viernes 21, enero 2022
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Un año más de la abolición del ejército en Costa Rica

Carta al Presidente Luis Guillermo Solís Rivera

Estimado señor Presidente:

El próximo 1° de diciembre se conmemora un año más de la abolición del ejército en Costa Rica; no obstante, no podemos afirmar que se celebra un año más sin militarismo.  Por el contrario, la tendencia en los últimos años ha sido una escalada en el armamentismo.  Tanto en cuerpos privados de seguridad ante el temor de mucha gente de la delincuencia, pero con dudosa capacitación y entrenamiento en el uso de armas, sin percatarnos como país, que el problema de la seguridad pasa por satisfacer las necesidades vitales de toda la población. Por otra parte, esa visión  de la seguridad enfoca siempre al delincuente del hampa. ¿Pero quién nos protege de quienes convirtieron el Estado y a sus instituciones en botín privado?  ¿Por qué no existe una política de seguridad para protegernos de esa mafia?

También, hemos constatado cómo ha aumentado el arsenal nacional en poder del Ministerio de Seguridad Pública.  Desdichadamente, tenemos que agregar el dolor y la impotencia que nos produce el entrenamiento militar de la Policía en la Escuela de las Américas (la que se oculta bajo el cambio de nombre a Whinsec) pero continúa siendo la misma fábrica de torturadores y de asesinos. Recientemente, enviaron una delegación de la policía de Chicago encabezada por Garry McCarthy a Israel, uno de los países más militarizados y represivos para “aprender y mejorar la capacitación con estrategias más modernas”.  Esas técnicas son precisamente las que aplicaron en el sonado caso Ferguson, en el cual el “policía” Darren Wilson disparó y asesinó al afroamericano Michael Brown alegando “temía por su vida”.  Todas las pruebas muestran que su vida no peligraba: fue un simple asesinato.

Esas tácticas despreciables son las que se enseñan también a países como Colombia, Honduras y México.  Bajo el mito de la lucha contra el narcotráfico, convirtiendo a esos países en narco-estados y militarizados en su vida social.  La mínima manifestación ciudadana es reprimida con gases lacrimógenos, dolorosísimas balas de hule y en ocasiones balas reales.  Cuando existe malestar en la ciudadanía, debe permitirse que se exprese libremente y sin represión, nadie sale a protestar cuando todo anda perfectamente.  La presencia de la policía militarizada (antimotines) es un acto de provocación y amedrentamiento a la población civil.  Los países mencionados son muy representativos de esa negación de la paz como valor supremo de la humanidad y el derramamiento de sangre es pavoroso.  Todo ello dista del modelo policial que necesitamos en nuestro país para mantener la tradición civilista desde la abolición del ejército y que hoy día estamos perdiendo.

Tenemos conocimiento que durante el presente año se cuadruplicaron los policías enviados a entrenamiento respecto del año anterior en la temible Escuela de las Américas en Fort Benning.  La mayoría de las jefaturas de la policía hoy están encabezadas por policías militarizados de ese centro y otros que saben que el paso previo para progresar es pasar por la criminal Escuela de las Américas, esperan su turno.

Usted en campaña habló mucho que su modelo de país era Finlandia, algo que aplaudimos pues tanto en educación, en salud, en equidad, en bienestar social y en lo económico es un excelente modelo.  También lo es en materia policial, por tanto lo exhortamos a iniciar cuanto antes trámites para que el próximo entrenamiento policial se realice en ese u otros países de policía profesional en lugar de policía militar.  Entendemos bien que el narcotráfico y el crimen organizado no se combaten con mano de seda, pero está demostrado que tampoco con militares. Mientras el narcotráfico sea negocio y sobre todo la juventud no tenga mayor acceso a la educación, a la cultura y al deporte, mientras sigan sin esperanza de empleo u oportunidades de trabajo que les permitan vivir con dignidad, las causas de la delincuencia prevalecerán siendo atacadas de manera equivocada.

Igualmente, sugerimos que en la Junta Directiva de la Escuela Nacional de Policía se nombren personas de la sociedad civil, conocedoras de derechos humanos y de policía profesional -no militarizada- para que colaboren en mejorar el trabajo que ahí se realiza.  No queremos más “Policías” que parecen “rambos” ejecutando allanamientos donde de previo se llama a la prensa… ¿o es que la misma siempre llega de casualidad?    Además,  penetran viviendas de manera brutal,  en muchos casos han despedazado a la vivienda equivocada, con caras pintadas, pasamontañas y otra indumentaria que semejan Ninjas en lugar de verdaderos policías civilistas capaces de manejar ese tipo de arrestos y en su lugar provocan pánico en vecindarios humildes, ajenos a los delincuentes que pretenden aprehender.

Decía Gandhi que era más difícil formar una persona para la no violencia que convertirla en soldado; eso se aplica en nuestro caso pues es más fácil entrenar un matón que un oficial capaz de entender la problemática social que hay de por medio en un acto delictivo.

Como una manera de concientizar al país de alejarnos de prácticas militarizantes, le solicitamos izar la bandera blanca de la paz el 1° de diciembre próximo;  hacer un llamado al país entero y, sobre todo, a las instituciones estatales para luchar unidos por un país de paz, reducir la violencia, la tenencia de armas, el matonismo y la brutalidad.  En esa lucha por la paz duradera, los cuerpos policiales deben ser parte de una cultura de paz, de derechos humanos y de dignidad.

Cuente con todo  nuestro  apoyo para incentivar una cultura de diálogo, respetuosa de la dignidad humana, la paz y la democracia, solo así tendrá sentido celebrar un año más de la abolición del ejército en Costa Rica.

Muy atentamente,

Juan Félix Montero A.

Frente Acción Unitaria (FAU).

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