martes 25, enero 2022
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El desarrollo incontrolado destruye el legado arquitectónico de Saigón

Ho Chi Minh (Vietnam), 7 dic (EFE).- El desarrollo inmobiliario incontrolado está aniquilando el legado arquitectónico colonial de estilo francés de Ho Chi Minh, la antigua Saigón que Graham Greene inmortalizó en su célebre novela «El americano impasible».

El último símbolo de esta tendencia es la próxima demolición del llamado Centro Tax, un complejo comercial de casi un siglo de antigüedad que albergó los Grandes Almacenes Charner, uno de los primeros de este tipo en Asia, para dejar sitio a una torre de 43 pisos en pleno centro de la ciudad.

«No costaría mucho restaurar la fachada y algunos de los rasgos originales de los Grandes Almacenes Charner tal y como fueron concebidos en 1924. El edificio necesita una reforma, pero sustituirlo por una torre de 43 pisos en pleno centro es del todo inapropiado», se lamenta el historiador británico Tim Doling, autor de un libro sobre la historia arquitectónica de Ciudad Ho Chi Minh.

«Hace unos años las autoridades desarrollaron un plan para limitar la altura de los edificios en el centro, y ahora quieren construir una torre de 43 pisos con un helipuerto», se queja Doling.

El historiador es uno de los activistas que se han movilizado para salvar este edificio situado a escasos pasos de la Ópera o el Hotel Continental, algunos de los escenarios en que se desarrollaba «El americano impasible».

Toda la zona, donde se concentran algunos de los mayores atractivos de la urbe, está invadida desde el pasado agosto por todo tipo de máquinas perforadoras y obreros que construyen una megaestación para la primera línea de metro de la ciudad, cuya inauguración está prevista para 2020.

La Asociación de Arquitectura de Vietnam reclama desde hace años en vano a la Administración un inventario del patrimonio arquitectónico así como un plan para preservarlo.

«No deberíamos construir un sistema de metro en pleno centro. Están dañando edificios y han derribado árboles centenarios para esas obras. Deberíamos construir el metro en otro lugar, el centro tiene un gran valor arquitectónico y deberíamos preservarlo», sostiene el arquitecto vietnamita Nguyen Ngoc Dung.

Este saigonés con más de 30 años de experiencia en la profesión reniega de los nuevos rascacielos que modifican el paisaje de la antigua Saigón de forma irremediable, y comenta apesadumbrado que su ciudad está «perdiendo el alma».

«Saigón es una ciudad de 300 años que siempre ha recibido influencias muy variadas, de Asia y de Europa. Esa combinación creó nuestra identidad, pero todos estos rascacielos nos la están robando. Un edificio no es solo un objeto, es parte del paisaje y nos cuenta una historia», arguye el experto.

Dung, consciente de que el desarrollo económico ha acarreado nuevas necesidades, aboga por que el distrito financiero se instale fuera del centro, que sería preservado como un tesoro cultural atractivo para los turistas.

Según su visión, no deben preservarse solo los edificios más emblemáticos, sino que «se debe mantener la esencia del paisaje urbano».

Por su parte, Tim Doling apunta que si bien la sangría llega ahora al pleno centro de esta urbe de nueve millones de habitantes, lleva tiempo cobrándose víctimas en otras zonas: un 56 por ciento de las elegantes villas coloniales del distrito 3, un barrio residencial, se han desvanecido en la última década.

«No podía creerlo cuando lo leí», comenta Doling, que reside en Ho Chi Minh desde hace cuatro años y lleva dos decenios investigando sobre Vietnam.

El experto británico cree que este desprecio a su propio legado arquitectónico y la primacía del beneficio económico a corto plazo privan a Ho Chi Minh de atraer más turismo cultural.

«Es una pena porque la gente no se da cuenta de que Saigón fue la primera ciudad colonial francesa en Vietnam, dos décadas antes que Hanoi, tiene una gran historia y aún hay muchísimos edificios cuyo pasado merece ser contado», declara Doling.

Aunque los planes de las autoridades no auguran buenas noticias para los defensores del legado colonial de la ciudad, el británico se felicita porque el ritmo de destrucción se ha frenado en el último lustro.

«Si el país no estuviera sufriendo por la crisis económica mundial desde 2009, nos quedarían aún menos edificios. De alguna manera hemos tenido suerte, y estos años han permitido que cada vez haya más vietnamitas interesados en preservar su patrimonio cultural», asegura.

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