martes 18, enero 2022
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La gran degollina

-“La guerra es demasiado importante para dejarla en manos de los militares’’- proclamó Clemenceau, estadista y protagonista del conflicto bélico que, hace cien años, flageló al planeta en la Guerra Mundial 1914-18.

Se inició en un clima de euforia y patrioterismo triunfalista y vocinglero. La opinión era unánime de que sería breve y quedaría decidida en una escueta batalla, como Sedán o Waterloo, pero se convirtió en una degollina, monstruosa  y devastadora.

Mucho del nacionalismo revanchista remontaba a rivalidades ancestrales entre distintos principados o estados incipientes que reivindicaban su soberanía, como sucedió en los Balcanes. Otra causa consistió en la disputa de territorios en litigio, como fue el caso de Alsacia y Lorena que enemistó a Francia y Alemania en un frente inmóvil de 450  kilómetros de trincheras.

Como Alemania se formó tardíamente como estado, nación y potencia industrial, fue excluida de la rapiña colonial, inició una codicia expansionista que le disputaba a Inglaterra su poderío naval y su enorme imperio. Además, se dispuso a amputarle Ucrania a Rusia, por la riqueza mineral y la enorme capa de gruesa tierra negra, por lo que se degollaron en un oscilante frente de guerra que alcanzó 1.800 kilómetros de norte a sur.

Rusia, presa de una claustrofobia por estar rodeada de vecinos hostiles  y por carecer de vías de acceso a los principales mares, se enfrentó a Turquía, su eterna rival, para disponer de una apertura al Mediterráneo y, cumplir con el compromiso de proteger a Serbia, su hermana de raza eslava, lo que le facilitaba una puerta al Adriático.

Esa guerra se distinguió por su alcance mundial, pues involucró a las grandes potencias, pero afectó a casi todos los países. También por la movilización masiva de los recursos materiales, técnicos y humanos para alimentar con carne de cañón a aquella monstruosa maquinaria bélica, gracias a medios de producción y transporte modernos, como el ferrocarril, la industria  y la alimentación.

Esa movilización colosal requería una orquestación muy imbricada que exigía  coordinación planificación y organización, por lo tanto, impuso una injerencia del Estado en las actividades más importantes, iniciando un dirigismo económico novedoso y moderno.

La tecnología bélica aportó su contribución tardía en la fabricación de armas como el tanque  que diezmaba a la infantería enemiga, o el avión. Asimismo las  armas más temibles  fueron la ametralladora, el gas mostaza, el alambre  de púa y el submarino.

Las principales víctimas fueron 14.000.000 de muertos en el baño de sangre de las trincheras. Pero la degollina más cruel, monstruosa y satánica fue la del gobierno turco de un millón y medio de armenios indefensos.

A su vez, otra consecuencia importante fue el demolición de cuatro dinastías y sus vastos imperios, de los cuales, el ruso sufrió una crisis tan grave que se convirtió en el primer experimento de colectivismo totalitario.

A Turquía se le castigó desmembrando su imperio, el cual fue repartido arbitrariamente  entre Francia e Inglaterra con líneas rectas trazadas con regla que, hasta nuestros días y debido a apetecidos yacimientos de petróleo aún son motivo de intrigas, invasiones y guerras.

El Tratado de Versalles, a su vez, castigó con  excesivo  rigor a los vencidos, declarando culpable a Alemania con pagos leoninos por reparaciones de guerra y perpetuando  su debilidad. Con el peligro de humillarla y propiciando la  demagogia chovinista y vocinglera de un fascismo que repetirá también, la misma degollina. Tal vez la guerra es algo demasiado importante para dejarla en manos de los políticos.

Rodrigo Madrigal Montealegre es Politólogo

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1 COMENTARIO

  1. Ha sido una gran sorpresa y alegría, encontrar a don Rodrigo Madrigal Montealegre escribiendo en este diario digital. Todos los intelectuales que merecen respeto, se han venido a la sección de opinión de este diario; sólo aquí encuentra uno artículos de opinión críticos y aunque uno pueda o no estar de acuerdo, siempre aportan un dato o una opinión interesante que lo pone a uno a pensar. Saludos don Rodrigo y ojalá siga escribiendo con frecuencia para el deleite de nosotros los lectores.

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