domingo 5, diciembre 2021
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EI destruye un patrimonio único en oleada destructiva irrefrenable

Bagdad, 6 mar (dpa) – La ciudad asiria de Nimrud ha vivido a lo largo de los siglos muchos tiempos convulsos: la metrópolis del Antiguo Oriente en lo que hoy se conoce como el norte de Irak, fue en su momento el centro de un reino cuya extensión llegó hasta el Mediterráneo.

Se construyeron suntuosos palacios decorados con imponentes figuras en la entrada, de toros alados con cabezas humanas. De todo ello hace ahora casi 3.000 años. Muchas de aquellas figuras han sobrevivido hasta ahora a pesar de las numerosas guerras y catástrofes, pero ese patrimonio único corre ahora el peligro de desaparecer para siempre.

Miembros de la milicia terrorista Estado Islámico han dado rienda suelta a su ira destructiva. Entraron a las ruinas de Nimrud con maquinaria pesada, según señaló el Ministerio iraquí de Bienes Antiguos. En esta ocasión no se han difundido las imágenes de ese «crimen de guerra», como lo califica la Unesco. Pero existen pocas dudas de que la noticia sea falsa.

El ímpetu destructivo de EI no se detiene ni ante las personas ni ante bienes culturales. Los extremistas sunitas acaban con todo lo que contradiga su ideología, desde las mezquitas chiitas hasta las iglesias cristianas o lugares históricos del Antiguo Oriente. Y además procuran que el mundo conozca sus barbaridades grabando videos y difundiéndolos por Internet.

Hace una semana subió a la red unas imágenes que no sólo espeluznaron a los expertos. Con martillos pesados los yihadistas destruyeron estatuas asirias y, según los expertos, muchas de ellas eran originales. Las estatuas eran un símbolo del politeísmo, señala uno de los seguidores de EI en el video. También el profeta Mahoma destruyó imágenes de ídolos, añade.

La consternación por estas actuaciones es enorme. Están cometiendo un «genocidio cultural», afirma el escritor iraquí Riad Abdul Karim en declaraciones a un diario de Bagdad. «Primero destruyeron a las personas y ahora destruyen el legado humano», dijo. El director del director del Museo del Antiguo Oriente Próximo de Berlín, Markus Hilgert, concluyó: «La destrucción de Nimrud es una catástrofe para el patrimonio cultural de la humanidad».

En Irak existen todavía decenas de miles de lugares arqueológicos que han tenido que pasar de todo a lo largo de los siglos. Desde la sangrienta guerra con Irán en los 80, Irak prácticamente se han ido encadenado guerras, crisis y sanciones. Y estos lugares arqueológicos están expuestos e indefensos a todo ello.

También en la vecina Siria se vive una catástrofe similar. La guerra civil iniciada hace cuatro años ha supuesto un duro golpe para los centros históricas. Las granadas y las bombas han destruido lugares únicos como la ciudad vieja de Alepo, en el norte. Y lo que escapa a la guerra, cae en manos de los saqueadores. La milicia Estado Islámico ha hecho del contrabando de antigüedades una de sus fuentes de financiación. En vista de la destrucción, el orientalista Hilgert advierte: «Si no se hace nada, el patrimonio cultural único de Irak y también en Siria desaparecerá en diez o 15 años».

¿Pero qué se puede hacer? El gobierno de Bagdad está desamparado. Grandes territorios en el norte y el oeste del país están bajo control de EI, entre otros la ciudad desértica de Hatra, que forma parte del Patrimonio Cultural de la Unesco. Para los arqueólogos es imposible el acceso a los yacimientos arqueológicos en áreas bajo dominio de EI.

El gobierno de Irak reaccionó de forma simbólica. Tras las primeras destrucciones de estatuas en Mosul, se reinauguró el pasado fin de semana el Museo Nacional en Bagdad, tras 12 años cerrado.

El primer ministro Haidar al Abadi prometió castigar a los autores de la destrucción de las estatuas. Promesa que difícilmente se materializará. Y aun cuando los autores vayan a ser capturados algún día, el daño en las estatuas es ya irreparable.

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