martes 25, enero 2022
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Acceder a las demandas de secuestrador en Sídney era peligroso, según experto

Sídney (Australia), 17 dic (EFE).- La Policía australiana rehusó acceder a las demandas del radical iraní Man Haron Monis, quien secuestró el lunes a 17 personas en un café en Sydney, por considerar que podrían poner en peligro la vida de los rehenes, publican hoy medios locales.

El iraní, quien era acusado entre otros delitos de ser cómplice del asesinato de su ex esposa y se encontraba en libertad condicional, exigía que le llevaran la bandera del Estado Islámico (EI) y hablar por teléfono con el primer ministro australiano, Tony Abbott.

Patrick Van Grinsven, exnegociador policial y experto en terrorismo, señaló al portal «news.com.au» que Monis pudo haber utilizado la bandera del EI y la llamada para captar la atención mundial y comenzar a ejecutar a los rehenes en vivo.

«De obtener la bandera del EI, la hubiera utilizado para hacer una declaración muy dramática», comentó Van Grinsven al comentar la toma del café de la calle Martin Place, en el corazón financiero de Sídney, que terminó con una intervención policial que se saldó la muerte de dos rehenes y del secuestrador.

Respecto a la conversación con Abbott, el experto en negociación comentó que es una petición «difícil de conceder» porque «sienta un precedente peligroso. Los gobiernos de todo el mundo no lo considerarían».

Se desconocen los detalles de las negociaciones y la fluidez de la comunicación con Monis o si éste logró que le concedieran otras demandas, ya que las autoridades no han desclasificado aún mucha de la información relacionada con el secuestro.

Mientras Australia rinde tributo a las víctimas y las autoridades revisan las medidas de seguridad, comienzan a surgir algunos datos sobre las tensas 17 horas que vivieron los rehenes dentro del «Lindt Chocolate Cafe», donde intervino la Policía tras escuchar disparos en su interior.

Los testimonios de familiares y amigos de los rehenes recogidos por la edición australiana del diario «The Guardian» señalan que el secuestro comenzó cuando Monis apuntó con su arma al gerente del café y ordenó a los clientes para que se pararan con las manos en alto.

Les dijo que era representante del EI, que se trataba de un ataque terrorista y que había colocado bombas en todo el edificio, después cerró las puertas y ordenó a los rehenes que se quedasen quietos con las manos en alto, momento en el que los vio una mujer que dio la alerta.

Durante 17 horas de llantos y tensión, Monis tomó el control de las comunicaciones y «se rodeó de los trabajadores de Lindt», dijo una fuente anónima a «The Guardian Australia», «obligándolos a estar cerca de él, los utilizó para controlar las redes sociales y enviar sus mensajes. Les decía qué hacer, a quién llamar y qué decir».

También obligó a cuatro mujeres a grabar vídeos con el fondo de la bandera de declaración de fe islámica y en los que expuso sus demandas, y aunque fueron enviados a los medios no llegaron a ser transmitidos.

Según «The Guardian Australia», Monis aparentemente iba a soltar cinco rehenes si se transmitía en vivo su conversación con Abbott, otros dos si el Gobierno declaraba que era un acto terrorista cometido en nombre del EI y otro más por la bandera del EI.

A medida que avanzaban las horas y tras la huida de los cinco rehenes durante la tarde, Monis, quien se hizo llamar «hermano», comenzó a tener un comportamiento errático e impredecible.

«No había forma de razonar con él, estaba muy molesto», comentó uno de los rehenes no identificado al diario, quien agregó: «él sabía que su mensaje no era difundido y estaba cada vez más furioso».

Los momentos finales son confusos, aunque se cree que uno de los rehenes intentó arrebatarle el arma y se produjeron unos disparos alrededor de las dos de la madrugada, lo que aceleró el operativo policial.

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