jueves 1, diciembre 2022
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Figueres/Arias, un sainete cómico

Los recientes movimientos al interior del Partido Liberación Nacional, en los cuales se eligió al expresidente José María Figueres Olsen como Presidente de dicha agrupación, dejó salir a la luz pública una serie de contrasentidos (visto desde fuera) y de absoluto sentido de la realidad interior (visto desde dentro). Y me explico.

En primer lugar, la feroz lucha entre dos tendencias internas: la comandada por Oscar Arias Sánchez, y la comandada por José María Figueres, perdiendo el primero uno a dos frente al segundo. En el caso del primero tratando de colocar un comodín que siempre le ha servido de mucho, en el caso del segundo presentándose a sí mismo como el único posible redentor de la agrupación, del regreso a los principios fundacionales, y del repudio a los que por sus actos llevaron al partido al despeñadero por el cual cayeron en las últimas elecciones.

Fíjense, eso sí, que no se menciona en el discurso de ninguno de los contendientes el repudio a el cáncer neoliberal que se apoderó del partido y su consecuente furia de latrocinio, corrupción desbocada, el tráfico de influencias y su inveterada costumbre de servirse con la cuchara grande.

Todos calladitos, esas cosas no se mencionan, porque todos están salpicados por los detritos de acciones anteriores y no existe detergente político alguno que pueda eliminar la pestilencia. Unos por comisiones pagadas para “ejercer influencia” sobre determinadas decisiones gubernamentales, otros por entregar el país a la voracidad neoliberal a través de Tratados de Libre Comercio, utilizando todos los medios inmorales que tuvieron a su alcance.

En segundo lugar, las declaraciones del tristísimo expresidente Arias, que lo único que muestran es su infinita soberbia, su frustración, y el no aceptar la realidad de que jugó, perdió, y jamás podrá volver a ejercer peso alguno, ni siquiera dentro de su propio partido. Sin embargo, se consuela al constatar que su socio, el Grupo Nación, le sigue dando importancia, y le llama “el premio nobel”, no sé si por respeto al dudoso título adquirido con artimañas, o en plan de broma sangrienta.

Finalmente, el descaro del mismo expresidente Figueres, que se presenta a sí mismo como limpio de toda mancha, pero del cual sabemos que goza de los novecientos mil dólares que recibió de comisión, en una jugada magistral que le salvó de terminar como los expresidentes Calderón y Rodríguez.

Esto les pasa a las agrupaciones, de cualquier índole, que se alejan de sus ideas y principios originarios, ya nadie cree en ellos. Espero que encuentren dentro de sus filas a un Papa Francisco, el sonriente y valiente jerarca de los católicos, pues de otra forma nadie les dará ni medio voto en las próximas elecciones. Ya sean las municipales (que serán una prueba para el actual gobierno, dicho sea de paso) o las presidenciales dentro de tres años.

Pero como estamos acostumbrados en este país a los sainetes cómicos que nos recetan los políticos un día sí y otro también, nadie presta mucha atención al último, este, de la hipocresía mas acendrada.

La política es un campo que se presta admirablemente a la hipocresía. No es el único, pero quizá sí sea el terreno en el que más se use.

Me explico iniciando con una definición de hipocresía en dos niveles. Todos tenemos una buena idea del hipócrita. Esa esa persona que busca dar una apariencia que no tiene, que persigue simular lo que no es. Hace esto con la intención de lograr algún objetivo de beneficio propio por medio del engaño a los demás. Ese es su rasgo natural, el engaño intencional.

Creo que es necesario distinguirlo del presumido, ese que también quiere dar una apariencia que no posee, pero que resulta inocente con respecto al hipócrita. Un presumido es más un vanidoso, un snob. El hipócrita es más profundo, más malévolo y torcido, alguien que busca no sólo aparentar sino engañar y mentir con esa apariencia.

Creo que esto es lo que merece una segunda opinión, la faceta del engaño del hipócrita. En la superficie, se entenderá rápidamente que el hipócrita busca engañar a los demás para de allí lograr un beneficio. Quiere hacer que los otros crean que posee alguna cualidad, la que sea, que en verdad no tiene. Es, al final de cuentas, un caso de fraude, de mentira. Pero hay mucho debajo de esa superficie de la hipocresía. Sí, todos entendemos que se trata de una mentira, de un engaño.

Pero hay otra posibilidad aún más aterradora. ¿Qué sucede si el hipócrita termina creyendo que es verdad lo que aparenta? Me refiero a eso de convencerse a sí mismo del engaño que hace a otros. Pongamos esto de manera sistemática. La hipocresía de primer grado es la que engaña a otros. La hipocresía de segundo grado es la que engaña a otros, pero también al mismo hipócrita, el que acaba creyendo cierta su mentira.

La hipocresía política cuando se une al cinismo, siempre apunta hacia una complicidad manifiesta, ordenada y sociológicamente concertada, que repercute directa o indirectamente, en una práctica beneficiosa y no benefactora hacia el común de la gente.

El cinismo político implica por lo demás, la exaltación indiscriminada de la improbidad, de la práctica maliciosa y del doblez moral. Ocurre muchas veces que el político hipócrita no alardea de su incorrección, sino que siempre tiende al ocultamiento y a la circunspección cuando están al frente de los micrófonos y las cámaras de Radio y TV.

En cambio el cínico politiquero, presume mucho de lo que sabe: que es un impostor arrogante y pendenciero. Cada día con mucha indignación y, lo que es peor, con mucha indiferencia, buena parte de la ciudadanía de este país, que viven al margen de los círculos clientelares del poder, el nepotismo, el tráfico de influencias, el amiguismo, la falsa información privilegiada que pulula alrededor de alcaldías, ministerios, instituciones del Estado etc. son testigos del cinismo ramplón con el cual actúan buena parte de los políticos tanto del gobierno como de la oposición.

El cinismo, la hipocresía, la desvergüenza, la desfachatez, el descaro, la impudicia son los ingredientes corrosivos en el accionar político y son parte de la escuela filosófica socrática. Cuando el cinismo se junta con la corrupción. Entonces el deterioro afecta el cuerpo y el alma de la República.

Muy poco son los políticos que, cuando son criticados por los medios de comunicación, censurados por el pueblo o investigados por la justicia, intentan engañarlos o confundirlos, utilizando con frecuencia sus terminales mediáticos, para señalar que las críticas, en realidad lo que buscan es perjudicarlos.

Bueno, aquí tenemos unos cuantos criterios que nos permitirían analizar el sainete cómico del que hablamos.

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3 COMENTARIOS

  1. Figueres y Arias son por mucho de lo mejor que tenemos en el pais como lideres politicos,a pesar de todos los errores que se les pueda achacar.
    Tienen no solo capacidad de dirigir sino conocimientos y conexiones mundiales que ayudan a CR a participar en el Mercado global.Ese Mercado global que nos permite traer empresas internacionales ( el tico es rentista )para ofrecer empleos y generar impuestos que son los que pagan el aparato estatal,sus pensiones y demas privilegios.
    Presidentes mediocres o populistas nos llevarian al pais a la ruina,como lo vemos cotidianamente en los vecinos.

    • oigan a este haragán….con esa mentalidad de esclavo , queriendo a esa clase de maleantes en el poder…con razón estamos como estamos

  2. Don Alfonso, felicitaciones por su artículo. Utsed siempre da en el blanco perfecto. Ese que explica es precisamente lo que son y representan los sujetos. Pero recuerde que los verdes r
    todavía se la creen e irán como ovejitas a las urnas a hacerle el juego a turista europeo. Muy atinado y relista su comentario Lic Palacios, lo felicito. – Gracias. Un ex alumno suyo que admira su catedra.

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