domingo 23, enero 2022
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Sergio Ramírez y Nélida Piñón brillaron en Salón Literario Carlos Fuentes

Guadalajara, 30 nov (dpa) – La apertura del Salón Literario Carlos Fuentes de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara estuvo hoy a cargo de la brasileña Nélida Piñón y el nicaragüense Sergio Ramírez, quienes repasaron en una charla distendida y chispeante los temas con los que dialogan sus obras y evocaron reiteradamente al autor de «Aura».

Ramírez (Masatepe, 1942) y Piñón (Río de Janeiro, 1937) recibieron asimismo la Medalla Carlos Fuentes de manos de Silvia Lemus, viuda del escritor mexicano fallecido en 2012, y el presidente de la FIL, Raúl Padilla López.

Piñón destacó la figura de Fuentes: «Carlos está presente siempre, es un mexicano universal que nos ayudó también a ser universales. Siempre digo que México me da suerte, es muy importante en mi vida», abrió Piñón su intervención, para luego bromear: «Soy peligrosa, hablo mucho».

La moderadora del encuentro de algo más de una hora entre ambas figuras de las letras latinoamericanas fue la escritora mexicana Rosa Beltrán.

Piñón, distinguida con el Premio Juan Rulfo en 1995 en Guadalajara, sostuvo: «La tradición para mí es fundamental, pienso que solo se puede ser contemporáno siendo arcaico».

En tanto, Ramírez complementó: «Heredamos en los genes no solo características físicas, sino la memoria del pasado y la memoria de los mitos. Una vez me decía Fuentes, nuestro espíritu tutelar hoy, que cuando uno se levantaba en la mañana a escribir lo que hacía es transcribir los sueños que la noche anterior había olvidado. Creo mucho en eso, estamos ligados al mito».

Ramírez, recientemente ganador del Premio Carlos Fuentes a la Creación Literaria, consideró que en lo referente a los territorios biográficos, «el gran depósito de la historia personal siempre es la infancia. Uno regresa constantemente a la infancia y cuando no recuerda, inventa».

«Ese el gran deleite de la escritura, poder recrear, poder imaginar, ir a esos territorios íntimos personales y poderlos reproducir. Cuando uno reproduce un territorio de este tipo el lector se encuentra en él, y esa comunicación con el lector es lo que hace la literatura».

La literatura no es un monólogo, sino que es un diálogo, dijo el autor de «Margarita, está linda la mar». «Cada vez que un lector abre un libro, uno abre con el lector un diálogo diferente», expresó.

Lo importante es el talento narrativo, más allá de los temas, opinó Piñón. Y advirtió: «Uno de los dramas de la actualidad es la soberanía del autor, tener el coraje de ser olvidado provisionalmente para hacer su historia, sin temor, sabiendo que la literatura tiene una tradición excepcional que pasa por encima de todo».

Asimismo ambos escritores abordaron las dificultades para difundir la literatura de sus respectivos países frente a las fronteras que impone el mercado.

La autora de «La república de los sueños» observó que la literatura brasileña sigue siendo periférica. Y Ramírez dijo haber sufrido «el síndrome del país pequeño». Nicaragua, con un mercado muy chico, «tiene una frontera con muros muy altos». Entonces para una gran mayoría de los autores, «saltar esos muros es muy complicado».

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