viernes 28, enero 2022
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Cristianos sirios reivindican su derecho a ser felices a pesar de la guerra

El Cairo/Beirut, 24 dic (EFE).- La minoría cristiana de Siria reivindica su derecho a celebrar la Navidad y a ser feliz, intentando mantener la esperanza a pesar de la guerra que, desde hace casi cuatro años, desangra el país.

«Tenemos el derecho de ser felices a pesar de las bombas, porque nuestros hijos no deben sufrir las consecuencias de esta guerra», asegura a Efe por teléfono Claudia Toma, una cristiana que dirige un coro en el barrio damasquino de Qusur.

Toma, que reconoce que la guerra y sus consecuencias económicas han afectado a todos en el país, incluida la minoría cristiana (que representa un diez por ciento de la población), insiste que en estas fechas los cristianos muestran su determinación de celebrar la Navidad.

Para el padre Makares Kalumi, también de Damasco, la «Navidad será una alegría para todas las comunidades religiosas del país» porque todas celebran -asevera- el nacimiento de Jesucristo.

«Nosotros la festejaremos a pesar de toda la tristeza, la sangre y las muertes entre las que vivimos y que azotan nuestro país desde hace cuatro años por culpa de la conspiración internacional del mundo entero contra Siria», subraya a Efe Kalumi, también contactado telefónicamente.

Sin embargo, para el dirigente opositor George Sabra, que vive en el exilio, la vida de los cristianos es muy diferente dependiendo de la zona del país en la que residen.

«Damasco está controlado por el régimen; Deir al Zur o Al Raqa son los bastiones del Estado Islámico (EI); Hasaka está dominada por los kurdos, y en Idleb el Frente Al Nusra, filial de Al Qaeda, controla la zona», describe Sabra.

El conflicto en Siria, que estalló en marzo de 2011, dio un giro a mediados de este año cuando el grupo yihadista Estado Islámico se hizo con el control de grandes zonas del país, donde ha impuesto a hierro y fuego su visión extremista de la ley islámica.

Para Sabra, que asegura que no hay informaciones verificadas de cómo están viviendo los cristianos en muchas zonas, «hoy todo es muy duro (…) no hay un ambiente de festividad real en las regiones en todo el país, como solía haber en los años en los que había paz».

En el Líbano, muchos cristianos que huyeron de Siria ansían volver a sus hogares.

Abdo, un joven originario de la aldea de Yacubian, cercana a Turquía y tomada por el EI, reconoce a Efe que «está muy triste» y que desde hace tiempo no sabe nada de su madre, a quien estuvo buscando en varias provincias hasta que decidió refugiarse en Beirut.

«Lo único que me queda es rezar y pedir que pueda emigrar, ya que no sé si algún día podré reunirme con mi familia como hacía antes para celebrar la Navidad», sostiene.

A pesar de la terrible situación y la falta de perspectivas, Claudia Toma insiste en su mensaje de esperanza.

Emocionada, cuenta que ayer dirigió a su coro en Qusur y que más de un millar de personas se acercó para escuchar las voces de los niños.

«Fue increíble, la gente no cabía, las calles estaban bloqueadas por tantos coches aparcados», declara.

Esta cristiana confiesa que hay mucha gente que les considera «estúpidos» porque continúan cantando, a pesar de que el lanzamiento de obuses no se ha detenido.

«Pero no podemos parar, cuatro miembros del coro murieron cuando se dirigían a los ensayos por la caída de bombas. No podemos parar por ellos, porque si paramos, su pérdida habrá sido por nada», dice.

Reconoce que no es fácil, que mucha gente ha perdido a amigos y a familiares y que sufre también las consecuencias del encarecimiento de la vida, pero insiste en la necesidad de seguir adelante: «Si paramos, si no cantamos, nosotros también moriremos».

En un amasijo de sentimientos encontrados, también reivindica que con la actual situación, la Navidad ha recobrado para los cristianos sirios un nuevo sentido.

«Las prioridades son otras, ya no es gastar dinero, ahora la Navidad tiene un sentido más espiritual, más solidario, la gente piensa más en los otros», remarca.

También explica que en Damasco la gente ya no adorna las calles y las fachadas de las casas como hacía hasta hace dos años, pero sostiene que lo hace por respeto a los fallecidos y, en cierto sentido, porque no quiere «provocar».

«Pero estoy segura de que dentro de casa luce un árbol de Navidad», sobre todo, dice, por los niños, porque después de casi cuatro años de conflicto «hay que esforzarse en que no pierdan la esperanza». EFE

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