miércoles 26, enero 2022
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Palestina: Un paso más hacia la internacionalización del conflicto en la ONU

Jerusalén/Gaza, 11 dic (EFE).- El enésimo fracaso del diálogo de paz, la cruenta ofensiva bélica israelí en Gaza y la decisión de los palestinos de internacionalizar la disputa política y buscar el reconocimiento de su Estado en la ONU han alterado la dinámica del conflicto y abierto un nuevo horizonte.

A ese futuro de creciente incertidumbre se unió a finales de año el colapso de la compleja coalición de Gobierno israelí y el consiguiente anuncio de elecciones en Israel para el 17 de marzo de 2015.

Asimismo, será crucial la respuesta que la comunidad internacional – y EEUU y la UE en particular- ofrezca a la petición de reconocimiento del Estado Palestino en el Consejo de Seguridad de la ONU.

La crisis de confianza comenzó a gestarse a principios de año cuando el esfuerzo negociador emprendido en julio de 2013 por el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, comenzó a descarrilar.

En marzo, los palestinos exigieron la excarcelación de la cuarta tanda de prisioneros, como había sido pactado, a lo que el gobierno del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, respondió con una vieja exigencia: que los palestinos reconocieran antes «la naturaleza judía del Estado de Israel».

Atrapados ambos en un callejón sin salida, los palestinos avanzaron hacia la exigida reconciliación entre el movimiento nacionalista Al Fatah y el islamista Hamás, criticada por Israel y cuyo desenlace fue la formación de un gobierno de transición nacional.

Mientras, en el seno de la coalición de gobierno israelí la derecha ultranacionalista y vinculada al movimiento colono ganó más peso, hasta convertir al ejecutivo en el principal promotor de asentamientos ilegales de la historia de Israel.

El conflicto bélico estalló en julio, apenas un mes después de que dos exconvictos, miembros de Hamás, mataron a tres estudiantes israelíes -dos de ellos menores- que hacían autostop cerca del bloque de colonias de Gush Etzion, en Cisjordania ocupada.

La operación militar israelí en Gaza (denominada «Margen protector» y que se prolongó del 8 de julio al 26 de agosto), causó la muerte a más de 2.100 personas -en su gran mayoría civiles palestinos, además de 65 soldados y cuatro civiles israelíes- y dejó devastada la Franja, ya de por sí depauperada por el bloqueo israelí.

El levantamiento de ese asedio militar y económico, en vigor desde 2007, fue una de las condiciones del alto el fuego acordado el 26 de agosto.

Otra condiciones fueron la apertura de los pasos fronterizos de Erez, sellado por Israel, y de Rafah, clausurado por Egipto, la construcción de un puerto y un aeropuerto en la Franja y la entrada de materiales para la reconstrucción de las cerca de 20.000 viviendas destruidas o seriamente dañadas por los bombardeos.

Cuatro meses después, y con el invierno boreal a las puertas, los materiales apenas han entrado y la reconstrucción es aún una quimera, pese a los cerca de 5.400 millones de dólares que los países donantes comprometieron el pasado 12 de octubre en El Cairo.

Entre tanto, los seis meses que el gobierno de reconciliación palestino se dio para convocar elecciones han pasado sin que se atisben las urnas y en medio de gruesas discrepancias entre Hamás y el presidente palestino y líder de Al Fatah, Mahmud Abas.

Por su parte, el Gobierno israelí se ha venido abajo, víctima del enfrentamiento entre el centroderecha y la ultraderecha nacionalista, las ambiciones de reelección del primer ministro y las aspiraciones a la jefatura del Gobierno del ministro de Asuntos Exteriores, el ultranacionalista Avigdor Lieberman.

Todo ello, en medio de una tensión y una oleada de violencia con tinte racista y religioso que fue creciendo desde que a principios de julio tres ultranacionalistas israelíes quemaron vivo a un joven palestino en Jerusalén en venganza por el asesinato de los tres estudiantes cerca de Gush Etzion.

Desde entonces, las protestas de jóvenes radicales palestinos se han repetido y han sumido la ciudad santa en un irrespirable ambiente de tensión y desconfianza.

A esa atmósfera han contribuido la contundente respuesta de las fuerzas de seguridad israelíes -50 palestinos han muerto este año por disparos y cargas de la Policía israelí, entre ellos el ministro palestino Zid Abu Ein- y los ataques perpetrados por «lobos solitarios» palestinos en Jerusalén.

Al menos nueve personas -ocho civiles israelíes y una ciudadana ecuatoriana- murieron en los últimas meses en dos presuntos atropellos intencionados y en un ataque a tiros contra una sinagoga de Jerusalén Oeste.

Además, un pistolero palestino tiroteó y dejo herido grave en esta parte de la ciudad al rabino Yehuda Glick, uno de los principales precursores del cambio de estatus en la Explanada de las Mezquitas o Monte del Templo.

Los rumores sobre esta posibilidad, la continuas subidas a su cima de judíos a orar -pese a la prohibición rabínica- y las restricciones de acceso impuestas por las fuerzas israelíes a los palestinos, fueron otro de los factores principales que alimentaron la tensión.

Hasta Jordania -que mantiene desde 1967 la autoridad y gestión sobre este espacio sagrado para musulmanes y judíos- retiró a su embajador en Tel Aviv y advirtió a Israel de las consecuencias de un cambio sobre Jerusalén.

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