas limitaciones que le imponen el ordenamiento jurídico y la fronda institucional. Y tanto él como los integrantes de su cenáculo (equipo de gobierno) comienzan a volverse “realistas” y dejan atrás las promesas del “Gran Cambio Nacional” que anunciaron para acogerse a los aleros de la continuidad y del status quo. Algo que, por cierto, se refleja bien en el documento con más de 500 páginas presentado este lunes 17 de noviembre bajo el título de “Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018, Alberto Cañas Escalante».

En fin, de mayo a la fecha se han puesto en evidencia diagnósticos e informes (como el del proyecto “Estado de la Nación”) que dejan un balance más negativo que positivo sobre la situación del país y sus perspectivas, mientras la clase política se aferra al orden (o desorden) establecido y rehúsa ponerse de acuerdo para darle un golpe de timón al Estado y enrumbar el país por otras sendas.

Concomitantemente, el apoyo popular al mandatario LGS ha pasado de un 78% en mayo a un 61% a finales de octubre, según una encuesta de la firma CID-Gallup para Repretel. Solo un 43% afirma que la gestión del GPS camina bien; y el resto son opiniones negativas y críticas que han comenzado a emerger desde la masa de seguidores y simpatizantes. En una encuesta anterior de mediados de setiembre, la misma firma reportó que ante la pregunta: “¿Qué está haciendo el presidente Luis Guillermo Solís para cumplir sus promesas de campaña?”, hubo un 55% de los ciudadanos que respondió “poco o nada”.

Son los primeros indicadores de base acerca de una disminución del ascendiente del GPS y del carisma de un candidato vuelto ahora presidente y máxima autoridad dentro de una burocracia vertical, centralizada y en muchos respectos ineficaz, ineficiente, e improductiva. Una estructura digna por tanto de una reingeniería integral y en la cual LGS poco puede confiar como para apoyarse y sacar bien la tarea, menos el Gran Cambio que prometiera.

José Luis Vega Carballo es Catedrático de Sociología Política UCR

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5 COMENTARIOS

  1. Es muy sencillo critica y es aún más injusto cuando no se tiene idea de cómo resolver lo que se critica. ¿Cómo resolvería usted los problemas que plantea? La prensa tiene la mala costumbre de criticarlo todo, por lo que se hizo o se dejó de hacer, sin pensar más lejos de allí. El presidente se presenta como una figura que tiene que resolverle todos los problemas a todos, aunque ni quien lo critica sepa cómo resolver alguno. Por eso no hay que votar por candidatos carismáticos, sino por candidatos inteligentes, que piensen cómo resolver los embrollos.

  2. A mí me parece que hay que meterse en las elecciones internas de cada partido político, con el fin de elegirle su terna de candidatos a diputado, pues así, quien llega a legislar, no es aquel diputado que lo hace en función del número de votos que se ganaría o dejaría de percibir por realizar determinada acción, sino aquel diputado que se ganó un puesto porque supo convencer a la mayoría y de todos modos, no le importa si su partido político vuelve o no a ganar una elección, pues ya participó durante un periodo constitucional como legislador y bien puede volver a participar en el mismo partido político o en otro, también como legislador. Aquí lo importante es que la gente que llegue a legislar, llegue pensando en defender intereses de la patria y no intereses mezquinos partidistas.

  3. Una forma de evitar fraude electoral, consiste en que todos los recintos electorales se intercambien los resultados obtenidos en sus respectivas mesas y luego comparen los resultados. Podrían iniciar las comparaciones con grupos de 2 recintos, luego esos grupos de dos recintos compararían los resultados con otros grupos de 2, luego cada grupo de cuatro recintos compararía los resultados con otro grupo de 4 recintos y así se continuaría con potencias de 2, hasta que todos los recintos hayan comparado y obtenidos los mismos resultados.

  4. Toda una lección! Los que creyeron en el candidato Solis, y los que nos fuimos por arrastre, hoy no hemos visto la proposición de una sola idea o plan que nos muestre el deseo de concretar lo que todos esperábamos: algo parecido a un cambio en la trayectoria del país. Los planes de gobierno, como el presentado por solis en días pasados, son solo papel y, en este caso, se gastó una resma que el tiempo – o el viento’- se llevará.

  5. Es interesante el Weberismo imponente del análisis. Una aproximación al carisma desde Agamben arrojaría otra luz sobre la díada líder-seguidor (o prosélito, como lo llama el autor). Por demás, es sin duda el carácter falsamente providencial de la figura de LGS y la falta de definición y de voluntad a la crisis política (por lo tanto a la transformación) que hacen cortocircuito en la opinión pública. Ésta necesitaba cabezas de turco, encarcelamientos de antiguos corruptos, para sentirse satisfecha con su nuevo gobierno. Las mediastintas características del centro y las figuras centrífugas e intransigentes están haciénodos perder la posibilidad de mantener al PLN fuera del gobierno por un período más. ¿Vamos, qué otra cosa, sino eso, se le podía pedir a este gobierno?

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