domingo 16, febrero 2025
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Si ladran, Sancho, es señal que cabalgamos

Después de un largo silencio, ocasionado por un duelo familiar, vuelvo a este medio para continuar expresando algunas ideas relacionadas con la realidad nacional. Y varias cosas han sucedido en estas semanas, pero lo más evidente ha sido la turbulencia causada por ciertas decisiones gubernamentales, dentro de la cual se transparentan los intereses particulares de gremios específicos.

Es decir, cuando se toman medidas en un campo concreto del accionar gubernamental, resulta lógico que aparezcan grupos afectados, sobre todo aquellos que se han venido beneficiando de decisiones anteriores, no siempre apegadas a la equidad y la justicia.

Ejemplos claros han sido la anulación del veto a la reforma laboral, tan necesaria desde hace años, que hicieron ladrar a los empresarios, y todo lo relacionado con el mega puerto del Caribe, en donde la evidente vulgaridad de un grupo pequeño de ciudadanos quiere imponerse encima de los intereses nacionales.

Estas son las manifestaciones comunes y corrientes del egoísmo humano… Sin embargo, Antonio Acevedo Linares nos expresa algunas ideas interesantes.

En una sociedad del conflicto como lo es la sociedad del libre mercado, la teoría económica de la elección colectiva proporciona una teoría para la reconciliación de los intereses de los individuos a través del mercado del comercio y el intercambio. Se pretende reconciliar los intereses de los individuos para que la sociedad funcione y en esa perspectiva mantener el libre fuego de la oferta y la demanda y la acumulación de capital beneficie a todos los que hacen parte del mercado.

Los ideólogos de esta teoría económica fundamentan su teoría sobre la base de un individuo egoísta, que hace que los intereses de los individuos se vean siempre en la búsqueda del beneficio propio. Los individuos son egoístas en la medida que la sociedad fundamenta su racionalidad ideológica o política en esa dirección individualista. La racionalidad que se internaliza en la conciencia de los individuos, no viene de adentro, es decir, no está en la naturaleza humana, viene de fuera, es decir, está mediada por la sociedad.

Los individuos son el resultado de un proceso de socialización de valores y principios que configuran el perfil de su naturaleza humana. Si la economía de una sociedad está fundada sobre presupuestos egoístas, los individuos de esa sociedad serán individuos egoístas.

En esa perspectiva, el mito egoísta del hombre en su naturaleza, es exactamente eso, un mito. El mito burgués sobre el que descansa la teoría de la sociedad y del hombre. El hombre no es bueno ni es malo. Ni es justo o es injusto. Ni Rousseau ni Hobbes.

El hombre es el resultado de un proceso histórico, de unas circunstancias, de un modelo de organización social, de una época, de unos rasgos propios de la cultura o la civilización. Una concepción humanista del hombre lo situará en otra dimensión. Una sociedad construida desde lo humano en la esfera de lo social donde la utopía de un hombre con verdadero rostro humano sea la utopía de una sociedad con verdadero sentido de la justicia y la solidaridad. Los hombres no son egoístas por naturaleza ni tampoco son buenos por naturaleza. En la medida en que el hombre necesita del otro que su convivencia, creara condiciones sociales para la coexistencia y la supervivencia. En la medida en que al hombre se le racionalice para el egoísmo, las manifestaciones de vida serán manifestaciones egoístas.

La naturaleza humana es muy compleja, contradictoria, irracional pero también la naturaleza humana es racional, humana, sensible. Los hombres son un producto de sí mismos y de las relaciones sociales que determina sus acciones humanas.

Son las relaciones del mercado y de la producción, las que están fundadas sobre presupuestos egoístas. La contradicción entre la producción social y la apropiación privada de la sociedad, representa un esquema de las relaciones sociales creadas por los hombres con teorías económicas del mercado y la producción esencialmente egoístas donde predomina el poder y el valor del dinero sobre cualquier otro valor humano. La transformación social egoísta de la sociedad debe pasar por la transformación social egoísta de los individuos. Los hombres no nacen egoístas o altruistas. Son un producto social, histórico y genético. El hombre crea la sociedad y a su vez la sociedad crea al hombre.

La sociedad del libre mercado, es una sociedad egoísta por naturaleza y en esa relación social se involucra a la naturaleza humana de los individuos. La naturaleza se forma en esas relaciones sociales egoístas, haciéndose natural específicas acciones humanas como acciones egoístas. La búsqueda del beneficio propio no puede pasar en forma depredadora por encima del beneficio ajeno.

Ahora bien, la búsqueda del beneficio propio no debe definirse como una actitud egoísta de la naturaleza humana. Una actitud egoísta en la naturaleza humana ocurre cuando depredadoramente se devora la búsqueda del beneficio propio del otro. La no equitativa distribución de la riqueza genera en la sociedad prácticas egoístas en los individuos por que el egoísmo es la avaricia de la riqueza que no se distribuye. Una socialización de los individuos bajo los valores de la solidaridad en una sociedad con una socialización de la economía bajo los valores de una de equitativa redistribución de la riqueza, atenuará el carácter egoísta de los individuos en tanto que la satisfacción de las necesidades de manera equitativa, bajará la intensidad del conflicto de los deseos individuales. En la relación individuo- sociedad, el egoísmo social que genera la sociedad y reproduce como una forma natural de existencia en los individuos como egoísmo en la naturaleza humana, debe resolverse en la socialización de los individuos bajo los valores de la solidaridad donde la solidaridad sea la forma natural de la existencia de los individuos.

Una sociedad imaginada bajo estos presupuestos éticos es un sociedad utópica?

La utopía es la imaginación del hombre y de la sociedad que aún no ha perdido su capacidad de soñar e idealizar en el corazón de los hombres otras formas de imaginar y organizar la vida. El supuesto egoísmo originario que estaba en la naturaleza humana no es más que el egoísmo de una sociedad caduca que ha perdido su verdadera esencia humana. En Buchanan como en Hayek, no hay una sociedad de la utopía, sencillamente porque sus limitaciones ideológicas como ideólogos del liberalismo que son, se lo impiden. Ni un sentido de la justicia funda su teoría de la elección colectiva porque el modelo de su sociedad, es el de una sociedad que funciona bajo postulados individualistas, egoístas, donde la suma de todos los egoísmos individuales contribuye a la cooperación social. Los individuos actúan motivados por un cálculo egoísta y el uso instrumental de la razón y orientados por la razón, conduce a la cooperación. Conciben la sociedad a partir de la naturaleza egoísta del hombre sin concebir la naturaleza egoísta del hombre como resultado de la sociedad egoísta que teorizan. Buchanan como Spinoza, teorizan que los individuos al perseguir sus propios intereses, puede generar decisiones sociales de cooperación.

Todo parece tan contradictorio al leer estos párrafos, pero se concluye algo bastante contundente, y es que las muestras de egoísmo que percibimos tienen un trasfondo ideológico bastante claro. Por ello instamos al gobierno a seguir adelante desmontando todos los andamiajes de egoísmo que se construyeron en los años anteriores, cuando el liberalismo de nuevo cuño implantó su malévola forma de concebir la sociedad y el comportamiento individual.

Y si ladran, Sancho, es señal que cabalgamos.

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3 COMENTARIOS

  1. Me alegra volver a ver que el señor Alfonso Palacios vuelve a las andadas. En buena hora !!!!! En muchas ocasiones no comparto sus puntos de vista, sin embargo, es importante que siga escribiendo y enriqueciendo la sección de opinión de este medio digital que, no está demás decirlo, en este momento es la mejor sección de opinión del país.

  2. Muy de acuerdo con don Alfonso. Tal y como planteó John Locke, el hombre es una tabula rasa en lo ético, el conocimiento y las emociones; por naturaleza ni mejor ni peor, ni bueno ni malo, e incluso podemos ir más allá y afirmar, como de alguna manera lo planteó David Hume, ni siquiera hay tabula rasa. Yo me quedo con la última tesis filosófica y planteo al individuo como la resultante o síntesis de la convergencia entre el entorno y su interioridad. Por ahora y conforme al ser histórico en que nos encontramos, en lo político me mantengo en el centro como única forma de mantener el cambio en un contexto de equilibrio de las fuerzas y factores históricos, psicológicos, antropológicos y sociológicos que conforman nuestro entorno. El proceso mismo irá planteando las pautas a seguir de aquí en adelante.

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