jueves 27, enero 2022
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Conformismo irracional

El término conformismo es un término abstracto que se utiliza para hacer referencia a la actitud que un ser humano puede tener ante la vida y las diferentes situaciones que le tocan vivir día a día. La idea de conformismo proviene del adjetivo “conforme”. Estar conforme con algo significa aceptarlo y si bien cuando se usa este adjetivo se suele dar un sentido positivo a la persona, en el caso de conformismo esa aceptación se vuelve negativo en tanto y en cuanto la persona se caracteriza por aceptar todo aquello que le sucede independientemente de que eso sea negativo o positivo y no hacer nada para luchar en contra de lo que no le gusta o satisface.

El conformismo es en muchos sentidos una de las actitudes más comunes de nuestra época y esto tiene que ver con el tipo de sociedad en el que vivimos. La sociedad actual hace que sus miembros se vean inmersos en un complejo sistema de rutinas, exigencias, deberes y ocupaciones de los cuales es muy difícil librarse si uno quiere poder subsistir de la mejor manera posible. Así, ante la permanente necesidad de seguir las rutinas y mandatos sociales las personas tienden a mostrar actitudes más bien conformistas con su presente y su destino porque simplemente no tienen tiempo ni el poder suficiente para luchar contra aquello que no les satisface.

Muchas veces el conformismo también tiene que ver con el miedo o la inseguridad a perder el lugar social que uno ocupa, a no querer cambiar por encontrarse en un lugar seguro, a no buscar más triunfos o logros porque los que uno posee ya le alcanzan para llevar una vida más o menos normal.

En diferentes épocas el ser humano ha sabido rebelarse no sólo ante situaciones cotidianas si no también ante estructuras sociales, políticas y culturales, generando cambios tan profundos que la sociedad nunca volvió a ser igual. Un ejemplo claro de esto puede ser la Revolución Francesa, uno de los momentos históricos más cruciales para occidente ya que significó un cambio de paradigma no sólo político sino también social y cultural. En un momento como ese, el conformismo juega un muy pequeño o casi nulo lugar ya que las personas no conceden aceptar esa realidad y se muestran disconformes de diversas maneras.

Pues bien, en este país estamos ante una situación que demuestra la conformidad irracional de los ciudadanos, para beneplácito de quienes se benefician de esa indiferencia patológica que nos caracteriza.

Resulta, simplemente, que estamos acostumbrados a que, cuando subía el petróleo a nivel internacional, no solo localmente subía la gasolina, el diésel y el gas, sino el transporte urbano, los taxis, la electricidad, otros servicios públicos, y de remate, todos los alimentos que pudiéramos buenamente adquirir.

Así pues, llevamos ya varias semanas en que el petróleo ha ido bajando significativamente, y con un poco de retraso se ajustaron los precios de los combustibles, pero todos aquellos que se beneficiaron con las alzas mencionadas, calladitos, quietos, sin hacer el menor ruido, no vaya a ser que alguien por allí se despierte y denuncie la sinvergüencería de todos aquellos que debieron ajustar hacia abajo el transporte público, por ejemplo, y todo lo que la cadena de transporte implica para los productos de consumo diario.

Comprendo perfectamente la  voracidad de quienes se beneficiaron con los ajustes a la alza realizados por los gobiernos de turno, pero ¿no resulta medio irracional que ahora ese mismo gobierno no se preocupe de ajustar todo a la baja? ¿Y no resulta más irracional aun que los ciudadanos todos permanezcan impávidos, demostrando un conformismo absolutamente irracional?

En esta actitud de los ciudadanos todos radica en gran parte esa triste “forma de ser del costarricense”, indiferentes, apáticos, hasta el punto de dejarse expoliar sistemáticamente al punto de convertir este país en uno de los más caros de América Latina. Y que hacemos todos. Nada. Aguantar, no protestar, arreglárnosla como podamos.

Tampoco los partidos políticos de oposición o los que sin serlo no están en el gobierno, se pronuncia a favor de los ciudadanos y exigen acciones prontas y eficientes para ajustar hacia la baja todo lo que antes subía tan alegremente.

Ya es hora que las organizaciones sociales de base, esas que se vanaglorian de luchas y triunfos pequeños y egoístas, se levanten en una lucha frontal contra la injusticia, lo mismo que los sindicatos, que tanto pelean por obtener tantos beneficios gremiales, que se lancen a la calle a exigir la reducción delos precios de tanta cosa injustamente cobrada actualmente.

Este inconformismo irracional es el que nos tiene como estamos. Embrutecidos.

(*) Alfonso J. Palacios Echeverría

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