viernes 9, diciembre 2022
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Roma exhibe la angustia de la crisis que sufrió el Imperio Romano

Roma, 27 ene (EFE).- Colosales estatuas de mármol y bronce, bustos, relieves, sarcófagos y mosaicos reflejan en una exposición presentada hoy en Roma la angustia de la crisis que transformó el Imperio «de oro» en uno de «hierro oxidado» en el siglo III d.C.

Bajo el título «La Edad de la Angustia. De Cómodo a Diocleciano (180-305 d.C.)», los Museos Capitolinos profundizan en los grandes cambios que marcaron la era entre los gobiernos de los emperadores Cómodo (180- 192 d.C.) y Diocleciano (284-305 d.C.).

El comisario Eugenio La Rocca explicó en la inauguración que las más de 200 obras expuestas reflejan un periodo de turbulencias y un mundo en cambio que «hacen caer los parámetros originales del sistema político imperial».

En el gobierno se vivió una fase de «grave crisis y dificultad», con la institución de la tetrarquía y la toma de poder del ejército, que pasó a elegir directamente al emperador y a poder destituirlo, una potestad que creó una «continua batalla entre generales».

Fue un «momento de enorme inestabilidad política» en el que el emperador perdió su divinidad y poder absoluto y dejó de ser el «primus inter pares», símbolo de una Roma eterna.

El ejército es, en efecto, uno de los protagonistas de la exposición, que muestra más de noventa obras reflejo del poder que adquirió; entre ellas, estatuas de luchadores armados o vestidos de cazadores o el propio emperador Cómodo caracterizado como Hércules.

Fue también un periodo de crisis espiritual y religiosa que llevó al abandono de las religiones tradicionales y a adorar divinidades orientales como las diosas Isis, Cibeles o Mitra.

La comisaria Annalisa Lo Monaco lo definió como «una revolución espiritual», que vio cómo los fieles temían la vida terrenal y «buscaban la salvación espiritual».

Preguntas como «¿Me veré obligado a mendigar?», «¿Cobraré mi sueldo?» o «¿Me convertiré en esclavo?» eran frecuentes en los oráculos, que vivieron su apogeo en la capital italiana, como demuestran diversos relieves expuestos en la exposición.

Además de religiones procedentes de Siria o Egipto, la adhesión al cristianismo creció un 40 por ciento en la época, aunque «los cristianos aún eran muy pocos por entonces, en torno a un dos por ciento de la población», expresó Lo Monaco.

La idea de crisis se relaciona también con los cambios de la historia del Imperio, que perdió a Roma como capital y la trasladó a la antigua ciudad de Bizancio, la actual Estambul.

La capital italiana cuenta con su propia sección en la exposición, con 14 obras que cuentan las grandes transformaciones que sufrió su identidad y que se materializaron en la construcción de las murallas aurelianas o los cuarteles militares.

Bustos de ciudadanos y emperadores reinantes, objetos de espacios domésticos y retratos contribuyen a ilustrar cómo se vivió esta angustia, que se deja ver con mayor claridad en la sección dedicada a los ritos funerarios.

En ella también se aprecian 24 obras, entre sarcófagos, relieves y pinturas, que representan las tradiciones e innovaciones en relación con la muerte en una época de dificultad.

Estos problemas reales que llevaron al Imperio el concepto de crisis son los que, recordó Lo Monaco, condujeron también al desarrollo de la sociedad.

De hecho, el Imperio Romano sobrevivió más de mil años desde entonces, hasta 1453, fecha de la caída de Constantinopla, actual Estambul, un triunfo que los comisarios atribuyeron a una «buena aceptación de los cambios» por parte de la sociedad de entonces.

«La palabra crisis (…) demuestra que la historia del Imperio Romano es un ejemplo excelente del desarrollo de un pueblo desde que nace hasta que muere y que vivió a través de continuas crisis y cambios», sostuvieron los organizadores.

Una palabra que sigue vigente, «se ha convertido en permanente» y que llevó a los comisarios a recordar las palabras del papa Benedicto XVI en 2010, cuando refirió que «la crisis que vivimos es la fue vivió el Imperio Romano».

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