miércoles 25, mayo 2022
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La Cumbre de los pueblos de Lima lanza un desafío a la ONU

Lima ha sido el centro del mundo durante las dos primeras semanas del año 2015. En la capital  peruana tuvo lugar la XX Cumbre climática de la ONU (COP20). Los más altos representantes del mundo estuvieron presentes. También ONG’s y grupos de presión privados. El objetivo de la cumbre era preparar la cumbre de París 2015, en la cual los gobiernos del mundo tendrán que adoptar una plataforma colectiva de lucha contra el cambio climático

En paralelo, organizaciones sociales y ecologistas peruanas e internacionales se reunieron entre el 08 y el 11 de enero en una cumbre alternativa de los pueblos. No es la primera vez que se organizan eventos alternativos durante una cumbre internacional o una cumbre climática de la ONU. Desde hace muchos años, y en particular desde de la desastrosa cumbre de Copenhague en 2009, los movimientos sociales y ecologistas han disentido de las cumbres oficiales, y denunciado la omnipresencia de los grupos de intereses privados.

El 10 de diciembre, se realizó una gran marcha llamada “Marcha de los Pueblos”. Más de 30 000 personas se manifestaron en las calles de Lima. Una demostración de poder realmente impresionante sin precedentes en la historia de las marchas por el cambio climático en América latina. La gran marcha terminó en la plaza San Martín, con un gran mitin de clausura y la participación de líderes sociales, indigenistas y ecologistas de América latina, y del mundo.

La Cumbre de los pueblos ocupó el Parque de la Exposición, en el centro de Lima, como sitio de encuentro principal. Allí se organizaron durante 4 días seguidos varias conferencias, exposiciones, charlas y debates. Gran parte del tiempo lo ocupó la redacción de la “declaración final de la cumbre de los pueblos» que los organizadores entregaron al ministro peruano del medio ambiente, Manuel Pulgar Vidal, y al secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon.

¿Lograron los organizadores cumplir con sus objetivos e influenciar en las negociaciones climáticas con el tema “Cambiemos el sistema, no el clima”?

A leer la resolución final de la COP 20, se ve que los objetivos no han sido cumplidos. Pero ese no era el objetivo principal. El funcionamiento de las cumbres climáticas ya es conocido. Es muy poco probable que organizaciones puedan influenciarla desde afuera.

Al parecer, el objetivo de la Cumbre de los pueblos de Lima era forjar un espacio político de escala continental para que sumados a la agenda de los países latino-americanos se planteara la urgencia de tomar en cuenta los problemas ecológicos y de cambio climático en sus políticas, principalmente en lo que corresponde al tema del extractivismo, y del modelo económico dominante en América latina, el modelo primario exportador.

El otro objetivo de los organizadores, en su mayoría peruanos, era de tener peso en la política nacional. O sea, aprovecharse de la cumbre COP 20 para crear un evento de nivel internacional y llamar la atención de los propios peruanos sobre la situación de su país. Ya que durante esas dos semanas, todos los medios de comunicación tuvieron que hablar de la COP 20 y de los desafíos climáticos para la comunidad internacional, pero muy poco de los desafíos nacionales. Eso se pudo notar con la presencia activa de muchas organizaciones indígenas o campesinas peruanas.

En este sentido, el Perú es un país con muchas contradicciones. Es uno de los países con mayor biodiversidad en el mundo, debido a la variedad de pisos ecológicos en su costa, sierra y selva. Los peruanos están orgullosos de la diversidad cultural y ecológica de su país, y les gusta recordar los trabajos de Antonio Brack sobre esa gran diversidad. Pero esas contradicciones y problemáticas son flagrantes en el desarrollo de múltiples conflictos socio-ambientales, que representan el 70% de los conflictos sociales en el país. Entre ellos, el de Cajamarca, sobre del proyecto minero Conga (4 muertos en el 2012), o el conflicto de Bagua en el 2009 (34 muertos). Otro motivo de preocupación según la ONG Global Witness, es que el Perú es el cuarto país más peligroso del mundo para los defensores del medio ambiente.

En este contexto, lograr reunir 30 000 personas en las calles limeñas ha sido un éxito. La fuerza de esta movilización obligó a muchos de los medios de comunicación a hablar, al menos un poco, de la cumbre de los pueblos y de las reivindicaciones de los organizadores. El evento no fue solamente nacional, sino continental e internacional. Al final, los organizadores de la Cumbre de Lima entregaron a los representantes franceses de Alternatiba una bolsa con productos agrícolas típicos de cada región del Perú. Alternatiba es el movimiento que impulsa la organización de una cumbre similar en París por la COP 21 en diciembre del 2015. Dichos productos son el símbolo de la necesaria continuidad que debe haber entre la cumbre de Lima y la de Paris, y de la unidad de todas las sociedades humanas frente al desafío climático.

Al margen de lo que ocurra en París, y en los cambios que observemos en la vida política peruana y latinoamericana, podremos decir si la Cumbre de los pueblos de Lima fue un éxito. Sin esperar lo vendrá, ya podemos afirmar que esta Cumbre conquistó un verdadero espacio político de movimientos y organizaciones sociales diversas.

(*) Arthur MORENAS, estudiante de Maestría en el Instituto de Estudios Políticos de Estrasburgo, Francia.

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