lunes 28, noviembre 2022
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Muere el Árbol de Gernika, un roble casi mitológico

Madrid/Gernika, 16 ene (dpa) – No era un roble cualquiera, sino un símbolo de tradiciones, un árbol con un halo casi mitológico. Pero de poco le sirvió su condición de emblema: fue incapaz de superar los problemas que ocasiona recibir pocas horas de luz al día y los de un suelo que se encharca fácilmente.

El Árbol de Gernika, que simboliza las libertades del País Vasco, ha muerto en la localidad del norte de España de la que toma su nombre, en el patio de la sede de la Casa de Juntas.

Desde Fernando el Católico juraron allí los reyes españoles los fueros vascos, las normas propias del País Vasco. Y allí jura o promete su cargo todo «lehendakari», jefe del gobierno regional.

Iñigo Urkullu fue en diciembre de 2012 el último en pronunciar ante el árbol la fórmula para asumir el puesto, que en parte reza: «En pie sobre la tierra vasca y bajo el roble de Gernika». El árbol es el icono principal del escudo de la provincia vasca de Vizcaya y como tal aparece también en el del País Vasco.

El que acaba de morir es la cuarta generación de árboles de Gernika, desde aquel primero cuyo nacimiento sitúa la tradición en la baja Edad Media. Tenía 28 años y fue trasplantado hace cinco al lugar en el que ha terminado sus días.

La alarma saltó en septiembre del año pasado. La prensa publicó su fotografía, en la que al árbol antaño frondoso le quedaban pocas hojas, y estas, ya marrones, iban camino de secarse.

El suelo arcilloso no drenaba e impedía respirar a las raíces. Las abundantes lluvias del año 2013 lo habían dañado mucho. El tronco estaba esquelético y a su alrededor abrieron un foso en un intento de nutrirlo y revivirlo con estimulantes de crecimiento.

«Vamos a darle una oportunidad, porque aunque sería más fácil sustituirlo, éste es el nuestro», decía entonces la profesora de Biología Vegetal de la Universidad del País Vasco (UPV) Miren Duñabeitia, una de las personas encargadas de analizar su estado.

Hubo drenajes y hasta inyecciones de oxígeno. Pero nada funcionó. Está «completamente seco», anunció esta semana la UPV. El árbol ha muerto. Y ahora, con pena para los que han vivido su final, toca reponerlo. «Obviamente, los ejemplares se sustituyen, pero este es un árbol simbólico y, como tal, no ha muerto», manifestó la presidenta de Juntas Generales, Ana Madariaga.

La tradición sitúa el nacimiento del primer Árbol de Gernika, «El Padre», en el siglo XIV. Luego llegó «El Viejo», que presidió el patio entre 1742 y 1860. Su tronco muerto está aún en un altar de honor en el jardín contiguo.

El siguiente fue «El Hijo», que vivió 146 años y fue testigo de importantes capítulos de la historia del siglo XX español. Ante él, en 1936, juró su cargo el primer jefe del gobierno vasco, el «lehendakari» José Antonio Aguirre, durante la II República. Poco después sobrevivió al bombardeo de la Luftwaffe alemana en 1937, durante la Guerra Civil. Murió en 2004, atacado por un dañino hongo, el «Armillaria mellea», que afecta a los tejidos y destruye los circuitos de conducción del agua que alimenta las ramas.

El que acaba de morir será remplazado entre finales de febrero y principios de marzo por otro más joven, nacido en el año 2000 del que fue bautizado en su día como «El Hijo». Será el quinto Árbol de Gernika y todos esperan que tenga mejor suerte.

Pero lo cierto es que las condiciones del patio de la Casa de Juntas -con edificios alrededor que no dejan llegar bien la luz solar y en un contenedor de hormigón enorme en un suelo delimitado por el cemento- no propician ya que haya árboles centenarios.

«Hasta ahora desconocíamos que en el emplazamiento en el que estaba hubiera ese problema (de drenaje con las lluvias), pero ahora que lo hemos visto, hemos tomado medidas para garantizar que el árbol no se vuelva a ahogar», dijo la bióloga Duñabeitia.

El roble no puede ser plantado en otro lugar más adecuado porque entonces dejaría de ser el casi mitológico Árbol de Gernika.

«Hay que tener presente que el símbolo de las libertades vascas será representado en la misma generación de personas por más de un ejemplar de la estirpe del Roble Viejo, cuyos restos se conservan en la Casa de Juntas de Gernika», advertía Duñabeitia ya hace unos meses, por lo que pudiera pasar.

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