miércoles 26, enero 2022
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Para muestra, esta «caja de botones»

Las últimas horas han sido bastante impactantes, por algunas noticias absolutamente devastadoras. Ambas muestran hasta qué punto la corrupción continua campeando en nuestro país, sin que hasta la fecha se haya podido hacer mucho, como prometió el actual gobernante.

La primera tiene que ver con el otorgamiento de libertad a los supuestos asesinos del ecologista Jairo Mora, basándose en el argumento «in dubio pro reo», porque simple y sencillamente los fiscales del Estado Costarricense, así como el Organismo de Investigación Judicial (ambas dependencias del Poder Judicial) demostraron una vez más su absoluta mediocridad, falta de profesionalismo e incluso se les podría adjudicar el incumplimiento de deberes, al no poder sustentar pruebas acusatorias, cometer errores de procedimiento y otras cosas más.

Ya en otras oportunidades nos habíamos referido a esa «república independiente» que es el Poder Judicial, en donde no solamente existe mediocridad constatada en múltiples ocasiones, sino también complicidad con políticos, autoridades religiosas y otros ejemplares de la fauna corrupta de este país, dejando que las acusaciones prescriban, por falta de actuación «pronta y cumplida» de la justicia.

Está claro que el Poder Ejecutivo poco o nada puede hacer para enderezar lo que sucede dentro del Poder Judicial, y aquí encontramos una barrera casi infranqueable para los ciudadanos, en donde se ha judicializado la política y se ha politizado la justicia.

La segunda se refiera a la renuncia del Presidente del Banco Nacional de Costa Rica, el funcionario público mejor pagado del país, y sobre el que pesan obscuros nubarrones por sus actuaciones pasadas, siendo miembro del Partido Liberación Nacional, debido -según algunos medios- por los señalamientos realizados por la Contraloría General de la Republica, relacionados con el manejo de la institución, muy al estilo Liberacionista (el de la cuchara grande, enorme), y la complicidad de todos los funcionarios y empleados, pues se beneficiaban proporcionalmente de las decisiones que se tomaron en el más alto nivel. Por otros medios periodísticos, por una renuncia presentada en Enero de este ano, a cambio de que se le pagaran los sueldos que devengaría hasta la finalización de su nombramiento. Vaya Usted a saber cuál de las dos versiones es la cierta.

Y la salpicada de la Contraloría General de la República  les tocó también a los otros bancos comerciales del Estado, asunto que en varias ocasiones había mencionado en artículos anteriores, y que se relaciona con las convenciones colectivas exageradas, desproporcionadas e incluso en algunos puntos ilegales, en favor de quienes han construido unas fortalezas de especulación y explotación de sus clientes o usuarios de sus servicios y el alejamiento del propósito para el cual dichos bancos fueron estatizados en el pasado.

Al parecer, esto de las convenciones colectivas aprobadas por gobiernos anteriores, es cosa común, en el sentido de otorgar parte del latrocinio de los altos niveles a la tropa, para mantenerla tranquila. Y aquí se incluyen organizaciones de todos los poderes de la Republica.

Se mezclan cuatro elementos que identifican la perversidad en que se ha caído en este país: el autoritarismo, el dogma, el relativismo y el escepticismo.

Con relación al autoritarismo se puede señalar el uso del poder que disponen ciertos grupos dominantes para fijar su propia escala de valores y de comunicarla junto con la obligación de actuar o aceptar por parte de los afectados. Esto ocurre cuando se superpone en una misma actuación, como en el caso del sistema bancario nacional, el beneficio de la sociedad y las ambiciones personales de quienes componen en la actualidad una especie de «cosa nostra» que solamente busca su propio beneficio.  En el plano de lo ético también se discute el significado de los llamados valores y sus alcances como reguladores de la conducta.

Ello tiene que ver con el dogma neoliberal que impregna la actuación de los Bancos del Estado, en donde la solidaridad social esta reñida con una competitividad malentendida, al margen de los objetivos «públicos» de dichos bancos. Una muestra más del daño realizado a las organizaciones del Estado por estos dogmas que imponen como valor supremo los réditos, las ganancias, la especulación.

Parte de lo anterior, como en una cadena de perversidad, se expone el relativismo con que juzgan las actuaciones públicas en general, y particularmente los criterios con que se otorgan beneficios a quienes constituyen el recurso humano de ciertas organizaciones públicas.

Finalmente el escepticismo con que tanto los ciudadanos como los propios gobernantes reciben las informaciones de actos perversos cometidos en la administración publica, al punto de no haber reacción por parte de unos y otros, dejando que las malas prácticas se conviertan en derechos adquiridos.

El problema (y una de las fuentes de la perversidad) es que la sociedad se organiza de tal modo que las normas sociales necesarias entran en conflicto con las normas para la integridad y el desarrollo de sus miembros. Las ideologías que prevalecen en tal cultura, se destinan a preservar las estructuras sociales perversas y tienden a negar que exista alguna contradicción.

Confieso que ignoro si, dentro del actual gobierno, existen los arrestos y la decisión de limpiar la podredumbre que dejaron gobiernos anteriores, como prometieron, pero poco a poco van saliendo las llagas purulentas que todos sabíamos que existían por su olor fétido. Veremos ahora si realmente actuaran de acuerdo lo que se requiere.

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4 COMENTARIOS

  1. Desde un principio Luis Guillermo Solis dejo claro que necesitaba del apoyo y buen entendimiento de los ciudadanos para sacar adelante semejante tarea de limpieza de la que habla el señor articulista Alfonso Palacios. Uno de los objetivos de la arremetida del PLN y sus cómplices del sector político y privado empresarial es romper este vínculo tan necesario.

  2. La corrupción sigue mandando, y es muy difícil sacarla porque está enquistada en todo el Estado, desde el poder judicial hasta los demás. El presidente Solis la tiene difícil, se ha cambiado a unas cuántas autoridades pero una gran mayoría sigue ahí, obstruyendo estorbando, desacraditando y armando sus akelarres para dejar mal al gobierno, saben que pueblo tiene poca memoria y poca cultura, y vendrán santificados a ofrecerle al pueblo, la solución.

  3. LGS sigue siendo un misterio venido del PLN. Él sabe y conoce lo que es ese partido, en eso no se le puede dar la mínima confianza. LGS conoce los grupos de poder y sus condiciones y exigencias o no habría sido secretario general del PLN. Si prometió a la gente un cambio a sabiendas de que no lo haría por ser irrealista, mintió a toda la gente que votó por él. Me han dicho que LGS y Melvin Jiménez y Victor Hugo Morales creían que podían hacer un cambio como personas buenas e idealistas inocentes de lo que es el poder: yo digo que ninguno de ellos ignoraban qué ni dónde se encuentra el verdadero poder en Costa Rica y si se metieron a jugar sin tenerlo -El poder- realmente, ellos sabían lo que hacían y me duele pensar que sea sólo un juego de «quitate tú pa ponerme yo».

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