jueves 26, mayo 2022
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¿Tiene la policía estadounidense un problema estructural de racismo?

Manifestantes participan en una marcha en contra de la decisión del gran jurado del condado de San Luis de no levantar cargos contra Darren Wilson, el policía blanco que disparó contra el afroamericano Michael Brown, en Ferguson. Foto EFE.

Nueva York/Washington, 5 dic (dpa) – Un policía blanco de Nueva York reduce a un sospechoso negro, que jadea y protesta: «No puedo respirar». Poco después, muere en el hospital. Nadie será juzgado por ello.

Un policía blanco dispara más de diez balas contra el adolescente negro Michael Brown, que está desarmado, en Ferguson, en el estado de Missouri, y lo mata. Después alega que se sintió amenazado por el joven. Tampoco será acusado.

Otro policía blanco de Cleveland, en Ohio, dispara contra un niño de 12 años, también negro, que juega con una pistola de juguete. El policía no da ni un segundo de margen para el que niño pueda explicar el malentendido. El policía había sido relevado de otros puestos policiales por considerarlo incapaz de cumplir el servicio. En este caso, está en el aire si el policía será juzgado.

Y hoy se conoció un caso más: un hombre negro de 34 años que se negó a sacar la mano del bolsillo fue abatido el martes en Arizona por una patrulla que realizaba un control. El diario «Arizona Republic» informó que el policía persiguió al hombre y que ambos se enzarzaron en una pelea frente a la casa de este último. El agente pensó que tenía un arma y le disparó dos veces, pero la víctima sólo llevaba en el bolsillo unas pastillas para el dolor.

Estos casos de violencia policial por parte de funcionarios blancos contra sospechosos negros desataron en Estados Unidos una ola de protestas, pero sólo son un aparte de una situación de injusticia que el propio presidente estadounidense, Barack Obama, calificó a comienzos de esta semana de «problema nacional».

Las protestas han lanzado la pregunta a la sociedad estadounidense de si en la policía del país existe un problema estructural de racismo. Los medios estadounidenses citan estadísticas que prueban una gran desigualdad: por un lado, los ciudadanos negros son con mucha mayor frecuencia vigilados, enjuiciados y condenados. Por otro lado, apenas hay casos en que los funcionarios hayan pagado por la violencia ejercida.

La institución periodística independiente ProPublica calcula que en Estados Unidos el riesgo de morir a manos de la policía es 21 veces mayor para los jóvenes de piel negra que para los blancos. La base de esa cifra son los 1.217 casos que hubo entre 2010 y 2012. Y podría haber muchos más, pues no todas las en torno a 17.000 comisarías de policía que hay en el país aportan datos.

La muerte de Nueva York no se produjo por disparos, sino por una llave que le aplicó el policía en el cuello. Pero el caso es comparable y ha desatado una ola de protestas en Nueva York. La ciudad se considera especialmente liberal y «post racial», donde el racismo está totalmente superado.

La figura simbólica de la lucha contra el racismo es su propio alcalde, Bill de Blasio, que en la campaña electoral prometió la abolición del «stop and frisk» (parar y cachear), una práctica policial que en la práctica permite registrar a cualquier viandante y que debe realizarse de forma arbitraria pero que en la práctica se dirige sobre todo contra latinos y negros.

De Blasio se ganó el voto negro también por su trasfondo familiar: su mujer Chirlane McCray es una escritora negra y defensora de los derechos civiles. También apareció durante su campaña su hijo Dante, con su corte de pelo voluminoso a lo afro.

El miércoles De Blasio aseguró que toda esta cuestión era para él algo «muy personal». Él mismo explicó a su hijo que por su color de piel enfrentará en el futuro algunas limitaciones.

El problema también es personal para Obama, que se mostró firmemente decidido a mejorar la situación, reiteró esta semana. Pero como presidente de todos -ciudadanos blancos y negros- debe actuar con la mayor neutralidad posible.

Su aún fiscal general Eric Holder anunció tras la decisión del jurado popular de Nueva York el pasado miércoles de no juzgar al policía por la muerte de Eric Garner que se investigará de forma «independiente, concienzuda y justa» a nivel federal la «trágica» muerte. También el caso de Ferguson se está investigando.

Pero muchos defensores de los derechos civiles y comentaristas ya pronunciaron su sentencia: «Como nación, debemos luchar contra el racismo, porque son apabullantes las pruebas de que los prejuicios racistas siguen profundamente arraigados en la vida estadounidense», escribía el columnista del diario «The New York Times» Nicholas Kristof. Y para ello no hay soluciones fáciles. Pero al menos, hay que hablar abiertamente de ello.

Análisis de  Christian Fahrenbach y Marco Mierke (DPA)

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