miércoles 7, diciembre 2022
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Super Bowl XLIX: Pasado, presente y futuro de la NFL se medirán por el trofeo Vince Lombardi

Por Daniel García Marco (dpa), Miami/Glendale, 1 feb (dpa-Elpaís.cr) – El duelo en la final del fútbol americano del domingo (5:30pm) entre New England Patriots y Seattle Seahawks refleja el pasado, el presente y el futuro de la NFL y se medirán con la consigna de adueñarse del trofeo Vince Lombardi en el esperado Super Bowl XLIX (49).

En el estadio de la Universidad de Phoenix, en Glendale (Arizona), los Patriots jugarán su sexta final en 14 años y buscarán su cuarto título y el primero desde 2005. Todo ello con el mariscal de campo, Tom Brady, de 37 años, y el técnico Bill Belichick como constantes. Los de Nueva Inglaterra son lo más cercano a una dinastía en los últimos 15 años en la NFL.

Enfrente estarán los Seahawks de Seattle, los actuales campeones y un equipo cuya juventud hace augurar que quizás sean ellos la medida de todas las cosas en el futuro cercano. Quieren ser los primeros en enlazar dos títulos desde que lo lograran precisamente los Patriots en 2004 y 2005.

«Para ser campeón hay que ganar al campeón y está ahí esperándonos», dijo Vince Wilfrok, jugador defensivo de los Patriots. «Somos los dos mejores equipos de este deporte», agregó.

Las diferencias entre ambas escuadras quedan reflejadas en sus mariscales. Si gana el domingo, Brady igualará el récord de cuatro Super Bowls de Joe Montana y Terry Bradshaw. Participar en el sexto de su carrera ya es un hito.

Pero las derrotas ante New York Giants en 2008 y 2012 aún están en la memoria de Brady. «Nunca lo superas», dijo esta semana en Glendale, cerca de Phoenix, escenario de la final.

«Sería fantástico para este equipo tratar de dejar un gran legado», dijo Brady, al que aún le queda fútbol por delante porque no da síntomas de envejecer, pero que sabe que su lugar en la historia dependerá de si puede igualar a Montana y Bradshaw.

Que ya sea el mariscal con más anotaciones y más yardas en la historia de los playoffs es secundario. Lo sabe Peyton Manning, uno de los mejores, pero con sólo un título.

Por su parte, Wilson, de 26 años y estandarte de unos Seahawks que destacan por su defensa, también busca sus propias marcas.

«Recuerdo ver a Brady», dijo Wilson sobre cómo veía ganar en televisión a su rival de mañana. El mariscal de Seattle sería el primero en ganar dos títulos en sus tres primeros años en la liga.

El juego de los dos equipos es reflejo también de sus líderes. Los Patriots son estratégicos y cerebrales como Brady; los Seahawks, con la mejor defensa de las dos últimas temporadas, son eléctricos y enérgicos como Wilson, de pequeña estatura pero siempre dispuesto a correr con la pelota.

El ovoide será precisamente objeto de especial atención tras el escándalo generado por el hecho de que las pelotas del partido que ganaron los Patriots ante Indianapolis Colts, y que les dio el pase a la final hace dos semanas estuvieran menos infladas de lo reglamentario.

La NFL mantiene la investigación abierta, y muchos creen que un eventual título de New England, no muy popular fuera de Boston, siempre estará marcado con un asterisco.

El año pasado, los Seahawks de Wilson aplastaron a los Denver Broncos de Manning por 43-8 en lo que fue visto como un recambio generacional. Brady y los Patriots defienden de nuevo la experiencia y la durabilidad del éxito durante 15 años, pero Seattle quiere establecerse como la dinastía del presente y del futuro.

Serán también fundamentales las conexiones que puedan hacer ambos mariscales con el ala cerrada Rob Growkowski y el corredor LaGarrett Blount, en el caso de Brady; y de los receptores abiertos Doug Baldwin y Jermaine Kearse, pero sobre todo al polémico, pero extraordinario corredor Marshawn Lynch, en el de Wilson.

Un partido que tiene todo para ser un gran espectáculo, como indica que de media en el mercado negro se estén pagando 8.000 dólares por una entrada que da acceso al moderno estadio de la Universidad de Phoenix.

También se espera -como cada año- un récord de audiencia superando los 111,5 millones de espectadores del año pasado.

A ello tratará de contribuir el tradicional espectáculo musical en el descanso de mitad de partido, protagonizado este año por Katy Perry, Lenny Kravitz y la aparición especial de Missy Elliott. Un atractivo para quien no esté interesado en un partido repleto de argumentos de interés sobre el césped.

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