martes 25, enero 2022
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Cambios en la productividad de los bosques por efecto del cambio climático y sus implicaciones en la producción de madera

Sectores de sectores envueltos en una amalgama de escenarios y tendencias, incertidumbres y pronósticos. Así se mueve el mundo dentro del cambio climático y es así como el sector forestal, dentro de las discusiones de la comunidad científica y la burbuja política, es considerado como uno de los pilares más importantes para mitigar y adaptarse a los infortunios del cambio global. Dentro de lo mucho que nos interesa en esta nebulosa, es en particular el efecto que va a provocar el cambio climático en términos de productividad de los bosques, cómo será la dinámica de la producción de madera y qué motivos tenemos para seguir en la búsqueda de un posicionamiento del sector no como la cereza del pastel, sino como un elemento básico dentro y fuera de este marco estratégico.

Las posiciones respecto al cambio de la productividad de los bosques son múltiples. Se dice que el aumento del CO2 atmosférico y la consecuente fertilización de carbono es uno de los efectos provocados por el cambio climático, que incide o incidirá directamente en el crecimiento y productividad de los bosques (FAO 2013, Kirilenko & Sedjo 2007, Zhao et al. 2005). Al día de hoy existen evidencias del aumento de la productividad en algunas zonas tropicales, sin embargo también se indica que dicho efecto puede ser temporal e inclusive los cambios de temperatura y precipitación, los agentes fitotóxicos como el ozono a nivel del suelo y la deposición de sustancias nitrogenadas contaminantes no favorecerán el rendimiento de los productos forestales (FAO 2013; Bernier & Schoene 2009). En Chile, por ejemplo, en los bosques siempreverdes de la Isla de Chiloé, se determinó que el cambio climático disminuirá la biomasa sobre el suelo en un 11% y la productividad neta en un 30% (de 7.6 a 2.4 MgC/año) para el 2100 (Gutiérrez 2010); pronóstico que genera preocupación.

De los argumentos más sonados: la producción de madera a nivel global va a tender al aumento (Kirilenko & Sedjo 2007; Zhao et al. 2005); con la salvedad que los cambios van a ser muy variables y regionalizados. Es decir, la disponibilidad futura de madera disminuirá en algunas regiones y en otras más bien se aumentará. En bosques de América del Norte, Europa y Rusia es donde se prevé una disminución de los rendimientos y la productividad, no así para América del Sur, África, China y Asia Sudoriental que se espera incrementos en tal variable. Estos patrones evidentemente están ligados (influyen) al comportamiento de las economías y medios sociales de los productores; con esto quiero decir que los beneficios de los productores van a ser proporcionales a los cambios en la productividad de sus bosques (Ministerio de Relaciones Exteriores de Finlandia & IUFRO 2009).

Ante esta situación y entendiendo que por efecto del cambio climático se está poniendo la mirada sobre las zonas tropicales para la producción de madera, Costa Rica tiene un desafío: mantenerse activo y con peso de plomo dentro del mercado de los productos maderables. Específicamente no se sabe en cuál de las tendencias se encuentra ubicado nuestro país, pero independientemente de lo que ocurra a nivel climático, comportamiento ecosistémico y de mercado, el sector se debe fortalecer en todas sus líneas para “agarrarle la comba al palo”.

Si el pronóstico pesimista que indican algunos autores es una realidad futura y próxima, deberíamos ir pensando en formas de adaptarnos a esos cambios de productividad en vez de mitigar los efectos que podían generarse, o quizá lo mejor es atacar dichas amenazas desde todos los frentes posibles. Dentro del Eje Estratégico 07 “Cambio climático, mitigación y adaptación” del Plan Nacional de Desarrollo Forestal 2011-2020, hay ciertos indicadores que se deberían tomar como base para empezar a diluir o bien aprovechar lo impactos que se generan a raíz de los cambios en la productividad de los bosques. Programas de reforestación y manejo forestal sostenible de bosques y cuencas hidrográficas, medidas de adaptación para los ecosistemas forestales y volumen de consumo de la madera legal producida localmente (MINAET 2011); son los puntos idóneos donde, desde mi perspectiva, cabe una nueva dirección de adaptación en el tema en cuestión.

En esos tres indicadores del Plan se deben ir trabajando aspectos como: adecuar los planes de manejo para dar cuentas a los rendimientos producidos, adaptar los planes de aprovechamiento (ciclos de corta, productos forestales no maderables), modificar los tratamientos silvícolas (raleos, podas, cortas de lianas), modificar la duración de las rotaciones o ciclos de corta teniendo en cuenta las implicaciones de costos, tecnología y mercados, invertir en medidas para mejorar la estructura del suelo y reducir el estrés hídrico (reducir pastoreo y mantener cobertura orgánica), manejar la vegetación para reducir el estrés por sequía y diversificar los objetivos del manejo para incluir otros productos y actividades que generen ingresos a los pequeños y medianos productores. Así mismo para adaptarse a los cambios de condiciones climatológicas en plantaciones forestales, se debería estar invirtiendo en desarrollo de paquetes tecnológicos de especies tolerantes al calor y resistentes a sequías, usar una base de procedencias amplia y plantar en zonas bajo cubierta de variedad de árboles adaptados a los regímenes establecidos de temperatura y precipitación (FAO 2013).

La pregunta ahora es sí estamos preparados para dar este salto; desde las autoridades estatales, las o los gestores forestales, las comunidades, las instituciones académicas que desarrollan investigación y extensión, la o el productor forestal y sociedad civil en general. Aparentemente con el discurso que Costa Rica maneja y hace “lobby” político en el mundo pareciera que vamos por buen camino (o quizás es lo contrario), ajustando por un lado y por otro para que la esfera no pierda su forma. No obstante, deberíamos  leer entre líneas y poner sobre la mesa que tipo de prioridades son las que nos deberían ocupar desde el nivel donde nos encontremos. El buen manejo de los recursos implica ser creativos y ver la ciencia como un arte, más aún hoy que lo inevitable nos encierra en una esquina y con las manos medio atadas.

Referencias bibliográficas

Bernier, P; Schoene, D. 2009. La adaptación de los bosques y su ordenación al cambio climático: una visión de conjunto. Revista Unasylva. 231/232 (60): 5-11.

Gutiérrez, AG. 2010. Long-term dynamics and the response of temperate rainforests of Chiloé Island (Chile) to climate change. PhD thesis. Munich, DE. Lehrstuhl für Waldwachstumskunde. Technische Universität München. 170 p.

Kirilenko, AP; Sedjo, RA. 2007. Climate Change impacts on forestry. Revista PNAS. 104 (50): 19697-19702.

Ministerio de Ambiente, Energía y Telecomunicaciones (MINAET). 2011. Plan Nacional de Desarrollo Forestal 2011-2020. San José, CR. Comunicaciones Milenio.

Ministerio de Relaciones Exteriores de Finlandia; Unión Internacional de Organizaciones de Investigación Forestal (IUFRO). 2009. Adecuar los bosques al cambio climático: una perspectiva global de los efectos del cambio climático sobre los bosques y las poblaciones y opciones de adaptación al mismo. Eds. R Seppála; A Buck; P Katila. Erweko. 40 p.

Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). 2013. Directrices sobre el cambio climático para los gestores forestales. Estudio FAO Montes N º 172. Roma, IT. Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. 130 p.

Zhao, Y; Wang, C; Wang, S; Tibig, L. 2005. Impacts of present and future climate variability on agriculture and forestry in the humid and sub-humid tropics. Revista Climate Change. 2005 (70): 73-116.

(*) Christian Zúñiga Méndez

1Estudiante de Ingeniería en Ciencias Forestales.

Escuela de Ciencias Ambientales, Universidad Nacional. Heredia-Costa Rica.

czunigamendez@gmail.com

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