sábado 4, diciembre 2021
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Del niño al artista: España descubre el «primer Picasso»

«Mujer reclinada en diván» del artista español Pablo Picasso. Foto EFE.

La Coruña, 19 feb (dpa) – Pablo Picasso era todavía un niño cuando expuso por primera vez parte de su obra, un par de retratos, en un comercio de una céntrica calle de La Coruña, ciudad del noroeste de España en la que vivió de los 9 a los 13 años.

Fue el 20 de febrero de 1894. Para conmemorar el 120 aniversario de aquella fecha, el Museo de Bellas Artes de la ciudad gallega recopila ahora 81 obras del autor del «Guernica», muchas de ellas pintadas en aquella etapa, una de las más desconocidas de su trayectoria.

«En esos tres años y medio, el niño se convierte en artista. Empieza como alumno y acaba siendo mejor que el maestro», explica a dpa Malén Gual, comisaria de la exposición que lleva como título «El primer Picasso. A Coruña 2015» y que inauguran hoy por los reyes de España.

Entre las obras expuestas destacan algunas prestadas por los museos Picasso de París, Barcelona o Málaga, como «La muchacha de los pies descalzos», la más importante que el artista pintó en La Coruña, o «Hombre con gorra», que fue exhibida en aquellos años en una tienda de paraguas.

También «Torre de Hércules», «Perfil de mujer gallega» y «Aldeanos gallegos», todas muy relacionadas con el entorno en el que se movía el joven en aquella ciudad de costa, a menudo nublada y muy diferente a su Málaga natal.

Picasso (1881-1973) llegó a ella en 1891 acompañado de sus padres y sus dos hermanas. Su progenitor, profesor, decidió trasladarse allí con toda la familia para dar clases de dibujo en la Escuela de Bellas Artes, motivado por un mejor sueldo.

En La Coruña, el pequeño Picasso recibió formación académica por primera vez, trabajó bajo la protección de su primer mecenas y tuvo su primer contacto con la muerte, la de su hermana Conchita.

A los 12 años ingresó en la Escuela de Bellas Artes, en la que se encontró con dos profesores que le influyeron especialmente: Román Navarro e Isidoro Brocos, rompedor en sus conceptos académicos.

De esta etapa son los dibujos que ahora se muestran en La Coruña, por primera vez junto a los modelos en los que Picasso se inspiraba, así como el retrato -de perfil- que el joven artista hizo de su padre en 1895, uno de los tantos que pintó aquel año de familiares, amigos y tipos costumbristas.

«Sus retratos demuestran la madurez del artista. De un artista de 13 años», destaca Gual. «Entre los 10 y los 11 años, sus dibujos son todavía muy infantiles, pero a partir de los 12 ya se aprecia que es un dibujante excelente, un caricaturista mordaz, un excelente paisajista y sobre todo una persona que sabe captar la psicología humana».

La crítica apreció su talento y lo expresó en la prensa: «No cabe duda de que tiene un futuro brillante y glorioso por delante», escribió entonces el crítico del diario regional «La Voz de Galicia», quien destacaba en su texto «la valentía y soltura» con que estaban ejecutadas sus obras.

Ahora, la exposición que descubre al «primer Picasso» exhibe algunas de esas piezas -y otras posteriores relacionadas con La Coruña- y las pone en contexto con más de un centenar firmadas por otros artistas, muchos de ellos de la época.

Al igual que retrataba a sus allegados, el niño Picasso acostumbraba a pintar los paisajes que observaba al callejear por los alrededores de la ciudad.

En sus paseos no faltaba la calle Real, donde los comerciantes gallegos acostumbraban a decorar sus escaparates con pinturas y donde él mismo expuso por primera vez. «Es un matiz muy importante ya que Picasso tiene la oportunidad de ver arte en la calle cada día, sin tener que entrar en un museo o en una galería», detalla la comisaria de la exposición.

Pero no solo los paisajes del norte de España marcaron a Picasso. También las personas con las que se encontró entonces, especialmente el doctor Ramón Pérez Costales, quien fue ministro de la Primera República en España (1873-1874) y se convirtió en su primer mecenas.

En septiembre de 1895, unos meses después de la muerte de su hermana, Picasso y su familia se marcharon a Barcelona, donde el padre obtuvo una cátedra en la Escuela de Bellas Artes y donde el pequeño artista siguió formándose.

«Desde niño pintaba como Rafael, pero me llevó toda una vida aprender a dibujar como un niño», llegó a decir décadas después.

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